Entrevista al padre Ibrahim, párroco en Alepo

Qué significa vivir con las bombas sobre nuestras cabezas

Mundo · P.V.
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27 diciembre 2015
Una Navidad con miedo para los cristianos de Alepo. La segunda ciudad más grande de Siria está dividida en tres zonas controladas respectivamente por el gobierno, los rebeldes y los kurdos, mientras que la periferia este ha caído en manos del Isis. El pasado 25 de octubre los rebeldes lanzaron una bomba sobre la cúpula de la iglesia justo en el momento de la comunión. De milagro, la cúpula resistió y la bomba estalló en una cubierta lateral, causando decenas de heridos. Hablamos con su párroco, el padre Ibrahim Alsabagh.

Una Navidad con miedo para los cristianos de Alepo. La segunda ciudad más grande de Siria está dividida en tres zonas controladas respectivamente por el gobierno, los rebeldes y los kurdos, mientras que la periferia este ha caído en manos del Isis. El pasado 25 de octubre los rebeldes lanzaron una bomba sobre la cúpula de la iglesia justo en el momento de la comunión. De milagro, la cúpula resistió y la bomba estalló en una cubierta lateral, causando decenas de heridos. Hablamos con su párroco, el padre Ibrahim Alsabagh.

¿Cómo vive la Navidad la comunidad latina de Alepo?

La situación política y militar aquí es muy preocupante. Hay muchas partes implicadas, cada una con sus propios objetivos, y los cristianos se sienten en el ojo del huracán. Muchas veces viven con esperanza, pero pronto se desvanece. Falta un acuerdo entre las potencias extranjeras que han intervenido en Siria, y eso supone que se perpetúe este proceso de muerte, destrucción y pobreza. A medida que se va avanzando, el peso sobre las espaldas de la gente se hace más pesado y el sufrimiento aumenta. No se ve una vía de salida y muchas familias abandonan el país.

¿Qué hace la Iglesia de Alepo para responder a esta situación?

La Iglesia de Alepo intenta atender a los hombres heridos que sufren, respondiendo a las necesidades primarias de la gente. En la ciudad hay mucho por hacer. Faltan el agua y la electricidad, hasta el punto de que ha sido necesario montar generadores eléctricos por la calle. No hay trabajo, en los hospitales no hay dinero para medicinas ni para las operaciones quirúrgicas.

¿Es posible la esperanza en una situación tan dramática?

Al comienzo del Jubileo de la Misericordia hemos abierto la puerta santa de nuestra iglesia, que dio inicio a los preparativos de la Navidad. Todos los fieles vinieron a confesarse, como pidió el Papa. Para los cristianos de Alepo, el año de la misericordia es algo muy hermoso y profundo, lo viven en su corazón como un nuevo inicio.

¿Qué es lo que más les preocupa?

Sabemos que durante la misa, sobre todo en los días de fiesta, puede caer un misil en la iglesia en cualquier momento. Por tanto, los fieles siempre sienten preocupación, pues temen que pueda repetirse lo que pasó el pasado 25 de octubre.

¿Puede contarnos qué pasó?

Aquel día, durante la misa dominical, en el momento de la comunión, mientras el coro cantaba “Levanto mis ojos a los montes”, oímos un ruido encima de la iglesia. No hicimos mucho caso porque pensamos que no era nada preocupante, pero en diez segundos la iglesia se llenó de polvo, fragmentos de cristal y piedras que empezaron a caer sobre las cabezas de los fieles. Durante casi un minuto, la tierra tembló bajo nuestros pies. En ese momento no sabíamos qué estaba pasando, pero los que estaban fuero oyeron una explosión muy fuerte.

¿Qué la provocó?

Los rebeldes habían lanzado una bombona de gas montada en un misil que cayó en la cúpula de la iglesia, pero esta soportó el impacto y el dispositivo rodó lentamente hasta que estalló sobre una cubierta lateral, donde causó unos daños enormes. Hubo decenas de heridos que atendí como pude. Luego bajamos al patio, dimos la comunión a los que no habían comulgado aún y rezamos para dar gracias a Dios por seguir con vida.

¿Cree que la bomba cayó en la iglesia por error?

No. El objetivo que buscaban los que la lanzaron era provocar una masacre en una iglesia llena de gente, sabían el horario de las misas. Eso es lo que más nos preocupa, sobre todo en grandes fiestas como las que estos días celebramos. Tenemos miedo pero confiamos en el Señor.

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