Por qué el Papa no se equivoca

Mundo · Mario Mauro
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23 marzo 2009
Un viaje largo y difícil para llevar al corazón de África, llena de pobreza, conflictos y enfermedades, una esperanza nueva. Durante su undécima visita pastoral, el Papa Benedicto XVI ha hecho escuchar a la comunidad internacional un razonamiento luminoso sobre la situación africana actual. Un discurso que no ha dejado fuera los aspectos contradictorios que aún hoy sacuden a este gran continente, las dificultades sociales, políticas, económicas y sobre todo antropológicas.

Con una mirada de cercanía y amor hacia los que sufren, con la mano tendida hacia los pobres y enfermos, con un mensaje universal capaz de generar una aproximación integral a los problemas del continente africano, el papa ha sentado las bases para construir un puente de reconciliación entre el Norte y el Sur.

Ha repetido que las injusticias son inaceptables, que hay que trabajar para conseguir un desarrollo ético de los recursos, haciéndose así portavoz de los pobres que "piden una conversión convencida y duradera de los corazones hacia la fraternidad". Un mensaje así sólo podía venir de alguien que, por vocación y por voluntad, no se limita a mirar los problemas que existen sino que vive junto al pueblo africano, gracias a la dedicación sin reservas de todos los que entregan su propia vida para la salvación de los más débiles.

De hecho, habiendo tocado el papa durante su viaje los temas y cuestiones más urgentes para este continente, los medios internacionales han insistido casi únicamente en la cuestión del preservativo, banalizando la plaga del SIDA, una enfermedad que en África tiene otras muchas repercusiones: sanitarias, sociales, económicas, culturales y espirituales.

Los datos confirman que la "cultura del preservativo" no basta por sí sola para poner freno a la difusión del SIDA: de 2001 a 2007 se ha pasado de 29,5 a 33 millones de afectados. Las cifras son significativas porque revelan una carencia más profunda, que sólo se puede colmar si se transmite una cultura de respeto, de amor y de estabilidad en las relaciones.

Aun así, si bien se ha desviado la atención de los problemas reales del continente africano, este viaje no ha sido una ocasión perdida. Muchos recordarán la historia de Rose Busingye en el último Meeting para la Amistad y la Paz entre los Pueblos. Esta mujer, que lleva muchos años en África trabajando con 4.000 enfermos y huérfanos del SIDA, nos recuerda que la solución para poner diques a la expansión del SIDA no está en la distribución de preservativos: "Hablar de esto -dice- significa quedarse en las consecuencias y no llegar al origen del problema". La gran emergencia viene de la falta de medios que permitan a mujeres como Rose hacerse cargo de aquellos que ya han contraído la enfermedad.

Lo que a muchos les cuesta entender es que el mayor daño que provoca la distribución de profilácticos en África como medio para combatir al VIH es de tipo cultural, y el Papa ha entrado en el corazón del problema, valorando el papel de la familia, la condición de la mujer y recordando a los jóvenes la importancia del celibato y la castidad.

La verdad es que en términos económicos y políticos es muy difícil implicar a las multinacionales farmacéuticas, conseguir tratamientos gratuitos y hacer campañas más dirigidas a la educación y a la prevención, aunque un planteamiento de este tipo pueda constituir un valor añadido y una alternativa a la mera profilaxis preventiva, que a día de hoy no ha tenido resultados satisfactorios, lo que revela hasta qué punto es necesario apoyarse en una raíz más profunda: la de educar a la persona en el respeto a sí misma y a los demás.

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