¿Por qué no?

Cultura · Cristian Serrano
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17 febrero 2013
Fue el pasado viernes, jugabaal futbol junto a unos amigos. Lucía camiseta con escudo del Huesca, club quecuenta actualmente cinco temporadas en la segunda división española. Derepente, un niño que estaba cercano al juego me pregunta extrañado: "oye portero, ¿eres del Huesca?". Yorespondí un sí con la misma inocencia que el pequeño interrogaba. Se hizo elsilencio. No volvimos a hablar. En la ausencia de palabras quedó patente susorpresa ante mi afición.

¿Seré raro por ser del equipode mi ciudad? No entiendo el fútbol sin tres factores que me han acompañadohasta hoy: mi padre, el Huesca y la radio.

Padre-hijo,progenitor-heredero o el acompañante perfecto frente a la tele o en el campopara ver fútbol.

La radio siempre estabapresente cuando limpiábamos el coche los domingos para saber quién ganaba operdía.

Con nueve años comencé a serun asiduo del Alcoraz. Hablar de la afición azulgrana es hablar de una familiaque, de repente, aumentó. Recuerdo al presidente de ese momento, también a laseñora que siempre llevaba el postre para que el equipo comiera al acabar elpartido, y a mis amigos con los que, en los descansos, aprovechábamos parajugar en la portería de los mayores.

En aquel momento en terceradivisión seríamos unos trescientos apasionados del fútbol y del Huesca los quecada domingo acudíamos al pequeño pero coqueto estadio oscense.

Actualmente, tres milpersonas acuden cada domingo al campo y yo, hasta he tenido la suerte de cantarlos goles para la radio local y nacional.

Llamadme romántico, perofuera de Madrid, Barcelona o Atlético, existen esos otros equipos que elaficionado de Tenerife, Ponferrada o Córdoba también estima. No seremos bichosraros quienes amamos nuestra tierra.

Pues sí pequeño, soy delHuesca. Y… ¿por qué no?

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