Sin demarcación, mala ciencia

Mundo · Nicolás Jouve, catedrático de Genética
COMPARTIR ARTÍCULO Compartir artículo
| Me gusta 0
29 mayo 2013
Hay científicos que piensan que la ciencia lo puede todo y que no hay nada que no pueda ser abordado por el método experimental, que es el método propio de las ciencias. Quienes piensan de esta manera suponen que existe una supremacía metodológica de las ciencias experimentales sobre otros campos de la investigación tales como ciencias sociales, las humanidades o la teología. Tal vez el ejemplo más claro de esta forma de pensar lo ostenta el biólogo agnóstico británico Richard Dawkins, uno de los divulgadores más conocidos de la ciencia actual, pero a su vez un mordaz desacreditador de las creencias religiosas.

Dawkins contestaba a una pregunta del físico Russell Stannard sobre los límites de la ciencia en los siguientes términos: «Yo no creo que existan cuestiones que la ciencia no pueda afrontar. Y considero, que en el momento en que las afronta, da respuestas mucho más dignas de ser tenidas en cuenta y más plausibles que las oscuras argumentaciones que proporciona la religión» [1].

Se trata sin duda de un pensamiento desmedido respecto a las posibilidades reales de la ciencia que responde a un pensamiento materialista, que propone que la realidad de cuanto percibimos a nuestro alrededor tiene su explicación en términos físico-químicos, formulaciones matemáticas, observación, medición y experimentación. Sin embargo, esto solo se podría mantener si la hipótesis planteada para tratar de explicar un fenómeno natural ofreciese unos elementos materiales a los que se pudiera aplicar el método científico. Por ejemplo, muchos estudios de la física cuántica son posibles dado que se conocen las propiedades de la materia: la fuerza gravitatoria, la electromagnética, la nuclear fuerte y la nuclear débil, que nos permiten utilizar métodos de análisis y formulaciones matemáticas que parten del conocimiento de sus constantes y de su comportamiento en diferentes circunstancias experimentales. En biología molecular, las moléculas de los ácidos nucléicos, explican por sí mismas las propiedades de la vida, por su capacidad de llevar información, producir copias de sí mismas (replicación) y generar diversidad (mutación). Sin embargo, ni los físicos han dando una explicación satisfactoria del origen del universo, ni los biólogos pueden dar una repuesta a la pregunta sobre ¿qué es la vida?

Todo el mundo puede estar de acuerdo en que la buena ciencia es contrastable, cuantificable, demostrable y refutable, pero eso no implica que lo pueda abordar todo ni explicar todo, como piensa Richard Dawkins y otros cientificistas y divulgadores científicos. La ciencia, ciertamente, no tiene el objetivo ni la capacidad de dar una respuesta a las preguntas últimas, y cuando pretende hacerlo, como propone Dawkins, se convierte en ideología y fanatismo. Como señalaba el neurofisiólogo australiano John Carew Eccles (1903-1997), Nobel de Medicina de 1963, quien piensa así no es un científico, sino un profeta enmascarado de científico.

Es más inteligente la aceptación del principio de demarcación, que supone el reconocimiento de métodos diferentes y campos diferentes de análisis de la realidad que nos circunda y su significado por las ciencias experimentales, la teología y las restantes fuentes del conocimiento. A este respecto, el biólogo agnóstico americano Stephen Jay Gould (1941-2002) que se prodigó en ensayos sobre múltiples temas científicos afirmaba que la ciencia y la religión son complementarias y constituyen magisterios no superpuestos, y lo explicaba de la siguiente manera: «la ciencia intenta documentar el carácter objetivo del mundo natural y desarrollar teorías que coordinen y expliquen tales hechos. La religión, en cambio, opera en el reino igualmente importante, pero absolutamente distinto, de los fines, los significados y los valores humanos, temas que el dominio objetivo de la ciencia podrían iluminar, pero nunca resolver» [2].

