Editorial

Reencuentro en Cataluña

Editorial · Fernando de Haro
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31 agosto 2015
La ´reentrada´ en España está marcada por el calendario electoral. Queda menos de un mes para los comicios catalanes que los promotores de la independencia quieren plebiscitarios. La convocatoria electoral del próximo 27 de septiembre no es un referéndum. La ley y el Tribunal Constitucional dejan claro en qué casos se pueden celebrar referenda. Unas elecciones autonómicas son unas elecciones autonómicas. Pero del resultado de las elecciones del 27 de septiembre depende que dentro de unos meses se produzca o no una declaración unilateral de secesión.

La ´reentrada´ en España está marcada por el calendario electoral. Queda menos de un mes para los comicios catalanes que los promotores de la independencia quieren plebiscitarios. La convocatoria electoral del próximo 27 de septiembre no es un referéndum. La ley y el Tribunal Constitucional dejan claro en qué casos se pueden celebrar referenda. Unas elecciones autonómicas son unas elecciones autonómicas. Pero del resultado de las elecciones del 27 de septiembre depende que dentro de unos meses se produzca o no una declaración unilateral de secesión.

Es difícil en este momento predecir el resultado. Las encuestas apuntan a un empate entre las fuerzas partidarias de la independencia y las partidarias de una Cataluña española. Al final, es muy probable que sea la lista de Podemos la que decida. Los últimos sondeos señalan que hay una mayoría de catalanes que están en contra de la creación de un nuevo país. La inmediata salida del euro que supondría la independencia ha provocado ´deserciones´ entre los partidarios de la secesión. En cualquier caso estamos ante una sociedad dividida por la mitad, donde la polarización política se ha trasladado hasta lo más íntimo de las familias. Hay cosas de las que ya no se puede hablar salvo que se esté rodeado de los que son afines.

Hay razones suficientes para afirmar que es preferible una Cataluña española que una Cataluña independiente. Razones de titularidad de soberanía, razones históricas, razones económicas. La unidad es un bien. Y en este caso la unidad es una garantía de mayor libertad. Libertad para las personas, para las células sociales.

El hecho de que sea más razonable la unidad no impide que se escuchen y se intenten comprender las razones que llevan a algunos a defender la independencia. Detrás de esas razones no solo hay un sistema de ideas que rebatir o que vencer sino personas que canalizan sus aspiraciones de felicidad y de plenitud humana a través de un proyecto político. Es evidente que la forma del Estado, sea cual sea, no estará nunca a la altura de la profundidad de ese deseo.

Pero las aspiraciones, compartidas en su raíz última por los partidarios de una Cataluña española y de una catalana, dan forma a un territorio común que es necesario explorar. Un territorio desconocido porque de las cosas que tienen que ver con la felicidad y con el sentido de la vida es de lo último de lo que se habla. Todos estamos sometidos a esa censura diabólica. La ideología, el poder, pretende impedirnos que nos reconozcamos en ese río silencioso y obstinado que nos lleva a tomar parte por una u otra solución. Los detalles de las dos opciones deben ser debatidos. Pero debemos iniciar también una conversación, todavía inédita, sobre qué buscamos al sostener nuestras posiciones.

El otro, sosteniendo una posición diferente a la mía, es un bien. No solo porque purifica mis argumentos. Escucharlo me permite entenderme mejor, me ayuda a liberarme de la ideologización. En el otro, como en mí, la opción política nace, aunque sea de un modo inconsciente, de la inmensidad del deseo humano. Recorrer el camino que lleva de la política al deseo y del deseo a la política nos libera de la angostura de las ideas siempre previsibles, siempre construidas a nuestra medida.

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