Sánchez, hipérbole de la desconexión

España · P.D.
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27 septiembre 2016
Sánchez se ha convertido en el paradigma del gran mal de la política española: una creciente desconexión de la realidad y una concepción del partido y del líder como un fin en sí mismo. El suyo es un ejemplo hiperbólico, llevado al extremo de lo ridículo si no fuera trágico, didáctico en su exageración: si las urnas me retiran el apoyo, se trata de fabricar unas urnas buenas, unas urnas que me pongan a salvo de la realidad. 

Sánchez se ha convertido en el paradigma del gran mal de la política española: una creciente desconexión de la realidad y una concepción del partido y del líder como un fin en sí mismo. El suyo es un ejemplo hiperbólico, llevado al extremo de lo ridículo si no fuera trágico, didáctico en su exageración: si las urnas me retiran el apoyo, se trata de fabricar unas urnas buenas, unas urnas que me pongan a salvo de la realidad. Para eso está la democracia directa, la convocatoria de primarias, la celebración de un Congreso. No importa que coincida con las fechas de la investidura, no importa que eso suponga unas terceras elecciones. Sánchez secuestra a su partido, deja a España sin Gobierno, se inventa una fractura ideológica interna y recurre a la democracia directa de los militantes. La democracia directa suele ser la solución menos democrática porque siempre plantea cuestiones previamente mediatizadas e instrumentalizadas por el líder.

El futuro del PSOE está seriamente comprometido. El PSOE que lo fuera de González y de Zapatero puede desaparecer. Puede desaparecer como el partido de Gobierno que, en alternancia con el PP, vertebra políticas constitucionales, realistas y eficaces. Todo eso puede saltar por los aires. El liderazgo de la izquierda puede ser asumido por Podemos. Pablo Iglesias, que se moviliza como los tiburones cuando huele sangre, ya nada hacía su víctima. A pesar de haber perdido terreno y de su división interna, ha visto en la crisis del PSOE una gran oportunidad. Buena parte del antiguo voto socialista en próximos comicios puede ir a la formación morada. Algunos restos urbanos decantarse por Ciudadanos y el resto a la abstención. Solo quedarán los fieles, cada vez menos. O la rebelión es intensa o el desastre está asegurado.

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