Entrevista a Alicia Miyares

´¿Realmente los deseos pueden estar por encima de los derechos?´

Mundo · Fernando de Haro
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8 febrero 2017
Últimamente se habla mucho de los vientres de alquiler, sobre todo porque hay quien quiere en el Partido Popular que se debata. Hay quien lo defiende, hay quien lo critica. He leído con mucho interés un manifiesto firmado por un grupo de feministas, el grupo Notable. Un manifiesto con el que yo personalmente no coincido en todo, pero que me ha parecido muy provocativo. Una de las personas que ha apoyado este manifiesto, titulado “No somos vasijas”, es Alicia Miyares, filósofa, ensayista, escritora, con una trayectoria feminista acreditada.

Últimamente se habla mucho de los vientres de alquiler, sobre todo porque hay quien quiere en el Partido Popular que se debata. Hay quien lo defiende, hay quien lo critica. He leído con mucho interés un manifiesto firmado por un grupo de feministas, el grupo Notable. Un manifiesto con el que yo personalmente no coincido en todo, pero que me ha parecido muy provocativo. Una de las personas que ha apoyado este manifiesto, titulado “No somos vasijas”, es Alicia Miyares, filósofa, ensayista, escritora, con una trayectoria feminista acreditada.

Lo primero que ustedes dicen en este interesante manifiesto es que no se utilicen eufemismos en esta cuestión, que no se hable de “gestación subrogada” sino que se le llame a esto por su nombre. ¿Por qué son ustedes tan críticas con esto del eufemismo?

Evidentemente, cuando tú utilizas, para referirte a una mujer embarazada, el término “gestante”, cuando omites la palabra embarazo y hablas de “gestación”, lo único que quieres hacer es que las personas que se enfrentan a esta situación por primera vez no tomen conciencia de que estamos hablando de una mujer embarazada, de un embarazo y de un parto. Lo de la “gestante” últimamente empieza a sonar como un árbol frutal.

También critican lo de “alquilar” o “comprar”, que esto es una mercantilización de la mujer. Hablan ustedes claramente de un neoliberalismo que mercantiliza y usan una expresión muy interesante, la “cosificación” de las personas. ¿Es la transformación del ámbito de lo humano en un producto mercantil?

En esta práctica de vientres de alquiler, es eso. Cuando tú utilizas un lenguaje donde no quieres hablar del proceso de embarazo ni parto, sino que hablan de eso tan extraño que la gente no entiende, ¿qué es eso de la gestación subrogada? Se trata de que las personas no tomen conciencia de que estamos hablando de que una mujer, por contrato, antes de que se produzca el embarazo ha de renunciar a sus derechos de filiación y custodia para cedérselo a terceras personas. Eso es de lo que estamos hablando.

Renuncia a su hijo y vende un servicio que es algo que no se puede contratar como prestación de servicios. No todo es prestación en la persona, ¿no?

Totalmente de acuerdo. Nosotras precisamente salimos en su momento para decir que la práctica de los vientres de alquiler tiene unas consecuencias éticas y jurídicas que de momento todavía nadie quiere hablar de ellas. ¿Realmente como sociedad no vamos a poner un límite a lo que se pueda comprar y vender? Estamos hablando de personas. No estamos hablando solo de una mujer embarazada sino también de una criatura que nace. ¿Y realmente vamos a aceptar que esto se mercantilice? Hay una cosa en los defensores de esta práctica que realmente llama la atención. Le llaman técnica de reproducción asistida. Yo pregunto, sobre todo a las que son madres: ¿realmente el embarazo es una técnica?

El embarazo es una relación que tú tienes con tu hijo o hija.

Niegan. En el fondo están negando el vínculo.

Comercializando el vínculo.

Eso por supuesto. Pero esa es una implicación ética que, como sociedad al menos, debemos plantearnos. Luego está la implicación jurídica, de la que nadie quiere hablar.

¿Y cuál es la implicación jurídica?

Que mediante un contrato privado se acepte que las personas puedan renunciar a su derecho de filiación y custodia, antes de que se produzca el embarazo. Es una barbaridad.

Ese es un derecho que no es renunciable, es un derecho inherente a la persona. Es como si nos contratásemos como esclavos, si se me permite la comparación. Yo no puedo contratarme un esclavo, aunque lo quiera, ¿no?

Así es. Ha dado usted en el clavo. Si aceptamos este tipo de contratos, donde lo que se contrata es la renuncia de derechos, ¿dónde está el límite? ¿Por qué alguien no puede contratar a alguien que, a cambio de comida y techo, vende su trabajo?

Y alguien en una situación desesperada puede decir: “no me queda más remedio que renunciar a este derecho”. Pero para eso está el ordenamiento jurídico, ¿no? Para que haya derechos a los que no se pueda renunciar.

En principio para eso debería estar. Hay una banalización por parte de los partidos políticos a la hora de abordar esta cuestión que llama cuanto menos la atención. Cómo es posible que para satisfacer el deseo de ser padres, el deseo de ser padres se pueda poner por encima de los derechos de filiación y custodia.

Este es un tema muy interesante porque indica que hay deseos subjetivos que tienen que encontrar un cierto límite.

Así es.

Pero a veces tenemos dificultad para reconocer esto, que los deseos son muy importantes, pero hay límites a esos deseos. Es un debate que a veces no formulamos con claridad.

Este debate precisamente pone eso de relieve. Una serie de personas que dicen: por encima de cualquier derecho está mi deseo. Y luego yo creo que la manera política de abordarlo se está banalizando. Siento tener que decir esto, pero las personas que se muestran favorables a ello desde la esfera política creo que se han quedado con los programas televisivos rosas donde aparecen famosos con sus criaturas.

Pero no miran la otra parte, la mujer que, por razones seguramente económicas, acepta un tipo de contrato de este tipo.

Ese es el debate. ¿Realmente los deseos pueden estar por encima de los derechos? O peor aún, ¿puede el derecho de algunos anular los derechos de otras personas?

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