Siempre feliz

Cultura · Juan Orellana
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5 julio 2012
La directora noruega Anne Sewitsky se estrena  debuta en el largometraje con Siempre feliz, un drama intimista que retrata muchas de las patologías afectivas de nuestro tiempo. Sigve y Elisabeth son un matrimonio que se traslada a vivir al sur de Noruega. Ella no puede tener hijos y tienen un niño adoptado africano. Sus nuevos vecinos son otro matrimonio, Kaja y Eirik, que también tienen un hijo pequeño. Ambos matrimonios ocultan heridas, desafectos y soledad. La convivencia entre ambos desatará una tormenta de pasiones, infidelidades y sexo que obligará a cada pareja a replantearse su vida.

Aunque el film quiere ser un elogio del matrimonio y de la buena comunicación en la pareja, lo cierto es que parte de un relativismo tan radical que lo más llamativo es la inconsistencia personal de cada uno de los supuestos adultos del film. Además, los adulterios y juegos sexuales se realizan a veces ante la mirada atónita de los niños que asisten perplejos al cambio de parejas.

La película está bien dirigida y rodada, con ciertos elementos cómicos como el coro que va glosando la película. Obtuvo el Gran Premio del Jurado en el Festival de Sundance de 2011, y el Giraldillo de Oro en el Festival de Cine Europeo de Sevilla. Pero pesa en exceso la atmósfera claustrofóbica de unos adultos que sólo viven para lo que en cada momento les apetece, y que carecen del más mínimo poder educativo sobre sus infortunados hijos.

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