Si no nosotros ¿quién?

Cultura · Juan Orellana
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23 noviembre 2011
Ambientada en la Alemania Occidental en los años sesenta, la película nos cuenta la relación entre los universitarios de Tubinga Bernward Vesper y Gudrun Ensslin, una relación que nace de su común pasión por la literatura, que se va orientando hacia el compromiso político, y que termina en la radicalización extrema y violenta, y en la autodestrucción. Gudrun está convencida de que el imperio americano es una forma de neofascismo que cuenta con la connivencia de las potencias europeas. Le reprocha a Bernward que se limite a escribir libros, cuando debería pasar a la acción, algo que ella hará aunque le suponga abandonar a su propio hijo por "la causa".

Dentro de la ola del nuevo cine alemán, que está propiciando una interesante revisión histórica del siglo XX, esta película de Andres Veiel retoma un tema que ya planteó frontalmente Uli Edel en 2008 con R.A.F. Facción del Ejército Rojo. En aquella cinta se abordaba la vida de los terroristas Ulrike Meinhof y Andreas Baader, y curiosamente Gudrun Ensslin fue la amante de Baader, como nos cuenta en su tramo final la película de Veiel. Así que podrían formar un díptico cinematográfico que enjuicia la misma realidad desde protagonistas diferentes. Además el estilo de ambos filmes no difiere demasiado. Andreas Baader fue el primer líder de la organización terrorista alemana Fracción del Ejército Rojo, comúnmente conocida como la Banda Baader-Meinhof.

Con el fondo -en imágenes de archivo- de la guerra del Vietnam, de la polémica visita del Sha de Persia a Alemania y la crisis de los misiles, este film retrata algunas de las utopías sesentayochistas, desde el amor libre a la revolución, y muestra las huellas mortales que la ideología dejó en quienes se entregaron a ella. Un film largo, denso y progresivamente amargo, duro en ocasiones, que testimonia la irracionalidad de las posiciones antisistema llevadas al extremo.

El film nos ofrece una gama de posiciones diversas. El radicalismo alienante de Baader, que rechaza incluso la vida privada como un vicio burgués (abofetea a Gudrum cuando llama por teléfono para saludar a su hijo); la posición más intelectual y pacífica de Bernward; el realismo prudente del padre de Gudrum, pastor protestante; y el posibilismo humano e inteligente de la directora de la cárcel: hay que hacer lo mejor que se pueda desde dentro. Gudrum va de la moderación al extremismo de Baader, y por ese camino se deja el marido, el hijo, la sexualidad, la familia y todo lo que merece la pena. El 21 de mayo de 1975, comenzó el "Juicio de Stammheim" contra Baader, Gudrum y Meinhof. Los tres se suicidaron. Una incontestable desmitificación de los ideales marxistas que se gestaron durante la guerra fría.

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