Ser joven en tiempos de pandemia: una realidad poliédrica

Entrevistas · Francisco Medina
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23 febrero 2021
Dialogamos con Ariana Pérez Coutado, una de las autoras del informe elaborado por la Fundación SM "Jóvenes españoles en 2021. Ser joven en tiempos de pandemia"

Recientemente, ha salido publicado el informe elaborado por la Fundación SM Jóvenes españoles en 2021. Ser joven en tiempos de pandemia, una indagación exhaustiva acerca de la realidad de los jóvenes en un contexto muy marcado por la pandemia del COVID-19. Dialogamos con Ariana Pérez Coutado, una de los que han participado en la elaboración del mismo, sobre esta realidad poliédrica.

En el informe se habla de una alta implicación en activismo online, pero una menor participación en acciones que impliquen un mayor compromiso personal y, por otro lado, la política no se encuentra, sin embargo, entre lo más valorado (todo lo contrario). Además, parece que la tecnología constituye un elemento fundamental en sus relaciones sociales y parece disminuir la importancia de los amigos y conocidos. ¿Estamos asistiendo a un crecimiento del individualismo, de la atomización o aislamiento en las relaciones entre los jóvenes?

Hay aquí diversos aspectos que merecería la pena tratar por separado. El primer dato a tener en cuenta es que la juventud es fruto del tiempo en que vive. No podemos considerarlo como algo aislado, aparte del conjunto de la sociedad. La cultura actual, desde el punto de vista sociopolítico, está fuertemente marcada por el individualismo, el consumismo y la competencia. Los jóvenes nos dicen que estos valores los entienden como negativos, pero también entienden que forman parte del contexto en el que viven y que es muy difícil vivir de una manera diferente.

Sobre la cuestión política, lo que observamos en este informe es un verdadero despertar político de los jóvenes. Cada vez se muestran más interesados por conocer lo que sucede en su país y también en lo referente a grandes retos como medio ambiente o la cuestión de la igualdad. Lo que ha variado es la forma de participar en política. No nos vamos a encontrar con una generación de jóvenes que vaya a reproducir los mismos patrones de participación que tenían generaciones precedentes, como militar en un partido o sindicato, etc. Su forma de participar es virtual, por eso vemos esa alta implicación online -más del 39% tiene este perfil-. No podemos entender esto como una manera menos importante de participar o implicarse política, es su forma de hacerlo. Tenemos que analizar a la juventud con la mirada puesta en estas nuevas dimensiones de participación política. Eso no significa que estén menos desvinculados, al contrario, cada vez lo están más.

En cuanto a la segunda cuestión de la tecnología, está absolutamente presente en sus vidas y no entienden las relaciones sociales al margen de ella. No la entienden. Además, este informe está hecho en pleno confinamiento, empieza el 11 de marzo. Estaban confinados en sus casas y la tecnología era la única manera de relacionarse con los demás. De ahí, la vital importancia que le dan. Pero, aun así, tienen una visión bastante crítica de la tecnología. Una de las preguntas les proponía valorar pros y contras, y ellos reconocían el valor de permitirles relacionarse pero también ven que se generan muchos malentendidos y que les cada vez les cuesta más controlar su propia imagen.

¿Qué pasa con el valor de la amistad? Pues bien, los resultados de este informe tienen un valor indiciario. Lo que sabemos es que, por tres preguntas cruzadas que aparecen en el informe: una es la cuestión de las importancias en la vida y vemos que en la serie histórica desciende el valor de la amistad. También vemos, cuando les preguntamos cómo ven a su generación “leales en la amistad”, vuelve a descender en la serie histórica, y ven a los amigos y conocidos como a los que se les dicen las cosas importantes.

