Solbes, el colaborador del engaño

España · Raquel Martín
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15 septiembre 2009
Mucha responsabilidad de la situación económica que estamos atravesando tiene un nombre y apellido: Pedro Solbes. Mucha responsabilidad de la sangría de parados que estamos sufriendo con verdadera angustia en cada vez más numero de familias tiene identidad: Pedro Solbes.

Ahora el ex todopoderoso del rumbo económico y las cuentas del Estado deja definitivamente la política y abandona su escaño en el Congreso. Son muchos los que están lamentado su retirada y suspiran ahora que ya no está su presencia en el PSOE y en el entorno del presidente Zapatero. Sin embargo, creo que Pedro Solbes ha abandonado el barco demasiado tarde. Y sus elogios en la despedida son inadecuados.

A pesar de llevar 40 años de servicio en la administración y de haber ocupado relevantes puestos de responsabilidad en el ámbito económico en España y Europa, creo que a Pedro Solbes los españoles le deberíamos apodar como "Solbes, el colaborador del engaño".

"Solbes, el colaborador del engaño" porque tuvo en su mano la posibilidad de alertar de la mayor crisis económica en nuestro país y engañó. En plena campaña electoral de 2008, al máximo responsable de la economía española no te tembló la voz al pregonar a los cuatro vientos que España no estaba en crisis y que nuestro país estaba perfectamente preparado para hacer frente a cualquier turbulencia que se avecinara.

Lo hizo con un gran cinismo y una gran dosis de maldad con el único objetivo de llevar a José Luis Rodríguez Zapatero de nuevo a La Moncloa. Colaboró con el engaño, entró en el juego sucio de la política más partidista.

"Prefiero hablar de turbulencias que de crisis, es prematuro hablar de crisis". "España está bien preparada para hacer frente a cualquier reto". "En algunos casos tengo la sensación de que están ustedes (el PP) convocando la crisis, no están buscando soluciones sino creando problemas". Con sentencias como éstas barrió de un soplido al fichaje estrella del Partido Popular para acompañar a Rajoy en la lista por Madrid, Manuel Pizarro.

Ese debate, tantas veces comentado, supuso para el empresario aragonés su paso a un discreto segundo plano y el mayor espaldarazo que obtuvo Zapatero para ganar las elecciones. Aunque fue un debate televisivo aburridísimo, farragoso, muy especializado y lleno de cifras no fácilmente comprensibles, tuvo una audiencia de más de cinco millones de personas y supuso el punto de inflexión en la campaña electoral.

Con un tono lleno de confianza y tranquilidad, el ministro de Economía y Hacienda y vicepresidente segundo del Gobierno negaba la crisis. A continuación renació de las cenizas el índice de confianza del consumidor, que subió por primera vez en un año, Solbes acudía a los mítines ovacionado por las huestes socialistas y Zapatero revalidaba el poder semanas después.

Es verdad que en esta segunda legislatura, la pelota económica era ya tan grande para el Gobierno, que Solbes no estaba dispuesto a seguir montando en la noria de más gasto público, más déficit público, más subida de impuestos y un sistema de financiación autonómica insostenible. Es verdad que él y un par más de destacados dirigentes socialistas son capaces de reconocer el error reiterado de Zapatero. Y que con su deserción, son menos o casi ya no quedan, ni en el partido ni en el Ejecutivo, personalidades capaces de tener voz propia ante la falta de rumbo en la gestión y salida de la crisis. Su marcha, la salida de Pedro Solbes, evidencia el ostracismo de José Luis Rodríguez Zapatero, pero no me da pena.

Quien siembra vientos recoge tempestades. Solbes engañó y no ha podido resistir más tiempo callado en su escaño en el Congreso de los Diputados y cobrando del dinero de todos los españoles. Está muy bien se haya ido. Gracias por los servicios prestados… (al partido) y hasta siempre.

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