¿Por qué los partidos han perdido a la clase media blanca?

Mundo · R.R. Reno
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30 marzo 2016
¿Por qué, tras décadas de apoyo a los partidos liberales y conservadores, la clase media blanca ha dejado de apoyarles en Estados Unidos? Donde quiera que acaben Donald J. Trump y Bernie Sanders, sus candidaturas representan un cambio importante en la política americana. Desde la Segunda Guerra Mundial nuestra cultura política se ha organizado en torno a las necesidades, los miedos y las aspiraciones de los votantes de la clase media blanca, de forma que también se satisficieran los intereses de los ricos y los poderosos. Pero ya no es así.

¿Por qué, tras décadas de apoyo a los partidos liberales y conservadores, la clase media blanca ha dejado de apoyarles en Estados Unidos? Donde quiera que acaben Donald J. Trump y Bernie Sanders, sus candidaturas representan un cambio importante en la política americana. Desde la Segunda Guerra Mundial nuestra cultura política se ha organizado en torno a las necesidades, los miedos y las aspiraciones de los votantes de la clase media blanca, de forma que también se satisficieran los intereses de los ricos y los poderosos. Pero ya no es así.

Como sabemos, los ricos ahora son bastante más ricos. Este hecho, en sí mismo, no rompe los viejos consensos políticos. Es más decisivo el hecho de que la clase media blanca está en declive, tanto económica como culturalmente.

La historia de este declive se suele contar en términos raciales y étnicos: la América blanca se ha visto desplazada por una América multicultural y, especialmente en la derecha, los votantes están retrocediendo a una postura racista. Quizá haya algo de cierto en esta historia, pero la mayor parte de ella es una gran distracción.

De hecho, la gran división no es interracial, sino intra-racial: los populismos que estamos viendo derivan totalmente de la colisión entre blancos que prosperan en la economía global –y en medio de los cambios culturales de los últimos 50 años– y los que no.

Y mientras hemos oído mucho sobre el declive económico de las clases medias, el declive cultural de la clase media blanca no se ha discutido tanto. Y debería ser así.

En primer lugar, están las consecuencias del gran éxito de las clases medias altas, que hoy viven en un mundo separado, en barrios bien cuidados, con buenas escuelas. Nos felicitamos porque el sistema meritocrático se ha abierto a mucha más gente que hace 50 años. Y así ha sido, pero la cultura resultante de ambición, paradójicamente, erosiona la confianza de las clases medias. Hoy en día las clases medias tienen miedo porque si no vas hacia arriba, vas hacia abajo.

Y no es solo la competitividad lo que erosiona a la clase media blanca. Cuando alcancé la mayoría de edad en los años 70, el consumo de drogas ya estaba debilitando a la clase media blanca. Desde entonces, las tasas de matrimonios entre estudiantes de secundaria blancos ha descendido, y la ilegitimidad ha crecido. Conozco a un sacerdote que sirve entre parroquias de pueblos pequeños en el campo en White Pennsylvania. Le pregunté sobre sus problemas pastorales. El más importante: abuelos criando a sus nietos porque sus hijos son demasiado caóticos como para poder criarlos ellos.

La inestabilidad cultural lleva a la inestabilidad económica. Una persona cercana a la media en nuestra sociedad está insegura. Siente que lo que una vez fue fiable ha dejado de serlo. Este es el origen de la ansiedad de las clases medias por el estancamiento de los ingresos familiares.

Lo más llamativo –y crucial para entender los populismos actuales– es el hecho de que el marco de liderazgo de ambos partidos no es insensible a esta ansiedad. Se suma a ella.

La inteligencia de la izquierda rara vez deja pasar una oportunidad para recordar el eclipse demográfico de los votantes de la clase media blanca. A veces, a estos votantes se les describe como racistas, o se les ridiculiza por ser gente de los suburbios a los que les falta el espíritu de la nueva ´creativa´ clase urbana. El mensaje: la clase media blanca americana es irrelevante para la América del futuro, está fuera.

Los conservadores no se quedan atrás. Los expertos predicen, de manera inquietante, que los ´innovadores´ se verán abrumados por la plaga de ´beneficiarios´. El mensaje: si no fuera por la gente exitosa como nosotros, la gente de las clases medias, como tú, estaría condenada. Y si no eres un empresario productor, no eres nadie.

¿Es una sorpresa que los votantes de la clase media blanca se rebelen?

Los partidos Demócrata y Republicano parecen interesados en estos votantes, prometen protegerlos (Demócratas) o estimular un crecimiento que renueve sus oportunidades económicas (Republicanos). Pero estas promesas se olvidan del punto central.

Nuestra historia política desde el final de la Segunda Guerra Mundial ha girado en torno a la voluntad de los votantes de la clase media blanca manifestada tras grandes causas ligadas a la élite política y adinerada: ¡Oposición al comunismo! ¡Mandar al hombre a la luna! ¡Erradicar el racismo! ¡Proteger el medio ambiente! Hoy, los votantes de la clase media blanca quieren asegurarse de que juegan un papel activo en política. Quieren a alguien que apele a su sentido de autoestima política, no solo a sus intereses.

Esto es precisamente lo que el señor Trump y el señor Sanders ofrecen. El señor Trump habla de restituir la grandeza de América, un gesto retórico muy parecido al eslogan de Barack Obama en 2008: ´Yes, we can´. Podemos simular que estos gestos están vacíos. Pero los votantes que se sienten desempoderados y marginados se aferran a esta promesa. Quieren ser socios de los ricos y poderosos en la definición de su futuro como país, no beneficiarios de su benevolencia, lo que explica por qué están tranquilos con la gran riqueza del señor Trump.

New York Times

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