Todo esto nos muestra que algo está pasando con el valor de la amistad, pero, a día de hoy sólo lo podemos considerar un resultado indiciario que tenemos que investigar, y de hecho será nuestro próximo gran tema de investigación. Todavía no tenemos datos que nos expliquen lo que está pasando, y tampoco sabemos si este resultado se debe al momento en que lo hemos recogido, cuando precisamente se estaban dando unas circunstancias muy específicas y complejas (por la pandemia del COVID-19), o si constituye una tendencia.

Si dentro de cinco años repetimos el mismo informe y vemos que sigue descendiendo, ahí sí tendremos un dato de tendencia y podremos decir que lo que parecía siempre uno de los grandes agentes de socialización juvenil, como son los amigos, es que algo está cambiando. Pero, a día de hoy, no sabemos si estos datos son algo circunstancial o, por el contrario, constituye una tendencia

Según los datos, parece que hay una mayor sensibilidad hacia las cuestiones de la igualdad (social y de género), el medioambiente o la educación. ¿Por qué puede decirse que la mayor sensibilidad para identificar estas cuestiones se da en mujeres jóvenes más inclinadas a la izquierda?

Todas las preguntas que forman parte del cuestionario las cruzamos con las principales variables sociodemográficas: género, nivel socioeconómico, ideología política, religiosidad… Hasta la elaboración de este informe, el género no marcaba excesivas diferencias; es decir, chicos y chicas prácticamente pensaban lo mismo sobre las principales cuestiones sobre las que preguntamos.

En este informe la situación cambia, y la posición de las mujeres vemos que tiene un perfil diferencial. Yo creo que para responder bien esta pregunta, habría que ir analizando una a una esas tres grandes cuestiones (igualdad de género, medio ambiente, desigualdad social), con un análisis desde el género y otro desde la ideología política, pero eso haría la respuesta muy larga y compleja.

Voy a centrarme en lo que es compartido. Las mujeres tienen un perfil mucho más sensibilizado con esas cuestiones sociales. La de género es obvia: ellas son las que sufren en primera persona esta desigualdad, por lo que es completamente entendible que estén especialmente sensibilizadas con la desigualdad de género. Aquí surge el análisis de la interseccionalidad, que surge de la teoría feminista, y según el cual, a partir de experimentar y tener una mejor comprensión de por qué suceden las desigualdades de género, se comprenden las otras que le siguen, como la desigualdad social o muchos de los problemas medioambientales que tienen su origen en cuestiones de género. En este sentido, creemos que a las mujeres jóvenes les puede estar sucediendo esto.

Tampoco debemos olvidar que el movimiento feminista ha tenido una eclosión en estos últimos años absolutamente impresionante, no solo en España, también en Iberoamérica y en el resto del mundo, y son las jóvenes las que se están poniendo, de alguna manera, al frente de este movimiento, como cogiendo el relevo a la generación de los años 70. Quizás bajo esta percepción más profunda y sensibilizada que están desarrollando las mujeres jóvenes, y de una participación mucho más activa -no solo en el movimiento feminista sino en el resto de movimientos-, pueda explicarse que ellas tienen una mejor comprensión de los problemas y una mayor sensibilización hacia ellos.

Y, en cuanto a un posicionamiento hacia la izquierda, ¿qué habéis visto en los resultados de vuestro informe?

Entendiendo la ideología política no solo en términos maniqueos sino como una cosmovisión, como una forma de entender la vida. Desde este punto de vista, siempre ha sido la izquierda tradicionalmente más relacionada con cuestiones sociales relacionadas con la igualdad y la ecología. Ya no solo las jóvenes sino también los jóvenes que se posicionan en esta ideología muestran más interés por esas cuestiones, y no sorprende, dado que es una realidad que se constata en toda la investigación social.

En el informe parece estar muy presente en la vida de los jóvenes la cuestión de la espiritualidad. Sin embargo, parece que, en el ámbito educativo, sólo un 3,9% de los jóvenes piensa que en los centros religiosos se dicen las cosas importantes. Como contraste, una mayoría (52,1%) tiene en cuenta esta dimensión espiritual con ocasión del fallecimiento de un ser querido o, como mucho, en los momentos difíciles de la vida. ¿En qué medida no es residual esta dimensión en ellos? ¿Puede hablarse de una auténtica secularización en los jóvenes?

