Suicidio asistido para remediar la debilidad política

España · F.H.
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9 septiembre 2008
En la primera semana del curso político español, el Gobierno de Zapatero ha intensificado el anuncio de reformas radicales. En sólo siete días ha apoyado la investigación sin fundamento jurídico alguno del juez Garzón sobre los desparecidos en la Guerra Civil, rompiendo así con la reconciliación nacional que desde los años 50 del pasado siglo ya impulsaban los comunistas; una de sus ministras más emblemáticas, la ministra de Igualdad, o de ideología de género habría que decir, ha anunciado una nueva ley del aborto que seguramente será una ley que lo permita en las primeras semanas del embarazo de forma libre (y eso que en el programa electoral de los socialistas el cambio de la regulación en esta materia no se contemplaba).

Tampoco estaba en el programa de los socialistas la eutanasia, pero el domingo el ministro de Sanidad, Soria, ha hablado directamente de suicidio asistido. Pisa así el acelerador después de cuatro años negando que la eutanasia estuviese entre sus prioridades. Zapatero además ha tenido ya tiempo de llamar hipócritas a los que se permiten criticar tanta voracidad legislativa en una dirección tan nefasta. Esta hiperactividad para fomentar a base de leyes la cultura de la muerte parece sugerir que Moncloa debe tener muy malas encuestas o que busca la polémica social para evitar unas elecciones anticipadas que la economía podría reclamar. Ahora que, según las encuestas, las cosas le van al presidente del Gobierno de España recurre a una de las estrategias que mejor resultado le dio en la primera legislatura: el conflicto social. Marxista sin marxismo, Zapatero genera una fractura en la sociedad española (tesis), provoca la inevitable reacción en aquellas realidades sociales que se oponen a su revolución nihilista (antítesis) y él mismo se presenta como el resultado para esa fractura (síntesis). Hace falta creatividad para no caer en esta trampa creada para aquellos que consideran necesario defender los "valores innegociables".

"Tu cuerpo es tuyo, eso es socialista" decía Bernat Soria, el ministro de Sanidad, para anunciar en el diario El País no ya la eutanasia sino el suicido asistido. Esta afirmación es muy interesante porque refleja el problema racional que hay en el fondo de la nueva reforma. El cambio legal no tiene pudor, la idea es una regulación similar a la de Holanda y Suiza: el paciente cuando quiere suicidarse puede hacerlo "atendido" por un médico. El ordenamiento jurídico no protege el bien de la vida y acepta como último tribunal una libertad destructiva. La inmoralidad del nuevo derecho a la muerte es que se edifica contra la evidencia más elemental de la razón: la vida no se construye, es un don en cada instante. Sólo una mentalidad radicalmente burguesa puede construir una mentira capaz de acallar lo que percibimos de forma cotidiana: nuestro cuerpo es el signo más sencillo e inmediato de que el ser se nos está dando, no es propiedad solitaria sino llamada de Quien me lo da.

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