Barcelona amenaza la reválida de Zapatero

Tres letras que pueden hacer perder dos diputados preciosos

España · Fernando de Haro
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4 marzo 2008
Se la esperaba con interés, después de haber guardado días de silencio calculado y tras haber dejado hablar a sus compañeros de Gobierno y de partido.

María Teresa Fernández de la Vega ha demostrado que el Ejecutivo sigue empeñado en atacar a la Iglesia y en extender sus críticas a la celebración del pasado 30 de diciembre. Ha sido el último miembro del Gobierno en pronunciarse, sólo un día después de que Zapatero, con elevadas dosis de ironía, haya vuelto a sugerir que la Iglesia no debe pronunciarse sobre regulaciones que van en contra de la familia natural, "el lugar primario de humanización de la persona y de la sociedad, la cuna de la vida y del amor", como este jueves volvió a recordar el Papa Benedicto XVI.

Decía De la Vega que el Gobierno no va a aceptar tutelas morales y pedía que la Iglesia no se inmiscuya en el ámbito propio de la autonomía del poder político. ¿De qué respeto hablan los representantes del Ejecutivo si toda su reacción proviene de la falta de lectura y de la reducción a grandes titulares de lo que se dijo en el encuentro? La ideología les impide medirse realmente con quienes piensan que la concepción del hombre y de las relaciones humanas que impulsa el Gobierno se alejan de la plenitud a la que están llamadas ¿Por qué se pide guardar silencio a quienes ven que las legislaciones que se han emprendido estos cuatro años no se corresponden con la naturaleza del hombre?

Sólo el testimonio podrá evidenciar que lo que se expuso el 30 de diciembre es una experiencia que se brinda al mundo de hoy, también a quienes bajo el paraguas del respeto tratan de imponer una mentalidad relativista que ataca las certezas sobre el bien común. Como recordaba Luigi Giussani en su artículo Democrazia (1995), en nombre de un falso pluralismo se tiende a identificar como democrático al relativista. Y por tanto, se tacha como antidemocrático a cualquiera que afirme algo absoluto. "Se podrá observar fácilmente que la primera característica que se le niega al cristiano en nombre de esta falsa democracia es su presencia comunitaria en la sociedad: se tachará de cerrazón, de integrismo o de intento de dictadura clerical -¿les suena?- toda manifestación del hecho esencial que hace que el cristiano viva y actúe en comunión y obediencia y, por tanto, como comunidad jerárquica".

Se la esperaba con interés, después de haber guardado días de silenciocalculado y tras haber dejado hablar a sus compañeros de Gobierno y departido.Se la esperaba con interés, después de haber guardado días de silenciocalculado y tras haber dejado hablar a sus compañeros de Gobierno y departido.

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