Tetro

Cultura · Víctor Alvarado
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8 julio 2009
El guionista, productor y director de Tetro, Francis Ford Coppola, nos ofrece un trabajo intermedio entre sus obras más importantes como El Padrino (1972) o Cotton Club (1984) y la decepcionante Peggy Sue se casó (1986) o la hipervalorada y soporífera, aunque suene políticamente incorrecto, Apocalipsis Now(1979).

Las interpretaciones son magníficas, en especial Alden Ehrenreich, que aparece como un chico inocente que quiere saber cuál fue la razón de que su idolatrado hermano le abandonara y que viene con la intención de reconciliarse con él. Como dato curioso, llama la atención el asombroso parecido de este actor con Leonardo DiCaprio. Por otra parte, Maribel Verdú aparece tan encantadora como siempre. Es el nexo de unión entre los dos hermanos. La protagonista se encarga de mantener viva la tambaleante relación de una familia que parece que comienza a resurgir. Su candor, su complicidad y su comprensión resultan imprescindibles.

En cuanto a la realización, habría que decir que la obra en cuestión tiene partes del propio realizador de Detroit, aunque no es un film autobiográfico. El director trata de explicar lo que ocurre o puede llegar a suceder en una familia cuando existen varios artistas que rivalizan entre ellos. Por tanto, explica las tensiones que generan y las injusticias que se pueden cometer cuando se altera el orden de la escala de valores. Por otro lado, la relación de los hermanos Tetrocini, Bennie y Angelo expresa la posibilidad o no de reconciliación, puesto que la comunicación lleva rota varios años con  motivo de un misterioso suceso. En definitiva y por esa razón, su historia habla de la dificultad para cerrar heridas provocadas dentro de la familia.

Y es que para Coppola la familia ocupa un lugar privilegiado en su vida. Para este cineasta el amor entre los miembros de una familia resulta muy necesario para defenderse en el mundo que les toca vivir.

Cambiando de tema, la virtud del cineasta se encuentra en transformar una pequeña historia para convertirlo en un producto llamativo, que ha suscitado críticas  antagónicas. Sobre todo destacamos el modo en el que se van desvelando los secretos de la familia, provocando situaciones de alto componente dramático. Además, demuestra gran habilidad para introducir diminutas dosis de humor, muy necesarias en este tipo de largometrajes.

Sin embargo, esta película no sólo posee cualidades, sino también defectos, como el abusivo metraje de la cinta. Este exceso puede deberse a la cantidad de elementos de artificio que rodean a la historia, que no aportan nada interesante al grueso de la película y que alargan innecesariamente esta obra del celuloide.

Finalmente, nos quedamos con la anécdota del robo de un ordenador portátil del realizador en Buenos Aires, donde la prensa argentina especuló sobre la posibilidad de que dentro de dicho artilugio informático se encontrase el único guión de Tetro. Coppola lo desmintió varios días después.

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