Lo que está pasando es que una gran mayoría de los jóvenes rechaza el canon de creencias, de dogmas, marcados por una religión (en España, la religión católica). De alguna manera se sitúan fuera de ese canon de creencias y prácticas propias de las grandes religiones monoteístas. ¿Eso significa que no sean espirituales? No. Significa que están experimentando y viven la espiritualidad desde una identidad híbrida, sincrética. Pueden decirte que creen en Dios y, a la vez, en el karma o en las energías curativas. Están construyendo su propio marco espiritual, que en muchos casos es totalmente a la carta e individualizado. Pero este marco es muy importante en su vida cotidiana, pero es el suyo, el que ellos crean para sí mismo, tomando diferentes elementos. Una religión a la carta.

Sobre la secularización, en el informe decimos, como hipótesis, que estamos a las puertas de la cuarta gran ola de secularización en España en lo que se refiere a la juventud. De alguna manera, el número de jóvenes que se identifica como católicos sigue en su tendencia descendente -ya desde los años 80-, y en los últimos diez años es cada vez más marcada. Pero simplemente están rechazando o quedándose al margen de ese marco de creencias prefijado.

Acerca de la cuestión de la inmigración, según habéis constatado, parece haber cambiado, respecto de hace unos años, la percepción que los jóvenes tienen de los inmigrantes; sin embargo, esto parece chocar con otra percepción, igualmente importante, de que se les da demasiadas facilidades y que hay demasiados. ¿Qué cree que hay detrás de estos enfoques?

Para explicarlo, hay que separar el análisis de la foto fija (2021) del análisis de tendencias, la comparativa entre 2005 y 2021. Los datos de 2005 nos dicen que siguen estando presentes en buena parte de la juventud, no en la mayoría pero sí en una gran parte, ciertos estereotipos relacionados con la inmigración. Uno de ellos es pensar que hay demasiados emigrantes en España, lo que afirman en torno a un 50%.

Si analizamos esta foto fija con la tendencia de 2005, vemos que ha habido una progresión en términos de tolerancia en la juventud española. ¿Son los jóvenes de 2021 más tolerantes y abiertos a la inmigración que los de 2005? Indudablemente. En todas estas cuestiones (hay que respetar las costumbres de los inmigrantes, en España hay demasiados inmigrantes, etc…), todos hemos visto una progresión en positivo, tanto en las cuestiones referidas de alguna manera a una competencia por los recursos del país (empleo, servicios…) como en las cuestiones identitarias, más relacionadas con la cultura. Esta es la manera de explicar un dato que, a priori, puede parecer contradictorio pero no lo es, simplemente son dos marcos de análisis diferenciados.

Entremos en la cuestión del ocio. Parece que es muy valorado entre los jóvenes. ¿En qué medida es mayoritario el ocio tecnológico frente a la lectura? ¿Puede decirse que hay un incremento del interés por la cultura?

Respecto al ocio tecnológico, es la forma mayoritaria de ocio, sin lugar a dudas; y que ha ido, además, en progresión en nuestra serie histórica. Cada vez va ganando más protagonismo ver películas y series en internet, escuchar música, navegar por internet, televisión a la carta… El ocio tecnológico es indudablemente la forma de ocio principal. Y, dentro de ello, la opción mayoritaria es escuchar música (73%), ver películas y series (70%), navegar por canales e Internet (70%). Esto va en paralelo con el crecimiento de la lectura. No son datos contradictorios; una cuestión no excluye la otra, como pasa con el ocio de los adultos. En tu tiempo disponible puedes realizar muchas actividades distintas, no son en absoluto contradictorias.

