Sobre la luz

Mundo · Juan Manuel Escamilla (México, D.F)
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19 octubre 2009
Aquí sólo se escucha un canto eléctricoy el mugido del búfalo masivo;aquí; aquí se vela fuerza del SME.Óscar de Pablo, Sobre la luz

La tarde de ayer comí en el Centro. En la Zona Rosa, detrás del Paseo de la Reforma. Llegué tarde. Entre otras cosas, porque me tomó más de media hora recorrer un tramo de cincuenta metros. Delante de mí, amén de varios cientos de compatriotas combativos enfurecidos, había un letrero donde se leía "1810, 1910, ¿2010?". Mis orgullosos compatriotas se dirigían a la plancha del Zócalo (de la Ciudad de México) para reunirse con otros casi 300.000 mexicanos. No iban a celebrar que la selección nacional pasara al Mundial (en cuyo caso se habrían dirigido al Ángel de la Independencia, como el sábado, mientras, por decreto presidencial, la policía tomaba todas las instalaciones de la compañía de Luz y Fuerza del Centro), sino a reclamarle al presidente el madruguete del sábado en la noche.

Veamos. ¿Qué pasó? La noche del sábado jugó México. Como siempre ocurre en esas ocasiones, la nación se paraliza durante un par de horas para atender al juego de la escuadra tricolor. Se trataba de un juego muy importante: nuestra selección se jugaba su pase al Mundial. A las once de la noche, mientras los mexicanos celebraban al unísono el triunfo de su selección (uno de los pocos restos del orgullo nacional), el presidente Felipe Calderón enviaba, en un aparatoso acto de poder del Estado, a cerca de mil miembros de la policía a tomar todas las instalaciones de la compañía de Luz y Fuerza del Centro. El decreto presidencial mandaba la disolución de dicha compañía. Sin previo aviso, de un momento a otro, los 40.000 trabajadores activos y los 23.000 en retiro (de la LyFC, no del sindicato) se quedaron sin empresa y con la oferta de una jugosa liquidación (dos años y medios de salario). El jueves marcharon por la Ciudad de México cerca de 300.000 electricistas y simpatizantes para manifestar su desacuerdo con la forma de proceder del Gobierno federal. ¿Cómo llegamos hasta aquí? Vamos más atrás.

La industria eléctrica surgió en México a finales del XIX a cargo de la iniciativa privada, sobre todo extranjera. En 1938, a cuenta de la preocupación gubernamental por controlar el suministro, transformación y comercialización de la energía eléctrica, se inicia la gradual nacionalización de industria eléctrica. En 1960 se crea la Compañía Mexicana de Luz y Fuerza Motriz con 19 plantas suministrando energía eléctrica a los estados del centro del país. En 1963 cambia su nombre a Compañía de Luz y Fuerza del Centro y para 1974 ya estaba quebrada: se declaró entonces su liquidación. En 1985 LyFC y la Compañía Federal de Electricidad (FCE), que alimenta al resto del país, firman un acuerdo por el que la primera cede más del 50% de su influencia a la segunda. En 1994 un decreto presidencial transforma la compañía en Luz y Fuerza del Centro, otorgándole personalidad jurídica y patrimonio propio. Hasta el sábado de la semana pasada, la compañía de Luz y Fuerza del Centro era un organismo descentralizado con personalidad jurídica y patrimonio propio. Por decreto presidencial, se disolvió la compañía, cediéndole sus responsabilidades a la CFE.

En el largo éxodo hacia la disolución de la compañía de LyFC la acompañó la causa de su ruina y su perdición: el Sindicato Mexicano de Electricistas (SME), constituido en 1914. Se trata de un sindicato que alguna vez fuera modelo de sindicatos. No podemos olvidar, por ejemplo, la gran huelga contra Mex-Light de 1936 donde alcanzaron un contrato colectivo que fue ejemplo para su época. Sin embargo, hace ya décadas que Luz y Fuerza ha sido un escándalo trabajando no para el suministro de energía eléctrica sino a favor de los intereses de su sindicato. Se trata de un fósil modélico de los privilegios corporativistas que otorgó el PRI durante sus setenta años de gobierno. Bajo su sombra creció y alcanzó el desmesurado tamaño y poder que ahora tiene este fósil del corporativismo.

