Razones para anticipar elecciones y razones para retrasarlas

España · PaginasDigital
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19 diciembre 2016
Desde que fuera nombrado el nuevo gobierno, la política italiana ha entrado en una dinámica de constante alteración porque a la legislatura le queda un máximo de un año y tres meses de vida en un país donde, por otra parte, muchas de las últimas legislaturas no han llegado a los cinco años de vida máxima que pueden tener. Recordemos, por ejemplo, que a pesar del exitoso gobierno de Bettino Craxi a comienzos de los ochenta, la legislatura en la que fue Primer Ministro no llegó a su quinto año de vida (transcurrió entre 1983 y 1987). En tiempos más cercanos, conviene recordar la legislatura de 2006-08, que ni siquiera llegó a los dos años enteros de vida. Todo ello sin olvidar que tras suceder Tangentopoli y Mani Pulite, Italia vivió tres elecciones generales en solo cuatro años: las de 1992 (que eran las que tocaban porque la legislatura se había iniciado, como hemos dicho antes, en 1987); las de 1994 (con dos gobiernos, el de Amato y el de Ciampi); y las de 1996 (con otros dos gobiernos a su vez, el primero de Silvio Berlusconi y el de Lamberto Dini). De tal manera que desde 1983, y ya han pasado casi tres décadas y media, Italia solo ha conocido tres legislaturas completas: las de 1996-2001, la de 2001-06 y la de 2008-13. Sin olvidar que en la primera, aunque fuera enteramente gobernada por el centro-izquierda, conoció a tres primeros ministros diferentes: Romano Prodi (1996-98), Massimo D´Alema (1998-2000) y Giuliano Amato (2000-01). Y, a su vez, que la de 2008-13, aunque solo constara de dos gobiernos, hubo de pasar por la dimisión forzada de Silvio Berlusconi en noviembre de 2011 y por la formación de un gobierno enteramente ´tecnocrático´ encabezado por Mario Monti. Una vez más, puede pasar cualquier cosa. 

En principio, tres son los principales interesados en que haya ya elecciones: el Movimiento Cinque Stelle y la Liga Norte, por un lado, ya que se consideran muy reforzados por la derrota de Matteo Renzi en el referéndum; y el propio exPrimer Ministro, por otro lado, porque así se evita tener que pasar por primarias o, en el caso de haberlas, sabe que no hay rival alguno que, a día de hoy le pueda derrotar, además de que considera que el hecho de que le votaran cuatro de cada diez italianos podría transformarse en una victoria electoral en caso de haber comicios anticipados.

Frente a ellos se sitúan el NuovoCentrodestra (NCD) de Alfano, cuya identidad no está nada clara después de haber funcionado más como una correa de transmisión del PD que como un partido con personalidad propia. En el fondo, Alfano y los suyos esperaban poder ocupar el lugar de Berlusconi, pero la realidad es que éste aún sigue en la escena política y con la designación de Stefano Parisi espera que su formación siga liderando la coalición de centroderecha. Así que Alfano tendrá que ver lo que hace, pero, como partido independiente corre el riesgo de quedarse fuera del Parlamento, y no parece que Berlusconi, quien siempre le considerará su mayor traidor, le permita formar parte de la coalición de centroderecha a no ser que crea que el NCD pueda reforzarla.

Precisamente hablando de Berlusconi, a este tampoco le convienen elecciones anticipadas. Su decisión de reaparecer para hacer caer a Renzi ha dejado en un segundo plano a Parisi, que se supone que desde septiembre tenía el control del partido. Seguramente después de esto Parisi, ahora sí, será el líder definitivo de Forza Italia (Berlusconi siempre va a necesitar a su partido fuerte para que este le pueda proteger de la accíón de la Justicia y beneficiar sus negocios), pero desde luego va a necesitar un buen tiempo para darse a conocer a fondo en toda Italia, ya que de momento solo saben quién es en la región de Lombardía (no olvidemos que Parisi nunca formó parte de ningún gobierno de Berlusconi), donde estuvo a punto de ganar la alcaldía en junio pasado.

Pero, más allá de intereses particulares, no hay que olvidar que en un régimen como el italiano, donde es el Presidente de la República quien tiene la potestad de disolver las cámaras y convocar elecciones, será Sergio Mattarella quien decida cuándo se convocan elecciones. Y para ello será fundamental lo que negocie con las principales entidades financieras y con las instituciones comunitarias, y, muy en particular, el acuerdo al que llegue con Mario Draghi, Presidente del Banco Central Europeo (BCE). La banca italiana está cada vez más urgida de un saneamiento en profundidad pero, si este se lleva a cabo de una manera brusca, la consecuencia puede ser que el populismo de Cinque Stelle, tan temido en los sectores financieros (no olvidemos que es un declarado partido anti-euro), se haga con el poder y lleve a Italia a una hecatombre como la que está generando la alcaldesa Virginia Raggi en Roma, siempre dejando claro que Raggi llegó a un ayuntamiento, el de la capital italiana, con gravísimos problemas de los que ella no tenía ninguna culpa porque venían de mandatos anteriores.

Lo que parece claro es que vamos a vivir un período de tregua hasta el 24 de enero, cuando el Tribunal Constitucional se pronuncie sobre la constitucionalidad o no de la ley electoral conocida como Italicum. Esa ley gusta tanto a Renzi (que es su autor) como a Cinque Stelle, así que en ese momento, en caso de que la ley fuese considerada válida, algunas de las más importantes fuerzas políticas comenzarían a urgir a que se aprobara una ley complementaria para el Senado. Mucho más peliagudo es el asunto de una posible derogación de la reforma laboral después de que el principal sindicato italiano, la CGIL, recopilara tres millones y medio de firmas exigiendo su derogación, algo sobre lo que también tendrán que pronunciarse los tribunales. Por todo ello, no resulta de extrañar que, mientras el miércoles el ministro Polletti dijera que las elecciones serían seguramente en primavera, al día siguiente (tras conocerse los temas de corrupción en los ayuntamientos de Milán y Roma) se dijera que éstas se celebrarían, como mínimo, pasado el verano. Veremos qué sucede, pero en todo caso parece muy claro que Italia se ha situado en un escenario preelectoral y por ello la cuestión es saber cuándo pasaremos de preelectoral a electoral. El tiempo lo dirá.

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