Por qué el sí a Israel no es un sí a la guerra
La nota de la Farnesina (Ministerio de Asuntos Exteriores italiano) permite explicar mejor por qué Israel debe mantener un "mínimo de cordura" y dar el primer paso hacia el diálogo. El primer motivo es el hecho de que pedir un esfuerzo de responsabilidad y diálogo a Hamas es del todo inútil: como todos sabemos, se trata de un movimiento integrista que funda su existencia en la voluntad de destruir el Estado de Israel. Los estatutos de Hamas reclaman de hecho la destrucción del Estado de Israel y su sustitución por un Estado islámico palestino en la zona que ahora forman Israel, Cisjordania y la Franja de Gaza. Su carta fundacional declara que "no existe otra solución a la cuestión palestina que la yihad". Apostar por la vía diplomática es todavía más difícil después de que Hamas haya roto la tregua, y precisamente porque somos amigos de Israel debemos insistir en que la guerra no llevará a la solución del problema sino que aún puede agravarlo más. Puede crear una verdadera catástrofe en términos civiles, también israelíes.
Puede provocar la macabra reacción de todas las fuerzas terroristas que buscan nuevos pretextos para expresar su odio contra Israel y contra Occidente. Como ha declarado al Corriere della Sera el ex jefe del comando central estadounidense en Oriente Medio, Anthony Zinni, que no es precisamente favorable a Hamas, la invasión de Israel en Gaza "tendrá éxito a corto plazo, pero a largo plazo alimentará la espiral de violencia. Las filas terroristas en Gaza se multiplicarán, los países árabes moderados tendrán grandes dificultades y en Oriente Medio crecerá el antisemitismo. La cuestión palestina no se puede resolver militarmente".
El único camino posible en este momento es el que auspiciaba el último comunicado de la presidencia francesa en el Consejo de la Unión Europea: iniciar el proceso de paz como establece la Resolución de la ONU número 1850, buscar una solución a partir del proceso iniciado por Annan sobre la construcción de un Estado palestino de acuerdo con Israel, trabajar sin descanso por una solución pacífica con Egipto y la Liga Árabe que han realizado grandes esfuerzos de mediación.
Decir "sí" a Israel no significa decir "sí" a la guerra. Del mismo modo que un alto el fuego no sería ceder a un acuerdo con los terroristas. Como tampoco sería de hecho el inicio del diálogo con quien nunca quiere dialogar.
Israel tiene el sagrado derecho de defenderse después de los ataques de Hamas, pero tiene que entender que esta legítima defensa no puede suponer la pérdida de vidas civiles porque pasar esto por alto equivale a abandonar del todo la esperanza de la paz, equivale a cortar de raíz la sola idea de que la paz sea posible. No podemos olvidar nunca que el mal, terriblemente presente también dentro de cada uno de nosotros y no sólo en el enemigo externo (que cambia según de qué lado nos pongamos), no puede vencer al bien. De tal modo que cualquier acción sea un factor de paz, justicia y convivencia.
Durante el último Angelus, Benedicto XVI afirmó que "las dramáticas noticias que nos llegan de Gaza muestran cómo el rechazo del diálogo lleva a situaciones que perjudican de un modo indecible a los pueblos, que vuelven a ser víctimas del odio y de la guerra. La guerra y el odio no son la solución de los problemas. Así lo confirma la historia más reciente". La referencia a "la historia más reciente" es una clara alusión al llamamiento que hizo Juan Pablo II cuando en vano imploró a Iraq y a la coalición auspiciada por los Estados Unidos que renunciaran a la guerra.
Por todo esto, junto a Roberto Formigoni y otros parlamentarios italianos, hemos promovido un llamamiento que quiere hacerse eco de las palabras del Papa, haciendo evidente que la luz de la verdad que proviene de las palabras de la Iglesia constituye una ocasión también para la buena política.