El debate de Cataluña en el Congreso

Tres fotos de Husserl

España · Francisco Pou
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10 abril 2014
Hacía años que no había debates tan sólidos en el Congreso de los Diputados como el del pasado martes. O, por lo menos, “respuestas”. Quería proponer tres instantáneas tomadas desde un empeño de totalidad para entender la complejidad.

Hacía años que no había debates tan sólidos en el Congreso de los Diputados como el del pasado martes. O, por lo menos, “respuestas”. Quería proponer tres instantáneas tomadas desde un empeño de totalidad para entender la complejidad.

La primera, Rubalcaba. “Somos socialistas, no nacionalistas”. El PSC está sufriendo en Cataluña, literalmente, hasta en el carné de identidad. Porque Rubalcaba pone encima de la mesa, y eso le honra, una definición de identidad. Y la falta de identidad, la incongruencia, está acabando con el Partido Socialista en Cataluña, deshecho en bandos “históricos”, “auténticos”, “oficialistas”, “locales” y más.

Le honra a Rubalcaba hablar de la propuesta del socialismo, por encima de la táctica de las estructuras regionales de partidos. El socialismo busca igualdad. Su ADN es transnacional. El socialismo marxista se explicaba en ruso. El socialismo en el siglo XXI habla de Gramsci: una cultura de ideología fundamentada en la igualdad que emana de un Estado fuerte que la construye y la fomenta con la cultura. Una ideología diametralmente opuesta al nacionalismo, que se fundamenta en la constitución de diferencias de identidades que agreden. Y le honra a Rubalcaba hablar de “buscar la casa común” para la convivencia de todos, y que todos hemos construido, especialmente los catalanes, con una afluencia record para aprobar la Constitución del 78. Una casa que admite reformas. Entre todos. Rubalcaba hablaba de paz.

Rajoy hablaba de justicia. Segunda instantánea. Ciertamente no puede haber paz si no hay justicia. No es “al revés”. Y no es justo que una parte decida algo que es soberanía del todo. Esa parte (parte en sentido territorial) dio a ese todo la soberanía. Y la Constitución que hicimos todos pone frenos

Los dos hablaron de “verdades y mentiras” sobre los eslóganes de “España nos roba”, “La lengua catalana es una lengua oprimida”. Y los dos reconocieron que junto a todas estas verdades y principios jurídicos ciertos hay otra verdad; que tenemos un problema.

La fenomenología política como método

Aquí radica, a mi juicio, el cansino desencuentro de “la cuestión catalana”. La ideología socialista rebate el nacionalismo oponiendo su proyecto de igualdad.

La ideología neoliberal-conservadora rebate el nacionalismo (más en concreto para ellos el “soberanismo”, que coinciden pero no es lo mismo) con principios jurídicos legitimados con Historia. Y los nacionalistas hablan de “sentimientos” o, mejor, de actitudes que provienen de “sentimientos”. Cierto que esos “sentimientos” pueden estar provocados por resortes de comunicación controlados con agenda. Pero existen y provocan sentimientos “reales”, fenómenos reales que existen. “Madrid, tenemos un problema”. Es incuestionable. No hablamos de razón (justicia) ni de paz (convivencia pacífica), sino de demanda social, en un número apreciable que quiere mostrarse “mayoría”.

Este hecho existe, es un fenómeno que, si queremos analizar la realidad, no puede obviarse utilizando “solo” el empirismo jurídico (Rajoy) o el imperativo ideológico (Rubalcaba). La fenomenología política –Husserl abre la dimensión política de esa actitud cognoscitiva– exige, valga la redundancia, ser fenomenológico. El punto de partida es “la razón despierta”. Y observa la realidad global, en la que los sentimientos son realidades, y por lo tanto, objeto de la política, porque forman parte de la realidad convivencial. El amor y el odio, la pasión son realidades que protagonizan criterios del legislador del código penal, por ejemplo.

¿Quebec? ¿Dónde está Quebec?

Para el nacionalista, Quebec ya no existe, porque se ha hundido hasta el suelo el movimiento independentista. No se hablaba más que de Quebec hace tres años, y cada vez se habla menos de Escocia a medida que los unionistas aparecen como ganadores en las encuestas. Son datos empíricos (lo que sucede alrededor) que “matan” el sentimiento o la ilusión del independentista con su sueño. Y los sueños legítimos son.

Lo que ocurre es que son lenguajes distintos: Ideología, Razón y Sueños, que hablan de cómo remodelar la casa común que los unía en convivencia. La fenomenología trascendental de Husserl descubriría métodos, intencionalidades y distinciones de “las partes y el todo” diversas y tres métodos incompletos. Y una realidad que no pasa desapercibida. Tercera instantánea: hay bastantes esteladas en los balcones de Barcelona. Pero hay muchos más carteles de “Se vende o se alquila” en viviendas y antiguos negocios que lo único que tienen ahora es polvo de años. Hace años que en Cataluña no miramos la realidad, y hace años que muchos no quieren ver que todos, todos, tenemos un problema en España. Con solución entre todos.

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