Porque soy un hombre

Editorial · Fernando de Haro
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19 noviembre 2023
La Inteligencia Artificial y la vertiginosa capacidad de procesamiento de datos a la que hemos llegado nos plantean el refrescante desafío de redescubrir lo que es propio del conocimiento humano.

Está ya a la venta Perché sono un uomo (Ancora), la edición italiana de la biografía de don Giussani que escribí con motivo del centenario de su nacimiento. Recuerdo la sorpresa que me provocó recibir el encargo de prepararla. He escrito algún libro de reportajes, guiones para mis documentales. Me dedico a la información nacional e internacional, me dedico a hacer programas de radio. Alberto Savorana ya había escrito la que será siempre la obra de referencia para acercarse a la vida del fundador de Comunión y Liberación. No tenía más herramientas para llevar a cabo mi labor que su libro, algunos testimonios que había podido recoger. Y eso sí, mi mirada, la mirada de un periodista español con ciertas, pocas, habilidades narrativas. La mirada de un “extranjero” a veces proporciona cierta perspectiva, por eso nos suele interesar lo que dicen los corresponsales. En realidad lo que puedo aportar al lector es una vibración. La intensa, radical y apasionante vibración que genera en mi humanidad la humanidad de Giussani.

Los lectores de la edición española y mis experiencias de los últimos meses me han hecho comprender, una vez más, la riqueza y la actualidad que tiene el testimonio de Giussani para los grandes retos que afronta el mundo y la Iglesia en este siglo XXI.

Hace unos días, en Madrid, presentó el libro Juan José Gómez Cadenas, un gran científico dedicado a la física de partículas, a los neutrinos. Además de investigador, es escritor y, como él mismo dice, “fundamentalmente ateo”. Pude comprobar, sorprendido, gracias a sus palabras, la pertinencia del modo de concebir y usar la razón de Giussani para una de las grandes cuestiones del momento. La Inteligencia Artificial y la vertiginosa capacidad de procesamiento de datos a la que hemos llegado nos plantean el refrescante desafío de redescubrir lo que es propio del conocimiento humano. Cadenas, que se dedica a conocer las entrañas del Universo, decía verse desafiado por la experiencia de una razón que alcanza su culmen a través de la experiencia y de su apertura al infinito. “Responder al que les habla y a todos los hombres que han mirado al cielo en una noche estrellada o han abrazado a sus bebés contra el pecho, es lo que se propuso ese cura flaco y algo enfermizo, rebelde, nervioso, incombustible, magnético y chiflado que se llamó don Giussani”, señalaba el físico. Y añadía: “Giussani pedalea en su enorme bicicleta y cavila que el problema es besarse teniendo conciencia del universo. El que les habla sabe perfectamente a lo que se refiere”.

¿Cuál es la identidad del yo que conoce porque tiene conciencia del Universo? ¿Qué le hace libre? Fueron las dos preguntas que surgieron de forma espontánea en la conversación que mantuve a comienzos de noviembre con una pareja de dos personas del mismo sexo. La libertad y la identidad, las cuestiones que aparecen, de un modo u otro, en cualquier diálogo de este tiempo, surgieron al calor de unas buenas pizzas y de un vino no tan bueno. ¿Cómo habría podido yo comprender, amar y provocar la libertad de esas dos personas si no hubiese aprendido de Giussani que la libertad es la mayor satisfacción? ¿Cómo hubiera sido posible si no hubiese aprendido y experimentado que el cristianismo es el acontecimiento de Cristo sucediendo en este momento? ¿Cómo si  no hubiese experimentado, gracias a Giussani, que el Misterio hecho carne es tan real, tan correspondiente, que es capaz de atraer por entero mi libertad? En aquella cena la amistad, el contenido de la amistad de Giussani con Testori, me volvía una y otra vez a la cabeza y al corazón. En un mundo desierto como el pecho de una mujer abandonada, solo la identidad de un yo huérfano que vuelve a ser amado de nuevo, concebido y engendrado de nuevo, puede renacer y hacer renacer la vida.

Una de las primeras lectoras españolas quiso contarme en primavera qué había descubierto al acercarse a la vida de Giussani. Es una mujer recién casada, joven y muy guapa. Una católica educada en uno de los mejores colegios católicos. Me confesó que hasta ese momento, sin llegar nunca a cuestionar su experiencia de fe, siempre estaba a merced de la valoración, de la confirmación de otros. No tenía la solidez de un conocimiento irreductible. En ella se encarnaba otro de los desafíos del momento. Para los que siguen creyendo, la fe es una “santa ignorancia”. Por eso creen como si no creyeran. Para vivirla hacen falta refugios, opciones que permitan apartarse de algún modo de la realidad. La joven me señaló que Giussani, a través de la biografía, no le había dicho, como en el Berchet, qué tenía que pensar o sentir. Le había dado un método para experimentar en el presente una fe capaz de convertirse en conocimiento amoroso, en una alegre certeza que le permitía no estar defendiéndose de la realidad y del mundo sino amarlos intensamente.


FERNANDO DE HARO

Perché sono un uomo. Scene dalla vita di don Giussani

Ancora. 320 páginas. 23,75 €

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