Todo sigue igual

Cultura · Jon González
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8 octubre 2012
Tras varias semanas de un bombardeo indiscriminado denoticias, análisis y predicciones, por fin ayer se jugó el derbi por excelenciadel fútbol español (permítanme que no lo llame clásico para no ser cómplice dela redundancia sufrida por esta palabra durante estos días).

Lo mejor de que empiece el partido es, amén de juntarse conlos amigos para verlo, que se dejan atrás batallas políticas originadas por losoportunistas que usan la imagen de un club para promocionar sus ideologías,debates sobre el Balón de Oro o  lassupuestas malas relaciones entre futbolistas y se da paso a aquello de lo quese trata: un partido de fútbol.

Aunque fútbol hubo poco y sí mucha emoción durante losprimeros cuarenta y cinco minutos. Salieron los dos equipos con mucho respetoal terreno de juego. Tito Vilanova sorprendió a propios y extraños alineando deinicio a Adriano de central como compañero del jefecito Mascherano, buscando velocidad y buena salida del balónpara suplir las ausencias de Piqué y Puyol. El entrenador azulgrana esperabaque el Real Madrid saliera a presionar con intensidad y muy arriba, tal y comohabía hecho en el partido de vuelta de la Supercopa de España y se decantó porel chicoparatodo brasileño dejando enel banquillo a un Song que no ofreció buenas prestaciones en el partido deSevilla jugando en esa posición. Sin embargo, el Madrid no presionó arriba. Escurioso, puesto que cuando ha puesto en verdaderos apuros al BarÇa duranteestos años es cuando ha ido a quitarle el balón en su propio campo.

Tras estos minutos de tanteo, llegó el primer golmadridista. Cristiano batió por bajo a Valdés con un fuerte disparo colocado alpalo del portero azulgrana. La celebración fue una reedición de la del partidoen el Camp Nou de la liga pasada: mirada desafiante al público diciéndoles algoasí como "tranquilos, que aquí estoy yo". El Madrid dominaba plácidamente elpartido. Echó el cerrojo al centro del campo del Barcelona y Ramos y Pepeapenas tenían trabajo, si bien este último se dedicaba a hacer horas extrascomo consejero del colegiado Delgado Ferreiro en cualquier jugada con un mínimode polémica. El árbitro vasco estuvo bien, correcto en la no señalización delos penaltis que pidieron ambos equipos. Benzema, al palo, y Di María, en elrechace posterior, estuvieron a punto de ampliar la ventaja para el Madrid. ElBarcelona, por su parte, se limitó a tirar una vez a puerta en la primeraparte. No le hizo falta más. Messi aprovechó una rocambolesca serie dedespropósitos en forma de despejes dentro del área merengue para batir aCasillas. El argentino apenas apareció en el primer tiempo. Se le vio perdidoen el medio campo bajando en demasiadas ocasiones a recibir, algo curiosocuando ahí juegan Xavi, Iniesta o Cesc. Leo se mostraba estático y apático y esofavorecía al Madrid. Podría haber sido una alternativa colocarle de extremo para descongestionar el centro y dar más libertad a los jugones, pero tanto Alba como, sobretodo, Pedro, estaban siendo muy incisivos por las bandas.

Tras el descanso, el BarÇa salió más enchufado. No sabemossi Olazábal envío a Tito el vídeo motivacional que le había prestado Guardiolapara la Ryder, pero lo cierto es que los azulgranas salieron con másagresividad buscando el desempate. A los 60 minutos, Messi batió a un Casillasque volvió a encajar un gol de falta directa. No estuvo afortunado el capitánen ese lance, encogiendo el brazo a la hora de tirarse. Estallaba de júbilo laafición culé, celebrando que su equipo aumentaba su ventaja frente a losblancos. Transcurridos tan sólo cinco minutos después del gol del BarÇa,Busquets fallaba un pase y Özil aprovechaba para tirar un pase de libro a Cristiano(que empieza a tomarle el pulso al Camp Nou) dejándolo solo frente a Valdés,quien no llegó a atajar el disparo del crack portugués. Fue entonces cuandollegó la reacción del Barcelona. Ya con más espacios, buscó el tercer golinsistentemente con la velocidad de Alexis y Pedro y con las combinacionesentre Iniesta y Messi. Y a punto estuvo de conseguirlo: Montoya, que habíasalido por Alves en el primer tiempo debido a unas molestias de éste y que rindióa buen nivel, finalizó una jugada de ensueño del Barcelona enviando el balón allarguero. También la tendría en sus pies Pedro en el descuento, pero se le fuepor muy poco después de haberse aprovechado de un pasé milimétrico de Iniesta. ElBarcelona había vuelto a hacer lo que mejor sabe: dar fluidez a la circulacióndel balón, presionar arriba y buscar la espalda de los centrales con losextremos. El Madrid, por su parte, que estuvo muy bien ordenado en defensa,buscó el contragolpe con la vehemencia a la que nos tiene acostumbrados, peroel marcador ya no se movería del empate a dos.

"Todo sigue igual", decía Busquets al término del encuentro.Razón no le falta. No solo porque los dos equipos siguen a la misma distanciade puntos  sino porque hoy se volverá ahablar de las manifestaciones independentistas, de si es Messi o CristianoRonaldo quien merece más el Balón Oro, el arbitraje volverá a ser puesto entela de juicio, y todo el resto de componentes de la parafernalia mediática querodea a un partido de esta índole.

Afortunadamente, la grandeza del fútbol no está en nada deeso, sino en cómo nos hace vibrar, como ayer. Eso también seguirá siendo igual.

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