Quién lucha contra el Isis en Mosul

Mundo · Giovanni Parigi
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16 noviembre 2016
Mosul, la antigua Nínive, está dividida en dos por el Tigris y se asienta en una llanura fértil entre el desierto y los montes del Kurdistán. En sus ocho mil años de vida ha visto librarse infinitas batallas y a numerosos pueblos acercarse a sus tierras, hasta el punto de que todavía hoy, en cierto modo, se puede considerar a esta ciudad como una especie de monumento erigido en un cruce de fronteras inciertas y conflictivas en Oriente Medio.

Mosul, la antigua Nínive, está dividida en dos por el Tigris y se asienta en una llanura fértil entre el desierto y los montes del Kurdistán. En sus ocho mil años de vida ha visto librarse infinitas batallas y a numerosos pueblos acercarse a sus tierras, hasta el punto de que todavía hoy, en cierto modo, se puede considerar a esta ciudad como una especie de monumento erigido en un cruce de fronteras inciertas y conflictivas en Oriente Medio.

Mosul marca el punto de fricción entre la franja árabe y la kurda; y también entre las provincias sunitas, nostálgicas del expresidente Saddam Hussein, y el gobierno de Bagdad, dominado por los chiítas. Es también la línea del frente entre las fuerzas del califa, que proclaman la restauración del califato de la gran mezquita de Al-Nuri, y sus numerosos enemigos, divididos en todo excepto en su lucha contra el Estado Islámico. Por último, la ciudad es el punto de cruce entre los intereses de Turquía, Irán, Estados Unidos y sus aliados locales. Por tanto, en la batalla que se está librando para reconquistar Mosul, detrás del objetivo común de eliminar al Isis, se esconde una peligrosa heterogeneidad de fines, que plantean una grave incógnita sobre la futura estabilidad de la zona.

Si analizamos la composición de las tropas sobre el terreno, la complejidad de la situación es muy evidente. De hecho, en el frente sur se encuentran la 15ª división del ejército iraquí, la policía federal y sus fuerzas especiales, que actúan con el apoyo de la artillería americana. Su objetivo es, básicamente, avanzar por el eje que lleva hasta el aeropuerto de Mosul. Al sureste, en el eje de Khuwair, están las fuerzas kurdas y la 1ª y 9ª divisiones del ejército iraquí, que avanzan por la autopista de Bagdad al oeste del Tigris; con el apoyo de fuerzas francesas y de la 9ª división acorazada iraquí, mientras que a sus espaldas el territorio liberado parece estar bajo control de las milicias cristianas, dada la presencia de pueblos cristianos.

En cambio, en el frente este avanzan los peshmerga kurdos, seguidos por la “División de Oro”, la punta de diamante de las fuerzas iraquíes, formada por unidades del servicio antiterrorista. Al noreste, en el eje de Bashiqa, con presencia turca, están los peshmerga, pero en la base de Zilkan actúan varios miles de militares turcos con el apoyo de casi 3.500 milicianos sunitas locales, armados por Ankara y guiados por Atheel al-Nujaifi, exgobernador suní de la provincia. Por otro lado, la presencia de tropas turcas se ha visto abiertamente obstaculizada por el gobierno de Bagdad, pero Turquía se niega a retirarlas y la tensión entre ambos países es altísima. Al norte y noroeste están las posiciones de la 16ª división iraquí, algunos batallones antiterroristas y otros peshmerga. Al oeste, en el eje hacia Tel Afar, hay milicias chiítas de las fuerzas de movilización popular (Hashd el-Shaab) apoyadas por Irán.

Las estimaciones de conjunto son extremadamente aproximativas, pero sobre el terreno podría haber al menos cien mil hombres. Lo que llama la atención es la debilidad de las fuerzas del Estado Islámico, estimadas entre 3.000 y 7.000 hombres, incluido un millar de combatientes extranjeros. El hecho de que unos pocos miles de milicianos tengan aún bajo control una ciudad de casi un millón y medio de habitantes demuestra el estado de terror creado entre la población por el Isis.

El plan de la coalición implicada en la operación de Mosul contempla un cerco progresivo de la zona urbana de la ciudad, con la conquista de decenas de pueblos circundantes. La ofensiva avanza mediante una serie de ataques simultáneos por casi todas direcciones, y ahora las fuerzas iraquíes avanzan por el este hacia el centro de la ciudad, mientras que en el sur el avance es lento. Todo ello con el apoyo aéreo de las fuerzas occidentales.

En realidad, el éxito de la operación depende de que se mantenga un acuerdo político en virtud del cual, para conquistar la ciudad, solo puedan estar las tropas regulares de las fuerzas armadas iraquíes. Por lo demás, la entrada de paramilitares chiítas o de los peshmerga kurdos desataría fácilmente enfrentamientos entre las diversas facciones y abriría demasiadas incógnitas para el futuro.

De momento, la resistencia opuesta por las fuerzas yihadistas ha sido menos dura de lo que se esperaba. En realidad, la reacción del Estado Islámico aumentará proporcionalmente a medida que se acerquen al centro de la ciudad, donde la densidad urbana, la concentración de civiles y las defensas dispuestas en dos años harán más lento y sangriento el avance. Las milicias “califales” tratan de evitar grandes aglomeraciones y largas defensas, que les expondrían a la amenaza aérea. Actúan más bien en grupos pequeños, moviéndose por túneles, con ataques rápidos y huidas, utilizando a la población como escudo, empleando francotiradores, vehículos explosivos conducidos por kamikazes y detonaciones improvisadas. Es de esperar que, bajo presión, las fuerzas yihadistas hagan saltar por los aires los cinco puentes de la ciudad, concentrándose en la zona oeste.

Una vez conquistada la ciudad, como sucedió en a Falluja y Ramadi, el gobierno intentará garantizar el control mediante fuerzas policiales y paramilitares locales, mientras que los milicianos del Isis volverán presumiblemente a tácticas de insurgencia. Pero en este punto surgirán tres problemas. Ante todo la incógnita suní, con su población, que habría que reintegrar en el Estado, pues hasta ahora perduran la marginación y la persecución política y económica, razones por las que los sunitas apoyaron inicialmente al califato. En segundo lugar, se plantea el problema de la reconstrucción económica e institucional. Si por un lado Bagdad difícilmente podrá aceptar proyectos sunitas de descentralización y autogobierno local, por otro el gobierno central carece de recursos financieros para reconstruir la ciudad. Por último, las presiones kurdas y chiítas, complicadas por la influencia iraní y turca, corren el riesgo de reavivar los enfrentamientos y la tensión política y militar. Tras la batalla militar, dará comienzo la batalla por el futuro de la ciudad.

Oasis

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