Tocar al otro con la mirada

España · Juan Orellana
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30 octubre 2014
La delicadeza es una forma de relacionarse, ciertamente poco promocionada, que consiste en tratar al otro como si de un objeto frágil se tratara. Es lo contrario de la invasión grosera, de la pretensión desconsiderada, de la presión exigente… Actualmente, en aras de un naturalismo que exalta la espontaneidad frente a las formas, ha caído en descredito la delicadeza, y especialmente entre hombre y mujer.

La delicadeza es una forma de relacionarse, ciertamente poco promocionada, que consiste en tratar al otro como si de un objeto frágil se tratara. Es lo contrario de la invasión grosera, de la pretensión desconsiderada, de la presión exigente… Actualmente, en aras de un naturalismo que exalta la espontaneidad frente a las formas, ha caído en descredito la delicadeza, y especialmente entre hombre y mujer.

Las generaciones más jóvenes ya no entienden los códigos de la delicadeza, que se les antojan frikis, obsoletos, e incluso alguno los puede considerar restos anacrónicos de un rancio machismo. Quienes piensan así tendrán dificultades para pillarle la gracia a la película Loreak, de José María Goenaga y Jon Garaño, una cinta cuyo suspense argumental se enraíza en la delicadeza: una mujer recibe flores de un admirador anónimo todas las semanas. De ahí arrancan las tres subtramas que nos hablan de los sentimientos silenciosos de las personas, esos que solo deben aflorar ataviados de delicadeza.

La trama de Ane (Nagore Aramburu), esa mujer que recupera la sonrisa al sentirse estimada por un anónimo pero delicado amigo; la trama de Lourdes (Itziar Ituño), una joven viuda que en silencio piensa que no supo mirar a su marido como realmente necesitaba; la trama de Tere (Itziar Aizpuru), una mujer secuestrada por sus propios prejuicios y rencores pero que desearía ser liberada. Tres mujeres cuyas vidas se cruzan, se tocan y se cambian por el detonante de un gesto de delicadeza: regalar un ramo de flores. Flores que no son más que la prolongación de una mirada delicada.

Loreak es una película preciosista en la planificación e iluminación, sutil e inteligente en la dirección de actores y, como no podía ser de otra forma, delicada en el tempo dramático de cien minutos que nos empapan sin que nos demos cuenta. Es como un thriller emocional en el que no se busca al que mata sino al que ama, en el que no hay víctimas sino amadas; un thriller cuyo delito es amar en silencio.

Si el argumento nos recuerda la famosa canción de Cecilia, Un ramito de violetas, también nos evoca el delicado romance anónimo de El bazar de las sorpresas, del gran maestro Ernst Lubitch (1940), y que conoció un remake en Tienes un email (Nora Ephron, 1998). La cinta ha sido bien acogida en el Festival de San Sebastián, y se ha proyectado en los festivales de Tokio, Londres y Zurich. Una significativa aportación del cine español.

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