Razones para la confianza en un gobierno

España · PaginasDigital
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2 mayo 2015
Estos días de fin de semana más largo de lo habitual (recordemos que el Día del Trabajo es una festividad de carácter universal) nos permite detenernos para reflexionar sobre las razones que deben llevar a los italianos a confiar en su gobierno actual. Un gobierno que, claro está, se identifica de manera fundamental con la figura de Matteo Renzi, su Primer Ministro. Un político controvertido que ha insuflado aire nuevo a una política demasiado anquilosada y totalmente ensimismada en unos años gloriosos que quedaron atrás hace ya mucho tiempo. La Italia actual no sólo no es la de los años ochenta: tampoco es la de los noventa. Más bien, es un país que se ha estancado de tal manera que recuerda a épocas pasadas bastante menos boyantes si no fuera porque todavía conserva elementos de ese pasado, como decimos, glorioso.

Para comenzar, hay que señalar que hacía mucho tiempo que no se veía a un político tan activo y con tantas ganas de cambiar las cosas como Matteo Renzi. Lo más parecido que podemos encontrar es el Romano Prodi de los años 1996-98, aquel que obró el miagro de que Italia entrara en la moneda única cuando lo tenía prácticamente imposible. Prodi fue capaz en tan sólo de dos años de cumplir con todos los objetivos marcados por el Tratado de Maastricht, con la excepción de la deuda nacional, y además lo supo hacer desde la transmisión a los italianos de una visión realista. Claro que Prodi contaba, a diferencia de Renzi, con una cómoda mayoría parlamentaria que le había proporcionado su victoria en las elecciones generales de 1996 sobre Silvio Berlusconi, en aquellos tiempos donde el país se dividía entre una coalición de centroizquierda y otra de centroderecha.

En ese sentido, Matteo Renzi inició su mandato de manera fulgurante: aprobación en la Cámara de Diputados de una nueva ley electoral (precisamente la que tiene que recibir ahora su definitiva aprobación), supresión de entes públicos innecesarios, bajada de impuestos para que las rentas menores pudieran disponer de mayor capacidad de consumo, bajada igualmente de sueldos para los directivos de los organismos públicos (personas excesivamente bien remuneradas para la labor que realizaban) e inicio de la tramitación de un proyecto con el que cual se pretendía suprimir el llamado ´bicameralismo perfecto´ en aras a lograr una acción legislativa mucho más eficaz. La consecuencia de todo ello fue que, tan sólo tres meses después de acceder a la jefatura del gobierno, Matteo Renzi cosechaba una sonora victoria en las elecciones europeas de mayo de 2014, con más de un 40% de los votos, una cifra no lograda ni por el mejor Berlusconi (sólo la Democracia Cristiana había logrado algo parecido).

Desde entonces, Renzi siguió con su incansable labor para cambiar el país: reforma del mercado de trabajo, más reducción del gasto público y aprobación en el Senado del proyecto de ley electoral. Una ley electoral que, por cierto, seguía el modelo español en el sentido de conformar un sistema bipartidista que diera estabilidad a un país donde los pequeños partidos eran los que llevaban a la dificultad de llegar a acuerdos, en una situación que recuerda mucho a los inestables años de la II República española. Hoy en España el bipartidismo está a punto de convertirse en Historia debido a la ineficacia de los dos principales partidos (PP y PSOE) y los altísimos niveles de corrupción, pero debe recordarse que ese mismo bipartidismo ha otorgado a España la etapa de mayor estabilidad y prosperidad de su Historia reciente: entre 1982 y 2007, con la excepción de los años 1993-96, España no hizo más que crecer hasta llegar a ser una de las diez mayores economías mundiales.

Sin embargo, esos mismos años han sido de retroceso para Italia, y esto es lo que Renzi intenta cambiar. El país ya se encuentra en la senda del crecimiento después de arrojar crecimientos negativos en 2011, 2012, 2013 e incluso 2014. Renzi es un político bien considerado en las instituciones europeas, que reconocen su talante reformista y su lucha por intentar cambiar una dinámica muy negativa en la que Italia entró en 2001 a partir de los gobiernos de Berlusconi, y en la que la izquierda tampoco ha aportado nada positivo. Por eso hacer caer ahora al Gobierno de Renzi no serviría para nada, sino sólo para retroceder una vez más, e Italia lleva ya demasiados retrocesos a sus espaldas. La semana que viene veremos qué pasa, pero Matteo Renzi lo dijo muy claro: las mociones de confianza están para eso, y si a él no le dejan seguir cambiando a su país, se va a casa con la tranquilidad del que lo ha intentado. Los diputados italianos, y en particular los del Partido Democrático, tienen la última palabra.

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