Prepararse para defender Europa es un deber si queremos seguir siendo lo que somos

Dos tercios de los ciudadanos europeos están a favor de que la Unión desempeñe un papel más activo para protegerlos frente a las crisis globales y los riesgos de seguridad. ¿Qué puede hacer la UE en el campo de la seguridad? ¿Cómo y por qué se debe avanzar en Europa en materia de defensa, cuáles son los principales riesgos?
La UE tiene que conseguir su propia Seguridad y Defensa si quiere ser un agente global en el nuevo Orden Mundial multinacional que está surgiendo caótica y aceleradamente con la administración Trump. No puede seguir dependiendo de los EEUU como hasta ahora, no por voluntad propia sino como consecuencia de la decisión de los votantes de Trump. Europa tiene que tener un ejército propio –con el menor grado de dependencia técnica del extranjero- dotarse de órganos de mando, inteligencia y movilidad estratégica y aceptar un liderazgo militar suministrado por una o al máximo dos Naciones de la UE. Para evitar chantajes y coacciones hay que resolver también el problema de la disuasión nuclear.
El riesgo principal reside en el afán expansionista ruso basado en un revanchismo histórico de base nacionalista. El norte de África es otra fuente de inestabilidad que afecta específicamente a España dada su geografía, aunque todas las naciones europeas mediterráneas están potencialmente afectadas en primera persona.
Antes, cuando decíamos “nosotros” estaban incluidos los EEUU y el mundo liberal y democrático. En el presente “nosotros” estamos, internacionalmente, solos los europeos. El sentimiento nacional tiene que ser complementado en un mayor grado por uno paneuropeo y la opinión pública debe percibir la amenaza a esta surgente identidad. Afortunadamente somos muchos y tenemos una gran potencia económica y cultural.
¿Cómo calificaría la reacción que ha tenido la UE ante el anuncio de que Estados Unidos no va a apoyar más a Ucrania?
Europa debe comprender que tras una hipotética caída de Ucrania en la esfera de influencia rusa, seguirían los países bálticos, Polonia y quizás Rumania, Bulgaria, Hungría y todos los demás. No nos estamos preparando pues para defender a Ucrania sino a Europa. Nuestra preparación no es opcional, es un deber si queremos seguir siendo lo que somos. Los primeros pasos están siendo correctos pero el tiempo disponible es escaso.
El Libro Blanco sobre el futuro de la Defensa de la Unión Europea propone el aumento de las existencias de material y equipos militares de los Estados miembros. ¿Por qué esto es necesario?
Porque antes contábamos con los EEU para defendernos y ahora no. Hemos perdido la confianza en la administración Trump y en lo que venga detrás. Hace falta sustituir ahora todo lo que ellos aportaban. Pero el Libro Blanco solo trata de los aspectos industriales y financieros del rearme. Hace falta mucho más: el rearme moral con la determinación de defenderse en caso de ser agredidos. En particular, hay que resolver el dilema de la progresiva pérdida de la sombrilla nuclear de disuasión que venía siendo suministrada por los EEUU.
¿Qué garantías debería tener un alto el fuego completo entre Ucrania y Rusia? ¿Por qué no se están cumpliendo los acuerdos parciales anunciados por Estados Unidos?
La garantía que tenemos que lograr para Ucrania es evitar que tras un alto el fuego limitado y cuando Rusia se haya repuesto del tremendo desgaste militar actual, intente reanudar el propósito inicial de estrangular el régimen de Kiev. Cuatro o cinco años máximo. Y como Putin volverá previsiblemente a utilizar amenazas nucleares acompañando la ofensiva convencional, estas seguridades deberán ser creíbles.
Putin le tiene tomada la medida a Trump y sus debilidades emocionales. Juega con él –y con su ego- en las conversaciones de alto el fuego. La táctica de Putin es conseguir tiempo ante el derrumbe de la voluntad occidental de defender a Ucrania que él percibe, aprovechando las prisas y vanidad de Trump. Acepta en teoría el alto el fuego incondicional pero le añade clausulas propias de una rendición incondicional. Trata de cambiar unas tablas militares en una victoria por medios políticos.
¿Qué futuro cree que tiene la OTAN?
La OTAN se basaba no solo en la letra del Tratado del Atlántico Norte sino sobre todo en la confianza mutua de una interpretación común; especialmente del esencial artículo 5. Esta confianza se ha perdido no solo por los malos modos de Trump sino por la fatiga imperial del pueblo norteamericano en sostener un orden internacional que sus dirigentes impusieron en su día pero ahora ellos piensan que le es perjudicial domésticamente. Los fracasos en Irak, Afganistán, Libia y Siria, entre otros, pesan ante la opinión pública norteamericana. La OTAN, tal como hoy la conocemos –y tras un periodo corto para resolver el asunto de la disuasión nuclear- está acabada. Esperemos que su espíritu pueda perdurar en una nueva OTAN europea con la deseable aportación de UK, Canadá, Noruega y la incierta asociación de una Turquía cada día mas perdida.
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