Por una política de mirada amplia y realista

España · Comunió i Alliberament
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11 febrero 2021
Por su interés, publicamos el manifiesto que ha emitido el movimiento Comunión y Liberación en Cataluña de cara a las elecciones al parlamento catalán del próximo domingo 14 de febrero

La convocatoria de elecciones al Parlamento de Cataluña es un momento especialmente propicio para detenerse, reflexionar y comunicar lo que está sucediendo en nuestra casa común. Comunión y Liberación, movimiento de la Iglesia católica, quiere aprovechar esta oportunidad para expresar tanto su punto de vista como el de tantos hombres y mujeres que viven la fe, trabajan, caminan y forman parte de la sociedad catalana, que de nuevo es llamada a las urnas este próximo 14 de febrero.

  1. La sociedad catalana vive un momento de agotamiento

El rico tejido social catalán parece hoy encontrarse agotado y con escasa capacidad de reacción. El tan repetido procés, que acabó con inhabilitaciones políticas, la aplicación del artículo 155 y el enfrentamiento de amplios sectores de nuestra sociedad, ha polarizado toda la acción política de nuestros gobernantes en torno al tema de la independencia. Hemos tenido presidentes de la Generalitat que han huido, otros que han sido destituidos, e incluso gobiernos presididos por presidentes en funciones. Los problemas reales de los ciudadanos han quedado desatendidos y se ha abierto una profunda brecha entre la clase política y nuestra sociedad exhausta. Son muchos los que no confían en que estas elecciones puedan cambiar algo y que no irán votar este próximo domingo.

La gestión política de la crisis sanitaria provocada por la pandemia de la COVID-19 ha ahondado este desencanto: hemos visto cómo se han utilizado datos e informaciones con intereses electoralistas, cómo se han generado normativas de salud pública orientadas de modo electoralista, y cómo se han hecho declaraciones meramente para diferenciarse del adversario político, en lugar de centrarse en el bien de los ciudadanos.

La pandemia ha hecho nuestra sociedad más líquida, con individuos cada vez más aislados y solos. Ha crecido el número de ingresos hospitalarios por patologías psiquiátricas, cada vez a una edad más temprana. La población más joven, el futuro de nuestra sociedad, es hoy más vulnerable y frágil para afrontar los retos planteados en nuestro mundo globalizado. Su educación y preparación ha quedado gravemente comprometida en las escuelas que, en el intento de sobrellevar el cierre y el aislamiento, a menudo han renunciado a su tarea esencial: transmitir a las generaciones venideras el significado y el conocimiento de nuestra cultura.

Los datos económicos tampoco son demasiado esperanzadores. De acuerdo con la Cámara de Comercio de Barcelona, la COVID-19 ha provocado el cierre de más de 20.000 empresas en Cataluña. La mayoría de las empresas que siguen en pie, una vez superada la crisis sanitaria, deberán asumir los costes del retorno a la plena actividad en un mercado contraído, que tardará en recuperarse.

  1. Una propuesta política adecuada es la que entiende el problema de fondo

Todo lo mencionado hasta aquí no es más que muestras de la progresiva desvinculación de los hombres y mujeres de hoy, tanto de la realidad como entre sí. La separación entre la política y la vida social no es más que otro síntoma de lo mismo. El uso de las redes sociales como único modo para informarse, el incremento de las fake news y la disolución de la tradición occidental están generando sujetos cada vez más alejados de la realidad, más determinados por una percepción sesgada y aislada de lo que está pasando. En este contexto se impone la dictadura de la autodeterminación del hombre, desvinculado y sin referencias estables más allá de eslóganes vacíos de contenido, como el de “sé tú mismo”.

Si queremos ahondar adecuadamente el problema que se nos plantea, no sería justo obviar factores que también están sucediendo –como regalos inesperados–, historias particulares que contradicen las pesimistas previsiones deducibles de lo hasta aquí relatado. Para comprender adecuadamente el problema y encontrar soluciones, se hace necesario que descubramos de qué modo dichos hechos, preñados de positividad, ofrecen una respuesta pertinente a las diversas necesidades planteadas. Ofrecemos un par de ejemplos al respecto:

1) En una reunión de empresarios, uno de ellos expone las dificultades que vive porque ha abierto una heladería durante el tiempo de la pandemia. Explica cómo, al acabar la temporada, ha ideado postres elaborados con el helado para poder venderlo mejor, pero no lo ha conseguido. Otro empresario que le escucha le ofrece comercializar su producto en su cadena de fruterías. El camino conjunto de ambos ha permitido que el primero encuentre, además, una empresa interesada en distribuir sus postres a nivel industrial.

