¿Por qué Sidney? La respuesta pasa por Riad, Estambul…

Mundo · Souad Sbai
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16 diciembre 2014
Como una serie de explosiones en cadena en lugares diversos, accionadas por un mecanismo de origen. De un extremo a otro del mundo, de Riad a Sydney, cada deflagración parece querer indicar un paso de este fin de año incierto pero muy significativo para la geopolítica y la actualidad internacional. Empecemos por un hecho del que en Occidente no se ha informado demasiado: la serie de enfrentamientos armados y agresiones en Arabia Saudí que culminaron el lunes con la huida de un hombre armado, luego ajusticiado, que secuestró a tres personas y  mató a un policía en Riad.

Como una serie de explosiones en cadena en lugares diversos, accionadas por un mecanismo de origen. De un extremo a otro del mundo, de Riad a Sydney, cada deflagración parece querer indicar un paso de este fin de año incierto pero muy significativo para la geopolítica y la actualidad internacional. Empecemos por un hecho del que en Occidente no se ha informado demasiado: la serie de enfrentamientos armados y agresiones en Arabia Saudí que culminaron el lunes con la huida de un hombre armado, luego ajusticiado, que secuestró a tres personas y  mató a un policía en Riad.

Pasando por las detenciones masivas en Turquía por parte del gobierno de Erdogan, que ha arrestado a una treintena de periodistas acusados de apoyar al moderado Fetullah Gülen; el ataque aéreo de la policía francesa para desarticular una red criminal dedicada a reclutar yihadistas y enviarlos a Siria. Y para terminar el asedio a Sydney: un hombre armado que secuestra a decenas de personas en una cafetería blandiendo una bandera negra del salafismo armado y amenazando con hacer estallar toda su artillería. Y que en el enfrentamiento termina muriendo y causando también la muerte a dos rehenes.

Estamos asistiendo a un conflicto global, subterráneo pero violentísimo, entre las diversas fuerzas que dan vida al desarrollo de la historia mundial y que son capaces de modificar profundamente los equilibrios vigentes. Cuando termina este 2014 atormentado por la crisis y la incertidumbre global, emergen en toda su amplitud las tendencias ligadas al extremismo, que ya dominaron sustancialmente los últimos cuatro años pero que hoy viven una situación que ha cambiado, que está marcada por un ideal de libertad y de convivencia que ya no se basta en el buenismo ni en el relativismo multicultural.

Precisamente en esa Arabia Saudí que fue el principal financiador y patrocinador, junto a Qatar, de la primavera árabe, hoy estallan las revueltas y circulan las armas de manera descontrolada, algo que antes nunca había sucedido y que sucede, casualmente, justo cuando Riad pasa al campo opuesto y vuelve a unir su destino al de los EE.UU contra el Isis, de quien teme una infección que le llevaría a la muerte segura.

En Turquía la represión de Erdogan, que desde hace años alberga el mal disimulado deseo de transformar el país en un sultanato quasi-otomano, empieza a hacerse muy dura y pone en el punto de mira a los moderados, deteniendo a periodistas en masa e intentando apagar los rayos de pluralismos que aún mantienen viva el alma de una Turquía libre y moderna. Justo cuando la polémica sobre el modo de gobernar y sobre su voluntad de restaurar costumbres reaccionarias empieza a hacerse global, a quedar en evidencia delante de todos tras la visita del Papa.

Francia, en concomitancia con el declive del pensamiento multicultural y del eje político e ideológico con EE.UU, decide poner fin a un gran sistema de proselitismo, reclutamiento y envío de yihadistas que se había establecido en su territorio, de París a Normandía pasando por Toulouse. Cae así un sistema de adoctrinamiento multicultural y con él la clave de bóveda que había permitido la creación de una red de connivencias y silencios que ha resultado muy útil para el extremismo y su expansión.

Y para terminar esta concatenación de hechos llegamos a Sydney, donde se remarca con fuerza que el integrismo está presente en todas partes y puede golpear donde quiera, pasando por las vestiduras de un hombre o una mujer cualquiera, de apariencia normal y totalmente ajeno a estas dinámicas, que en su interior puede albergar una bomba preparada para estallar. Y que sale en las televisiones y medios de comunicación de todo el mundo. Perros sueltos dedicados a realizar acciones solitarias pero en busca de un solo y único objetivo: desestabilizar las certezas occidentales y “marcar” su territorio, justo cuando el mundo empieza a entender de dónde viene la oleada yihadista con sello del Isis y hasta dónde quiere ir a parar.

Estamos ante un conflicto sin miramientos que afecta a la geopolítica internacional y que ya permite intuir cómo será nuestro día de mañana, que hasta ayer se veía azotado por las ramas de la acogida a toda costa, de las maniobras de acercamiento y de la censura que se sigue imponiendo a quien denuncia las manipulaciones y riesgos del integrismo infiltrado. Y que hoy, de forma repentina e inesperada, empieza a ver las primeras grietas en lo que parecía una carrera libre de obstáculos.

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