Uno de los datos que más me ha sorprendido es que pensaba que la lectura digital iba a estar más reñida con el libro impreso, pero, en realidad, es lo contrario. Ellos siguen prefiriendo leer en papel y leer novela. Es un dato llamativo incluso para nosotros, que pensábamos que la tendencia iba a ser hacia el libro digital. Y no es así.

Llama la atención que mientras que, por un lado, afirman que vivirán una vida mejor que sus padres, por otro, un alto porcentaje vea difícil formar un hogar, ser autosuficiente y trabajar en lo que le guste. ¿Hay algún factor que explique que sean los jóvenes con peores condiciones socioeconómicas los que menos se planteen la posibilidad de ir a trabajar fuera?

La gran clave para entender que ellos opinen que van a vivir mejor que sus padres pero también que van a tener muchas dificultades es que piensan que van a poder vivir mejor que sus padres no en España, sino fuera de este país. Esa es la gran clave. La mitad de los jóvenes piensan que es bastante probable que tengan que emigrar para poder vivir mejor. Debemos entender que la migración actual es bastante diferente que los procesos migratorios de la población española en los años 60-80, cuando la persona migraba y prácticamente desaparecía del entorno social que había dejado atrás. Ya no es así hoy. Ahora se trata, más bien, de un proceso de movilidad transnacional. Ellos no dejan de estar presentes en la sociedad de la que proceden, constantemente están conectados con sus amigos y familia; es decir, no desparecen, y no necesariamente debe ser una migración permanente, de irse para no volver, no necesariamente tiene que ser así. Simplemente van a pasar unos años fuera y luego pueden volver, manteniendo esa identidad de su cultura de origen.

¿Se puede decir que existe una cierta pérdida de esperanza entre los jóvenes?

Precisamente, los datos nos arrojan un horizonte de esperanza. La de 2021 es una juventud muy consciente de las dificultades que va a tener que afrontar para construir su vida (tener un empleo estable, poder formar una familia, tener una vivienda…), pero, al mismo tiempo, es muy esperanzada y con muchas ganas de participar en la sociedad, de tomar esas grandes dificultades por los cuernos y enfrentarse a ellas. Lo vemos claramente en el tema político. Venimos de unas generaciones anteriores muy apáticas (esto es lo que nos ha tocado vivir, yo me preocupo por mí mismo para salir adelante y lo demás me importa bien poco). Esta generación es al contrario: aunque tenga muchas dificultades en este microcosmos en el que vivo, eso no me exime de ver toda la foto del contexto y saber que aun así soy un privilegiado.

Y, en este punto, volvemos a la primera pregunta. ¿Es una juventud más relativista, más atomizada y aislada? En absoluto, al contrario. Es una juventud más relacionada que nunca. Lo que pasa es que su forma de relacionarse es indudablemente diferente a la de generaciones anteriores, pero que sea diferente no significa que no exista. Frente a generaciones anteriores mucho más apáticas, a las que uno de nuestros investigadores llama generación-turista (yo a lo mío, que bastante tengo), ésta es una generación que se abre a intentar cambiar lo que está mal. De hecho, un gran ejemplo es el medio ambiente. Los jóvenes se han convertido en la conciencia del mundo (detrás de Greta Thunberg hay muchos jóvenes) y son los que están diciendo a los adultos que no podemos seguir por este camino.

Hay especialmente tres cuestiones: medio ambiente, igualdad de género y tolerancia hacia la diversidad, en las que ellos, como generación, sienten que pueden dar lecciones a las generaciones anteriores, y se lo dicen a sus padres y abuelos: “basta con esto; hay que cambiarlo, así no podemos continuar”. Son sus grandes banderas, siendo la visión tan negativa la que tienen de sí mismos. Cuando les preguntamos cómo se perciben como generación, se definen como consumistas, demasiados preocupados por la imagen… tienen una imagen muy negativa, salvo en estas tres cuestiones, donde han decidido dar un punto final y hacerlo de otra manera.

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