2) Una chica de 15 años acaba de volver al colegio. El año pasado fue internada en un centro de desintoxicación por consumo de marihuana y cocaína. En un encuentro con amigos y profesores leen juntos un artículo en el que el autor narra cómo busca, por todos los medios, un libro, un wasap, algo que “le salve la vida”. El profesor pregunta: “¿Tenéis esa misma necesidad del articulista? ¿Quién o qué nos puede salvar la vida?”. La chica responde: “Yo estaba en un pozo y reconozco que tenía necesidad de que alguien me salvase la vida. Parecía que la droga me la salvaba. Pero me engañaba, lo hacía fuera de la realidad. Me salvó la vida la decisión de mis padres de ingresarme, los terapeutas y vosotros, los profesores. Sé que mi vida ahora está salvada porque amo la realidad que antes odiaba, porque he aprendido a perdonarme y a quererme, y a perdonar el mal que los otros me hicieron”.

Podríamos añadir muchos otros ejemplos, como el trabajo de tantos voluntarios que llevan alimentos y compañía a personas necesitadas que en no pocas ocasiones dicen haber encontrado en ellos “un amor más grande que el de la propia familia de sangre”.

¿Hay algo que podamos hacer para que la experiencia de estos ejemplos sea el criterio de acción y de decisión en la vida social y política? ¿Quién tiene hoy la capacidad de captar lo que está sucediendo y proponer medidas de reconstrucción? Necesitamos políticos, maestros, médicos, abogados, mecánicos, panaderos, etc. dispuestos a que su actividad nazca de una mirada franca y leal a lo que está sucediendo, y no de ideas preconcebidas de lo que tienen que ser las cosas. Necesitamos personas que tengan el deseo de encontrarse con el prójimo y de acogerlo en su humanidad herida y en su sufrimiento.

  1. La legislación que necesitamos: un ejercicio de realismo

La promulgación del Gobierno español de leyes como la LOMLOE o la ley de regulación de la eutanasia, así como el borrador de la ley sobre la protección de personas transexuales, son precisamente ejemplos del proceso de autodeterminación del yo que nos aleja de la realidad. Cuando las leyes se elaboran con la intención de dictar itinerarios a los ciudadanos, de establecer estructuras y sistemas que responden más a una ideología que a los problemas y a la soledad real de la gente, cuando se legisla para complacer a los propios votantes, sin buscar soluciones a las necesidades de los hombres y mujeres que viven intentando ser coherentes con sus creencias, entonces la administración hace una nefasta contribución a la vida y a la construcción común.

Tal como sucede en primer lugar en la familia y entre los amigos, la persona recupera su rostro y es reconstruida, cuando se encuentra con otros en un ambiente donde son posibles el perdón y la acogida, donde se la estima sea quien sea y venga de donde venga. Por ello se hace necesario un ejercicio de búsqueda responsable de todos los ciudadanos, entre las diferentes propuestas políticas, de aquellos elementos que favorecen la creación y la construcción de espacios de encuentro, de “hospitales de campaña”, como los llama el Papa, donde cuidar a los seres humanos de hoy y curar sus heridas.

¿Quién apuesta verdaderamente por la libertad? ¿Podemos confiar en la capacidad de nuestro propio corazón para encontrar respuestas capaces de regenerar la humanidad y la vida social? ¿Quedan intentos políticos dispuestos a comprometerse con el bien común y a respaldar aquellas iniciativas en las que los ciudadanos se acompañan, se ayudan y cuidan los unos a los otros?

El Papa Francisco, en su reciente encíclica Fratelli tutti, nos ofrece una guía para discernir nuestro voto: “Los políticos están llamados a «preocuparse de la fragilidad, de la fragilidad de los pueblos y de las personas. Cuidar la fragilidad quiere decir fuerza y ternura, lucha y fecundidad, en medio de un modelo funcionalista y privatista que conduce inexorablemente a la “cultura del descarte”. (…) Significa hacerse cargo del presente en su situación más marginal y angustiante, y ser capaz de dotarlo de dignidad». (…) El político es un hacedor, un constructor con grandes objetivos, con mirada amplia, realista y pragmática, aún más allá de su propio país. Las mayores angustias de un político no deberían ser las causadas por una caída en las encuestas, sino por no resolver efectivamente el fenómeno de la exclusión social y económica” (Frattelli tutti, n. 188).

Es responsabilidad de la ciudadanía identificar políticos que estén a la altura de este momento histórico y apoyarlos, dejando de lado los prejuicios ideológicos. Por esta razón, animamos a ejercer el voto el próximo domingo 14 de febrero.

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