Te cuento

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19 mayo 2014
Hay que ver, lo aficionados que están algunos, a poner etiquetas; casi apostaría que también nosotros, con facilidad, cogemos algunas para ser colocadas.

Hay que ver, lo aficionados que están algunos, a poner etiquetas; casi apostaría que también nosotros, con facilidad, cogemos algunas para ser colocadas. Etiquetas a la vista de todos; se puede leer en ellas: “este es un superficial”, “aquél no tiene personalidad” “todo es hipocresía en fulano” “y la señora mengano siempre mintiendo”, “esa se casó por el dinero” , ´fulanito se ha liado con fulanita´… y un sin fin de ellas, que atraen la novedad del escaparate ante su diversidad, pero no por su originalidad y belleza.

¿Una vez colocada, quien la quita?… Y se nos olvidan, las que un día nosotros mismos nos pusimos; aquellas que conscientemente y casi con certeza son reales. Nos miramos en el espejo ,y deberíamos empezar a reconocer nuestra bajeza, la superficialidad de nuestra vida.

La codicia que nos asalta, la gula que no controlamos; la ira que no dominamos, la lujuria que escondemos, la pereza que excusamos, la envidia que nos lleva a estados de ansiedad, la soberbia que se instala cada vez más en este mundo hedonista,  la falta de caridad que practicamos al colocar tantas etiquetas equivocadas. Encendemos la mecha sin calcular lo que puede destruir el detonante.

Pero ya podemos empeñarnos en poner falsas etiquetas externas; ninguna de ellas puede colocarse en el corazón humano, ninguna de ellas puede empañar el brillo que le ha sido otorgado por el Altísimo.

¿Quién puede mostrar toda la verdad sobre el prójimo? Teresa de Jesús tibia, pasó a ser Santa Teresa de Jesús. Dimas el ladrón, pasó a ser San Dimas.  El joven alocado Francisco, se convirtió en San Francisco de Asís. Cualquier perdido, puede encontrar el camino. Cualquier tibio, puede convertirse en un apasionado.  Nadie puede penetrar a fondo en el corazón de los demás. Sólo Dios, puede adentrarse en mi  alma, ¡Solo Dios!

¡Cuántas etiquetas mal colocadas, se convierten en destrucción irreversible!¡Cuantas palabras emitidas frívolamente, asolando toda una vida ajena y desconocida!

¿Y que significa que Dios pueda entrar en mi corazón? Nada más y nada menos que la luz. Un corazón iluminado, puede reconocer su mal, romper con su pecado, resistir a las tentaciones diarias, tener la oportunidad de ofrecer un Sí, sin reservas. “Nadie conoce lo íntimo de Dios, sino el Espíritu de Dios” (1Cor, 2, 10-11).

Cuando ese Sí se instala de verdad en mi corazón, puedo llegar a ver a los demás, de la misma forma en que Dios los ve. Con ojos de misericordia, con la certeza de que ese amor llega a todos. “No etiquetemos y no seremos etiquetados”.

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