Recuperar las raíces cristianas de Jerusalén

Mundo · Robi Ronza
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14 marzo 2016
Este jueves 17 de marzo se inaugura en Jerusalén la primera sección del Terra Sancta Museum. A menos de diez años desde que se empezó a barruntar, a pesar de todo lo que entretanto ha pasado en Oriente Próximo y a pesar del impacto de la crisis económica internacional en la disponibilidad de los potenciales donantes, la Custodia de Tierra Santa, su ONG Pro Terra Sancta y el Studium Biblicum Franciscanum de Jerusalén han conseguido completar la primera fase del proyecto.

Este jueves 17 de marzo se inaugura en Jerusalén la primera sección del Terra Sancta Museum. A menos de diez años desde que se empezó a barruntar, a pesar de todo lo que entretanto ha pasado en Oriente Próximo y a pesar del impacto de la crisis económica internacional en la disponibilidad de los potenciales donantes, la Custodia de Tierra Santa, su ONG Pro Terra Sancta y el Studium Biblicum Franciscanum de Jerusalén han conseguido completar la primera fase del proyecto.

Se trata de una iniciativa de altísimo significado, que merece la atención y el apoyo de los cristianos del mundo entero. Como saben todos aquellos que han peregrinado a Jerusalén, hasta hoy la fascinación objetiva de los lugares santos no se correspondía con una disponibilidad adecuada por parte de exposiciones en los museos modernos ni de instrumentos multimedia que ayudaran al peregrino, por un lado, a imaginarse la Jerusalén de los tiempos de Jesús, y por otro a caer en la cuenta de la historia bimilenaria tan dramática que Tierra Santa ha tenido a lo largo de los tiempos. Con la perspectiva de tomar más conciencia del compromiso adquirido a través de los siglos para que el camino de peregrinación en Palestina siga abierto también para los cristianos de Occidente, y en particular para los católicos latinos.

En una ciudad donde hoy, comprensiblemente, la impronta musulmana y la hebrea predominan, pero donde el grueso de los flujos de peregrinación está formado por católicos latinos, parecía razonable una intervención de reequilibrio, que de hecho no ha encontrado oposición. Por otro lado, la Custodia de Tierra Santa –es decir, la provincia sui generis de los hermanos franciscanos que, por impulso del propio san Francisco se ocupa desde el siglo XIII de los lugares santos– ya disponía de ingentes depósitos de hallazgos arqueológicos y edificios históricos situados dentro de los muros de la ciudad vieja de Jerusalén, que tanto por su carácter como por su situación se prestaban perfectamente a convertirse en sede de dichas exposiciones y proyecciones multimedia.

Se pensó, por tanto, ofrecer a los peregrinos que recorren la Vía Dolorosa en Jerusalén, es decir, el camino de Jesús hasta el lugar de su crucifixión, dos espacios distintos. El primero en el convento de la Flagelación, no muy lejos del punto de partida de los Via Crucis donde participan casi un millón de peregrinos al año. Esta es la sección que se inaugura este jueves. Se trata de lo que técnicamente se llama un “ambiente de inmersión multimedia”, un conjunto de imágenes y sonidos que, en el arco de 15 minutos, conduce al visitante a descubrir Jerusalén tal como era en la época de la Pasión de Jesús, y luego le acompaña a través de los siglos recuperando imágenes, oraciones y cantos de los peregrinos de todos los tiempos, hasta hoy. En el mismo convento de la Flagelación se instalará más adelante un museo arqueológico donde serán expuestos objetos hallados en las excavaciones y estudios de los hermanos arqueólogos de la Custodia.

En el convento de San Salvador, mucho más adelante en el itinerario que conduce hasta la Basílica del Santo Sepulcro, tendrá su sede un museo donde los visitantes podrán hacerse una idea concreta de la presencia plurisecular de los franciscanos en Tierra Santa. Este museo albergará colecciones de arte sacro, orfebrería, manuscritos y ropajes de los que dispone la Custodia. Entre otras cosas, se pondrán a la vista del público antiguos cálices, copones y otros utensilios de oro y plata para uso litúrgico, regalo de los reyes de Francia a la Custodia, que son los únicos objetos de este tipo que han llegado hasta nuestros días, pues en los años de la revolución todos los objetos valiosos fueron saqueados y fundidos.

En su conjunto, se prevé que esta iniciativa cueste 3.300.000 euros, entre trabajos de restauración, instalación y mobiliario. La mayor parte del gasto se refiere a los dos museos (1.415.000 euros para el arqueológico y 1.720.000 para el de la Custodia en el convento de San Salvador). Definiendo esta obra como un “instrumento universal para la divulgación de la cultura cristiana”, el Custodio de Tierra Santa, el padre Pierbattista Pizzaballa, ha puesto en marcha una colecta internacional para la recogida de fondos. Para contribuciones de cierto valor, se ofrece la dedicación de secciones o salas en los museos a nombre de los donantes, ya sean personas físicas o jurídicas o instituciones.

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