Atendamos a algunos datos de 2007. Expone Guillermo Sheridan en su blog de la revista Letras Libres "El Minutario", el 8 de octubre:

"Cada trabajador del SME que presta sus servicios a la compañia Luz y Fuerza del Centro (LFC) produce 751 megawatios por año, mientras que cada uno de los trabajadores del SUTERM (Sindicato Único de Trabajadores Electricistas de la República Mexicana), que trabaja para la Comisión Federal de Electricidad (CFE), produce 2.400 megawatios.

La compañía LFC tiene 40.000 trabajadores en activo y 23.000 en retiro, mientras que la CFE tiene 80.000.

LFC recibió un subsidio de 35.000 millones de pesos en 2007, mientras que la CFE recibió menos del doble. Pero si LFC se encarga de dar servicio a 130 municipios, la CFE se encarga del resto del país y atiende a tres veces más población.

El SME recibe 160 millones de pesos anuales por concepto de "cuotas sindicales". El SUTERM recibe por el mismo concepto 225 millones, aunque tiene el doble de trabajadores (activos) afiliados".             

Es evidente que Luz y Fuerza, sencillamente, no funcionaba como debía y era preciso hacer algo al respecto. Pero más allá de los datos, ¿qué significa todo esto? Eso es lo interesante. El SME representa simbólicamente la vanguardia de la lucha en defensa de los derechos laborales de los trabajadores. También es un símbolo de la soberanía nacional frente a la privatización de los recursos naturales. Ha sido conocido por su ferocidad, que lo había vuelto prácticamente intocable: meterse con los electricistas significaba una afrenta contra prácticamente todas las facciones de la izquierda mexicana, pues se había distinguido por su oposición al Gobierno, aunque es cierto que no sólo sus finanzas estaban en bancarrota: su entereza moral también estaba en números rojos. Prácticamente todo el país ha encontrado plausible la medida que Felipe Calderón se atrevió a tomar.

Ahora bien, también es preciso anotar que, incidentalmente, éste es el único sindicato con el que Felipe Calderón no había logrado negociaciones favorables. Podía clausurar la compañía y lo hizo. Pero todo parece indicar que será la única medida que en este sentido se tome. Tan (poco) honorables como este sindicato son todos los demás. Han adquirido, a costa de su moneda simbólica (la defensa de los trabajadores) un poder desmesurado, capaz de paralizar al país.

Los demás sindicatos quedan sobre aviso de que no son intocables. Pero no sólo debía proceder contra ellos sino también contra los enormes monopolios que sólo en México pueden existir, como Telmex. Queremos ver que nuestro presidente tome acciones contra otros líderes sindicales y que resquebraje los enormes monopolios. No sólo queremos que Elba Esther, Romero Deschamps, Agustín Rodríguez y Napoleón entiendan que es preciso refundar el sindicalismo. También queremos ver que los multimillonarios empresarios que hacen de México sus fortunas vean limitada su fuerza. Si el presidente no actúa en su contra (y a favor del país) se leerá su determinación como mera revancha política. Es posible que, si sigue en esta línea, revierta el desprestigio que ha alcanzado su Gobierno. Incluso es posible que conduzca al PAN a la presidencia en las próximas elecciones de 2012.

¿Cómo lidiará con la violencia que desató? Eso es algo digno de atención también. Ha ofrecido a los trabajadores de LyFC una liquidación bastante considerable si la aceptan en el transcurso de un mes. El PRD y Andrés Manuel López Obrador (quien se cree el presidente legítimo de México, aunque cada vez comparten menos su opinión) están presionando a los trabajadores para que no reciban su liquidación como protesta. Concretamente, AMLO encuentra en este sindicato prácticamente al último de sus brazos políticos.

La causa sindical es francamente (y lamentablemente) indefendible. Han devaluado la moneda que prometieron defender: los derechos de los trabajadores. Se han convertido en nidos de corruptelas inconfesables que (hace mucho tiempo) le salen demasiado caras al país. Es verdaderamente triste lo que ocurrió con el sindicalismo mexicano cuando se alió al poder para conseguir las prebendas que hasta ahora les habían otorgado fuero.

¿Siguen el sindicato de maestros, Pemex, Grupo Carso, Bimbo, etcétera? No creo. ¿Cuánto cuesta un símbolo de soberanía mexicano? El de la luz, un subsidio de 35.000 millones de pesos, sólo en 2007. Creo que no vale el gran poema de Óscar de Pablo Sobre la luz. Por cierto, aunque llegué tarde a la comida, la disfruté mucho.

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