El físico británico Russell Stannard en su diálogo con el cientificista Richard Dawkins, rebatía sus ideas contrarias a la religión afirmando que: «lo que debe ser sofocante es pensar exclusivamente en términos científicos. Significa limitar tu propio pensamiento a las preguntas que la ciencia es capaz de responder. Por el contrario, la religión es liberadora en cuanto que más allá de comprender y abrazar todo lo que la ciencia puede decir sobre la naturaleza, indica también otras realidades y otras cuestiones que tienen relación con el fin y el significado» [1].

Finalmente, Werner Arber, Premio Nobel de Medicina de 1978 y Presidente de la Academia Pontificia de las Ciencias, en su discurso del 12 de Octubre de 2012 en el Vaticano, sitúa la ciencia como un instrumento para satisfacer nuestra curiosidad «en la base del interés que cada ser humano muestra por conocer las leyes fundamentales de la naturaleza, que son esenciales para su búsqueda de significado y de verdad» [3].

Vemos por tanto como investigadores de la talla de Russell Stannard, Stephen Jay Gould, Werner Arber y muchos otros, coinciden en que el complemento que la ciencia no nos puede proporcionar no tiene que ver con los fenómenos naturales sino con el fin y el significado de la existencia, Y aquí es donde entra la fe, que nos permite encontrar el sentido a la realidad de cuanto existe y, de paso, añadir un punto de vista más optimista para el futuro del ser humano.

Como dice Benedicto XVI en la carta Porta Fidei, en la que explica los argumentos del año de la fe, «la fe está sometida más que en el pasado a una serie de interrogantes que provienen de un cambio de mentalidad que, sobre todo hoy, reduce el ámbito de las certezas racionales al de los logros científicos y tecnológicos. Pero la Iglesia nunca ha tenido miedo de mostrar cómo entre la fe y la verdadera ciencia no puede haber conflicto alguno, porque ambas, aunque por caminos distintos, tienden a la verdad» [4]. La ciencia nos explica el cómo y la fe nos ayuda a entender el fin y el significado.

[1] Entrevista de Russell Stannard a Richard Dawkins, en M. Bersanelli y M. Gargantini. Solo el asombro conoce. Ediciones Encuentro, Madrid 2006.

[2] S. J. Gould. Ciencia versus religión. Un falso conflicto. Ed. Crítica, Barcelona, 2007

[3] Werner Arber. Discurso en el Vaticano sobre la relación entre ciencia y fe ante el Sínodo de los Obispos, el 12 de Octubre de 2012.

[4] Benedicto XVI, Porta Fidei. Carta apostólica en forma de motu proprio, con la que se convoca el año de la fe (El Vaticano, 11 de Octubre de 2012).

Noticias relacionadas

Powell y la polarización española
Mundo · F.H.
En las últimas horas ha muerto el que fuera secretario de Estado de Estados Unidos, Colin Powell. Nacido en Harlem, de padres jamaicanos, creció al sur del Bronx y se graduó en el City College de Nueva York. ...
19 octubre 2021 | Me gusta 3
Tratados, Constitución y cómo evitar un Polexit
Mundo · Miguel de Haro Izquierdo
En el tablero de las relaciones internacionales se diseña y está en juego una importante partida sobre la primacía, a corto y medio plazo, sobre qué región y qué país van a poder dominar el mundo de los negocios, la economía, la cultura, el desarrollo tecnológico, la geopolítica, las...
13 octubre 2021 | Me gusta 4
Elecciones en Alemania. “Willkommen” al futuro
Mundo · Ángel Satué
Cuando pienso en la política alemana, siempre alcanzo a recordar a Helmut Kohl. También me saltan a la memoria Margaret Thatcher, Mitterrand y González, al que el tiempo mejoró. Los cuatro son parte del pasado político de Europa, y piezas fundamentales. ...
1 octubre 2021 | Me gusta 4