Secesión y religión en la Cataluña real

España · Francisco Pou
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3 noviembre 2014
Se llama Manel Simó, tiene 51 años y estos días se manifestaba en la Plaza Sant Jaume, frente a la Generalitat. El tema no era la secesión de Cataluña. Su pancarta era más directa a su problema: “vecinos del Raval, no queremos vivir en territorio musulmán, queremos nuestras raíces”.

Se llama Manel Simó, tiene 51 años y estos días se manifestaba en la Plaza Sant Jaume, frente a la Generalitat. El tema no era la secesión de Cataluña. Su pancarta era más directa a su problema: “vecinos del Raval, no queremos vivir en territorio musulmán, queremos nuestras raíces”.

Simó habla de violencia por parte de inmigrantes, y cómo su barrio (con dos mil años de personalidad) va cambiando su fisonomía. Su alma. “Nuestras costumbres y formas de vida han quedado relegadas”.

Esta misma semana se lanza la acción del 9N, difícil de calificar. Tan difícil de calificar que la publicidad oficial, en autobuses y metros, recuerdan la fecha. “Participa”, concluye, sin explicar en qué hay que participar si no está sujeto a la ley. La ley, los usos, a los que se refería Simó en su manifestación personal, las costumbres que ve cómo desaparecen. Si los “usos” no se observan en la vida real de un barrio de Barcelona, ¿qué se va a respetar en Cataluña cuando la aventura emprendida por los representantes legales es precisamente no legal?

¿Qué pasará tras el “9N” en Cataluña? En realidad nadie habla de referéndum, sino de “consulta”; una consulta partisana a la que mucha gente no acudirá, precisamente para no dar legitimidad a los que juegan ambiguamente con el cuerpo legal en el que vivimos. Hoy por hoy, en una Cataluña como Autonomía política con competencias crecientes, dentro del Reino de España que ha llevado en una aventura de convivencia en toda Europa, y en un proceso de superación de fronteras, aranceles, mercados, educación, etc. Tras el 9N veremos cómo mengua la fuerza de Convergencia tras el ridículo posicionamiento de Artur Mas. Artur Mas lleva dos años con una fijación: el proceso de secesión. Artur Mas no escucha a barrios y ciudades como a la que se refiere Manel Simó. Cuando han acudido a los inmigrantes, siempre ha sido con intención de conseguir su voto, que van a pedir segregando, en cambio, a los españoles que no residan ahora en Cataluña: ¿de verdad puede explicarse por qué no cuentan y sí que cuentan los últimos magrebís llegados a Cataluña por la larga hilera siempre presente en las autopistas?

Los partidos han escuchado poco. Convergencia es hoy, en la práctica, un movimiento secesionista con nulas propuestas de gobierno. La izquierda nacionalista de Esquerra Republicana es ya la primera fuerza política, esperando simplemente cuál es el momento “clímax” de ridículo de Artur Mas para pasar bandeja. Tampoco Socialistas ni PP han tenido algo que decir a gente como Manel Simó que habla de invasión “musulmana”. Los magrebís que llegan son vistos por Simó por su religión. Y la religión es algo de lo que no quieren hablar los partidos. Algo tendrá que ver la religión con nuestra personalidad, nuestra alma, cuando el sentido común de Simó habla de invasión “musulmana” (ni territorio ni idioma o país de origen, sino religión). ¿Acaso los usos y raíces de Simó no son comunes al proyecto de Europa, de España, de Cataluña? ¿Por qué no se habla de “raíces” y de cultura religiosa para describirnos (lo que une a un catalán y un gallego) y se describe la religión como definitoria del inmigrante?

¿Qué propuesta es la que podemos ofrecer en el barrio de Manel Simó? Lo que pase ahí tiene que ver con lo que pase el 9N. Lo que vote Manel Simó también. Si el debate habla de raíces, hablemos a fondo de quién está poniendo nuevas fronteras entre viejas raíces, con el voto también de los que vienen de fuera. Manel Simó, sin exclusiones, demuestra sentido común. El que podría empezar a crecer tras el enigmático 9N.

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