Tenía que ir

Mundo · José Luis Restán
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11 septiembre 2012
"Éste viaje es un mensaje por elpropio hecho de que se realiza". Son palabras del P. Samir Khalil Samir, que notiene pelos en la lengua. "Si debido a los riesgos el Papa hubiese cancelado elviaje, habría sido un contra-testimonio". La formulación es audaz pero tienelógica. Si el Sínodo para Oriente Medio envió un mensaje claro a los cristianosde esas tierras fue precisamente que no se retiren, pues tienen una misiónallí. Pedro no puede dejar a sus hijos más vulnerables sin el consuelo y lafuerza de su presencia. Y por supuesto, Benedicto XVI conoce los peligros, perono teme. En verdad, como ha dicho el P. Lombardi, el viaje nunca ha sido puestoen cuestión en los apartamentos pontificios.      

Beirut es en la víspera de lallegada del Papa una ciudad ruidosa y engalanada, próspera a su manera, aunqueaún sean visibles las cicatrices de la terrible guerra civil. Allí se comercia,se construye, se convive… y sin embargo el temor crece. La gente es conscientedel precario (casi milagroso) equilibrio que sostiene todo el edificio. Ya nose habla de la "Suizade Oriente Medio" pero el país de los cedros sigue siendo una anomalía portantas cosas. Es el único lugar en el avispero medio-oriental en el que puedehablarse con propiedad de democracia, de pluralismo y de libertad religiosa.Incluso se ha dado, en cierta medida, una reconciliación que pareceríaimposible tras los horrores de una guerra llena de venganzas sin fin.

Pero todo eso no disipa losnubarrones, aumentados por la guerra en Siria, por la llegada de miles derefugiados, por el sempiterno conflicto entre Israel y Palestina, por la ondade las revoluciones árabes que han terminado por encumbrar al islamismo y porlos hilos que mueve Teherán a través de Hezbolláh, la milicia armada chií quemuchos identifican como un "estado dentro del Estado". Para que nadie se hagailusiones con el precario equilibrio parlamentario actual, el Patriarcamaronita Bechara Rai ha hablado estos días de "la dureza de los corazones, dela hipocresía y la mentira que envenenan las relaciones, de la profundidad delodio entre unos y otros, presto para explotar con el mínimo pretexto". Sonpalabras duras, que la autoridad cristiana más cualificada del país no haquerido ahorrarse días antes de que el Papa aterrice en su tierra. Y hace bien,porque esto da la verdadera medida del viaje, que aunque seguramentetranscurrirá entre el entusiasmo del pueblo, dista mucho de ser un camino derosas.

Por cierto que una espinaparticularmente dolorosa es la división interna de la comunidad cristiana enesta difícil encrucijada. Bien está profesar el legítimo pluralismo de lasopciones temporales, pero en el Líbano de 2012 produce zozobra que una parte delos líderes políticos cristianos se asocien a Hezbolláh mientras otros seacogen a la amplia coalición anti-siria con los musulmanes sunníes. El Patriarcaha conseguido reunirlos en torno a su mesa tras años de incomunicación, y esoes ya un paso. También ha logrado que varios líderes religiosos cristianos ymusulmanes de las distintas confesiones firmen una declaración sobre losfundamentos de la nación: el carácter democrático, la convivencia entrecristianos y musulmanes y el reparto de la gestión pública entre las diversascomunidades.

Con todas sus dificultades Líbanoes un espejo en el que otros podrían mirarse. El obispo maronita de Batroun,Mounir Khairallah, advierte que una verdadera primavera árabe sólo tendrá lugarcuando se garantice la libertad de opinión, de expresión y de conciencia, y sereconozca a los cristianos idénticos derechos y deberes que a sus vecinos.Khairallah ha dicho al diario Avvenire que los cristianos libaneses no tienenmiedo y que la presencia no depende tanto del número cuanto de la calidad deltestimonio. Quizás esta senda de la misión a través del testimonio y el diálogosea una de las grandes apuestas de la Exhortación post-sinodal que BenedictoXVI firmará en la basílica de San Pablo, en Harissa. Es un camino distinto dela mera autodefensa y del exilio. Pero hace falta un pueblo consciente,alimentado y sostenido. Esperemos. Mientras tanto en la noche mediterránea deBeirut se respira esperanza. Es éste un espacio singular en el que se alternael sonido de las campanas y las llamadas del muezín. Todos quieren recibir yescuchar al Papa que llega el 14 de septiembre, fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz: el signo delos cristianos que es a un tiempo amor y perdón, victoria sobre la muerte. 

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