Si Vox no existiese y sus votos se los repartiesen Ciudadanos y PP…

España · Kiko Llaneras y Borja Andrino (El País)
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18 febrero 2019
Por su interés, proponemos el artículo publicado este domingo en El País bajo el título “La importancia del territorio en el voto: el caso de Vox”, donde se pone de manifiesto que si los votos de Vox se repartieran entre el Partido Popular y Ciudadanos, estos dos partidos rondarían los 190 escaños.

Por su interés, proponemos el artículo publicado este domingo en El País bajo el título “La importancia del territorio en el voto: el caso de Vox”, donde se pone de manifiesto que si los votos de Vox se repartieran entre el Partido Popular y Ciudadanos, estos dos partidos rondarían los 190 escaños.

No todos los votos cuentan igual. Se ha dicho muchas veces que algunas provincias ofrecen escaños “baratos”, porque se consiguen con menos votos. Pero el reparto también puede provocar otras carambolas, como que miles de votos en Alicante o Cádiz sean irrelevantes (si no mueven ningún diputado) y que un solo voto en Murcia decida un escaño. Nuestro sistema electoral, como tantos otros, tiene también algo de caprichoso.

Los politólogos conocen sus particularidades, o al menos las conocían, porque no está claro si lo que era cierto para un equilibrio bipartidista sigue siéndolo ahora. Sabemos que el sistema tiene un sesgo rural que acaba siendo conservador. Las provincias menos pobladas reparten más escaños por habitante, y como esa “España vacía” votaba más por el PP, los conservadores partían con ventaja. Como explicó Alberto Penadés en este periódico, “si el PSOE y el PP hubieran empatado a votos en las últimas elecciones —quedando lo demás igual— el PP habría obtenido nueve escaños más que el PSOE”. Esto podría estar cambiando, no obstante, si como parece el voto de las provincias pequeñas beneficia al PSOE antes que a Podemos. Tampoco está claro cómo afecta el sesgo rural a Ciudadanos, ahora que ronda el 18% de votos, o a Vox, que es una incógnita.

La otra característica del sistema era el sesgo mayoritario. Excepto en las grandes provincias (Madrid, Barcelona, Valencia, Alicante y Sevilla), el resto reparten pocos escaños y eso penaliza a fuerzas pequeñas de voto disperso. Ese fue el caso de Izquierda Unida en 2015, por ejemplo, cuando no obtuvo ni un 1% de escaños aunque tenía el 3,7% de los votos. Era habitual usar un atajo y presumir que los partidos de ámbito estatal necesitaban superar el 15% de voto nacional para no ser muy perjudicados en escaños. Sin embargo, esas referencias podrían no valer ahora.

Para demostrarlo hemos hecho una simulación. Primero hemos tomado las encuestas más recientes (que dicen que la suma de PP, Ciudadanos y Vox rondará el 49% de votos). Después hemos encontrado una forma de distribuir los votos por provincias, como explicamos en la metodología. Y por último, hemos ido variando los votos de Vox para observar sus efectos. La suma de escaños de la derecha puede ser muy diferente si el partido de Santiago Abascal sube hasta el 15% de votos o se queda en un 6%, aunque los tres partidos sumen exactamente los mismos votos. Esto es así por los efectos no proporcionales que tiene el sistema electoral.

Si Vox no existiese y sus votos se los repartiesen Ciudadanos y el PP, estos dos partidos rondarían los 190 escaños. Tendrían la mayoría casi asegurada. Sin embargo, si Vox ronda el 10%, como dicen ahora las encuestas, la suma de los tres partidos de la derecha se queda en 176 escaños y tiene la mayoría en el aire. Una pequeña pérdida de votos de Vox, aunque fuese para beneficiar al PP o Ciudadanos, haría que su suma perdiese escaños. En cambio, si Vox crece por encima del 12%, sí tendrían más opciones de superar los 176 escaños. Estas simulaciones son solo una aproximación, y los umbrales reales pueden cambiar con otros supuestos, pero estos resultados demuestran que pequeños cambios en el voto de un partido pueden ser determinantes al configurar mayorías.

Una clave son las provincias medianas

¿Por qué se tambalea la mayoría de derechas cuando Vox se mueve entre el 6 y el 9 por ciento de votos? Por algo que pasa en algunas provincias medianas: el partido derechista pierde varios escaños que se van al PSOE o Podemos en provincias como Toledo, A Coruña, Asturias, Baleares o Cádiz. En nuestra simulación de Málaga, por ejemplo, cuando Vox supera el 9% de voto le arrebata un escaño que de otra forma sería para el PSOE.

Las provincias que reparten ocho escaños son especialmente importantes en una situación como la que ahora dibujan las encuestas. Con un 6% de voto, Vox podría quedarse sin representación en Almería, A Coruña, Asturias y Las Palmas. En cambio, con un 10% de votos conseguiría cuatro escaños allí.

Esas provincias de ocho escaños demuestran lo complicado que es hacer predicciones con la relación entre votos y escaños, porque el efecto cambia de dirección varias veces. Hemos visto que la suma de la derecha se beneficia en las provincias de ocho diputados si Vox crece del 6% al 10%, pero vuelve a caer si el partido sigue subiendo por encima de esa cifra (Vox no gana nuevo escaños, pero los votos que arrebata al PP y Ciudadanos sí les restan diputados).

Estos vaivenes no ocurren en las provincias que reparten muchos escaños. El caso más claro es Madrid, donde se reparten 36 escaños y el sistema se comporta prácticamente como uno proporcional: más votos se traducen en más escaños tanto para un partido como para un bloque. Allí importa muy poco como se reparten los votos entre posibles aliados. Si Vox sube o baja, cambiarán sus escaños, pero la suma con PP y Ciudadanos permanece casi inalterada.

En todos estos cálculos hemos asumido que la suma del voto de la derecha no cambiaba y era siempre del 49% que ahora apuntan los sondeos. Eso podría cambiar y abrir escenarios de gobernabilidad diferentes. PSOE y Podemos podrían sumar una mayoría solo si las encuestas diesen un vuelco de ocho puntos, aunque les valdría recuperarle tres puntos a PP, Ciudadanos y Vox para reducir drásticamente sus opciones de gobernar con una fórmula como la andaluza.

El País

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