Todos somos responsables. Todos somos la solución

Sociedad · FpA
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3 febrero 2022
Por su interés, publicamos el manifiesto de la asociación Familias para la Acogida ante los hechos que están saliendo a la luz relacionados con la explotación sexual de menores tuteladas en diferentes comunidades autónomas.

La Asociación Familias para la Acogida se une a la reclamación de implementar una revisión urgente y pro­funda de nuestros sistemas de protección que haga posible el derecho de todos los niños/niñas/adolescentes (Nna´s) a crecer en el seno de una familia, en un ambiente de felicidad, amor y comprensión. Es necesario un pacto de estado por la desinstitucionalización de la infancia protegida.

Pero, ¿es posible ofrecer a estas menores el abrazo que necesitan? ¿existe esa familia que abra su hogar a menores que arrastran situaciones de adversidad por maltrato, negligencia, abandono, etc?

Desde nuestra experiencia de más de 20 años podemos afirmar que sí. Como todo cambio que pretenda ser estructural requiere partir de cada uno de nosotros, de la relación con uno mismo y con los demás.

En primer lugar es necesario ponerse, en primera persona, delante de la necesidad del otro. Un método ori­ginal, como original es cada uno de los 17.000 Nna´s que crecen en centros en nuestro país. Las familias de aco­gida y amigos que formamos parte de la Asociación experimentamos un profundo dolor ante el hecho de que estas adolescentes no hayan podido disfrutar del abrazo de una familia. Se nos dirá que estaban muy dañadas y que esto no hubiera sido ya posible pero no dudamos de que querrían haber sido miradas con la preferencia con la que los padres miramos a nuestros hijos. Es evidente que haber sido cuidadas (alimentadas, vestidas, asistidas psicológica o psiquiátricamente, incluso educadas) no parece haber sido suficiente para su bienestar. Los seres humanos necesitamos sabernos queridos hasta el fondo, necesitamos pertenecer y ser mirados y esperados y que haya alguien que no pare de buscarnos hasta encontrarnos cuando es preciso.

En segundo lugar es necesario compartir su necesidad con la conciencia de que el otro, ese Nna´s en situa­ción de desamparo, es un bien en sí mismo y por tanto, también es un bien para su propia familia biológica, sus educadores, sus amigos, sus padres de acogida, sus hermanos de acogida, etc…. Por ello podemos afirmar, con todas las dificultades que comporta, que acoger es un bien para todos. Nuestra experiencia es que la acogida cambia el corazón, hace experimentar una mirada sobre las personas que no nace de un proyecto nuestro, sino de compartir con ellas el bien que son, el deseo de infinito que las constituye.

Invitamos a toda la sociedad a que “el acogimiento familiar” se expanda, incluso con fórmulas más flexibles de apoyo como el mentoring, el voluntariado o los acogimientos parciales (de fines de semana o vacaciones, etc.). Es preciso trabajar todos juntos para que haya más difusión, más labor preventiva para evitar separaciones de los niños de sus familias de origen y más reunificaciónes. Nosotros estamos agradecidos a estos niños heridos que nos han permitido hacer de su mano un camino precioso y único. Ellos cargan con el dolor de no poder es­tar junto a su familia de origen y aun así intentan abrirse a que suceda algo bueno. Y muchas de sus familias de origen no desisten y acuden conmovedoramente a las visitas sin rendirse. Todos ellos merecen que apostemos por esta bella aventura donde hay mucho trabajo pendiente.

El problema no es si el sistema tiene centros concertados además de los públicos. Lo que hay que conse­guir es que cada vez hagan falta menos centros y que en ellos los niños puedan sentir que son valiosos para alguien. Las comunidades de tipo familiar que han proliferado en Europa como alternativa a los grandes siste­mas residenciales son mayoritariamente concertadas y es opinión común de los expertos la conveniencia de que convivan diferentes modelos.

Sería interesante preguntar a los propios adolescentes, de los distintos tipos de centros, qué posición les parece más profesional por parte de quienes los cuidan, la de aquellos que respetan su libertad no metiéndose en su vida “dejándoles a su suerte” (palabras textuales de un extutelado) o la de aquellos que van a buscarles a altas horas de la madrugada a las plazas donde hacen los botellones al ver que no regresan al centro. Los padres hacemos lo segundo y estos niños no merecen menos.

Animamos a toda la sociedad a luchar por estos niños: todos somos responsables, todos somos la solución.

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