Somos ya menos ricos que en 2003

Mundo · Eugenio Nasarre
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4 mayo 2010
Podría haber titulado este artículo, quizás con mayor eficacia, "Somos ya más pobres que en el año 2003". Y habría dicho lo mismo. Pero, por mal que nos vaya, hablar de pobreza, al referirme al conjunto de los españoles, tendría algo de impostura. Seguimos siendo, en comparación con la gran mayoría de los países, un país de ricos.

Pero el hecho sobre el que debemos reflexionar me ha sido sugerido al leer los datos de población a 1 de enero de 2010 suministrados por el INE. Somos ya 46,9 millones los que vivimos en España. Hace unos pocos días Eurostat convalidó el dato del PIB español de 2009: 1,05 billones de euros. Lo que quiere decir es que la renta per capita de los españoles ha sido 22.385 euros en 2009. Si descontamos la inflación, esa renta sería en valores de 2003, poco antes de llegar Zapatero al poder, 18.022 euros.

¿Y cuál era la de entonces? En 2003 nuestro PIB ascendía a 782.929 euros. Y éramos entonces 42,7 millones los que vivíamos en España. Nuestra renta per capita era, pues, 18.328 euros, algo superior en términos reales a la que ahora disfrutamos.

Desde el punto de vista estrictamente económico, este dato es demoledor para Zapatero. Significa que en lo que a la renta de los españoles se refiere los seis años de gobierno de Zapatero han sido un período perdido, malgastado. Hemos retrocedido a los niveles de renta de la época del gobierno de Aznar.

Esta realidad puede provocar en nosotros melancolía. Puede ser un motivo más para descalificar a Zapatero, probar su fracaso como gobernante y fustigarlo. Pero si nos quedáramos en tal actitud, estaríamos realizando con nosotros mismos la política del avestruz. Este retroceso nos obliga a replantear muchas cosas. Porque la verdad es que estamos mucho peor que hace seis años.  Al menos, por dos razones: estamos mucho más endeudados y con mayores desequilibrios (económicos y sociales) que entonces. Basta pensar en los 4,6 millones de parados, y en el más de un millón de hogares sin ingresos. Nuestras desigualdades sociales han aumentado en el glorioso período de Zapatero.

Es duro enfrentarse con esta realidad y asumirla como país. Pero, si no lo hacemos, no podremos salir de la crisis y acabaremos estrellándonos como sociedad. Asumir esta realidad es reconocer que estamos viviendo por encima de nuestras posibilidades, lo que es tanto como engañarnos a nosotros mismos e hipotecar a nuestros hijos. Tenemos que repensar todo lo que se ha hecho en estos años. Por qué, por ejemplo, los presupuestos del Estado del año 2010 son superiores en 120.000 millones de euros a los que aprobamos para el año 2004, ¡cuando somos más pobres que entonces! Por qué las Comunidades Autónomas han continuado inflando sus gastos para aumentar su poder y halagar las apetencias de los electores.

Ya sabemos que Zapatero es incapaz de reconocer esta realidad. Porque reconocerla exige una nueva actitud moral: la  moral del realismo y de la verdad. Es una moral que conduce a admitir que hay que hacer sacrificios, que hay que dar un nuevo valor al trabajo y a la obra bien hecha, que hay que acabar con los despilfarros, que hay que ajustar las políticas de bienestar con mayores criterios de justicia, que hay que volver a pensar en la familia y apoyarla como el gran agente de la solidaridad social.

Hasta ahora no veo en nuestro panorama político la mínima valentía para abordar el verdadero fondo de nuestros problemas. Es como si las verdades quedaran relegadas al ámbito de nuestros hogares, pero estuvieran expulsadas del espacio público. Este grave divorcio es lo que genera el creciente malestar de los ciudadanos hacia la política.

Estos seis años perdidos (peor que perdidos) nos reclaman un cambio de rumbo, basado en tres ideas clave (las tres erres): realismo, rectificación y regeneración. Es el programa moral que necesita la sociedad española.

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