¿Por qué acá sí y allá no?

Mundo · Ricardo Olvera
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7 mayo 2009
Si en California ya hay casi 100 casos comprobados de la nueva gripe porcina y en Baja California sólo hay 18, ¿por qué acá cerramos fábricas, comercios y escuelas, y allá no?

Mientras en México el Gobierno impuso una "dictadura sanitaria", obligando a paralizar actividades productivas con costos altísimos para las empresas, para la sociedad y para el propio Gobierno, en Estados Unidos el presidente Obama se limitó a recomendar a sus ciudadanos lavarse las manos con frecuencia, taparse la boca al toser y no acudir a la escuela o al trabajo con síntomas de gripe, e incluso se dio el lujo de celebrar el 5 de mayo en la Casa Blanca saludando a todo mundo de beso y mano.

Y a pesar de ello, en Estados Unidos sólo han muerto dos personas por esta epidemia, una de ellas un niño mexicano que llegó a Texas en una fase ya muy avanzada de la enfermedad.

"Obviamente nuestras autoridades están exagerando, han tomado medidas extremas e innecesarias… y no dudes que lo hagan por razones políticas; para meternos miedo y luego salir como nuestros salvadores", o comentarios por el estilo hemos escuchado con frecuencia en estos días.

Pero no, las medidas eran necesarias e inevitables, aun con los altísimos costos no sólo para las empresas, comercios y restaurantes, sino para la economía en su conjunto, incluyendo la cancelación de vuelos y cruceros turísticos, la devaluación del peso, las caídas en la Bolsa y el deterioro de nuestra imagen como país en el mundo.

Sin embargo el peligro era -y sigue siendo, a pesar de que por el momento se ha logrado controlar- que la epidemia explotara provocando una mortalidad no por decenas sino por millares de personas, como sucedió hace unos años con el SARS (Síndrome Respiratorio Agudo Severo).

No, la explicación de la gran diferencia en la forma de enfrentar la epidemia por los dos países no está en ningún complot o sobre-reacción de pánico por parte del Gobierno.

Un primer nivel de explicación la dio el doctor Juan Ramón de la Fuente, ex rector de la UNAM y ex secretario de Salud, en una entrevista radial la semana pasada:

"¿Por qué sólo en México hemos paralizado al país?", le pregunta el periodista. "Podemos decir que ellos (los EEUU) han sido más eficientes que nosotros; sí, han podido ir aislando uno a uno los casos y han podido ir diagnosticándolos e identificándolos positivamente uno a uno y tratándolos casi con la misma rapidez con la que han ido diagnosticando".

Y señala como factor decisivo para esto la infraestructura científica, sobre todo de laboratorio, y el sistema de salud e higiene pública en general con el que ellos cuentan.

Héctor Aguilar Camín retoma en su columna de Milenio lo dicho por De la Fuente para concluir que "la capacidad de diagnosticar y aislar los casos de gripe porcina es mayor en Estados Unidos. Sus autoridades están en control de la epidemia… México no tuvo desde el principio la capacidad de diagnosticar con precisión la enfermedad nueva y la sumó a otras parecidas hasta construir un panorama de cifras confuso y poco confiable. No pudo controlar y aislar el virus, tuvo que controlar y aislar a la gente".

Así que a México no le quedaba otro camino sino hacer lo que hizo, que a juzgar por los resultados que está obteniendo ha sido el método más eficaz y apropiado a nuestras condiciones y a nuestra deficiente cultura sanitaria.

Porque la diferencia no se limita a la infraestructura científica y de laboratorio que nuestros vecinos tienen, la cual sería relativamente fácil de adquirir en el mercado o mediante acuerdos entre los dos gobiernos, como de hecho se ha venido haciendo en estos días.

La diferencia es más amplia y de fondo, y se refiere a todo un sistema y una mentalidad social en los temas de salud e higiene.

La principal causa por la que en México sí se ha muerto gente de "gripe porcina", además de los bajos niveles nutricionales e inmunológicos de grandes sectores de la población, es que los infectados llegan tarde a los centros de salud, no sólo por lo inaccesible que éstos resultan para muchos, sino por el simple hecho de que estamos acostumbrados a no acudir al médico hasta que "ya no queda otra", después de haber intentado la consulta telefónica, la automedicación o los remedios caseros de todo tipo, mientras que nuestros primos del norte al menor síntoma corren a ver al médico, en primer lugar porque nadie les venderá ninguna medicina sin receta, y en segundo porque ningún médico les recetará sin examinarles y hacerles todo tipo de pruebas y estudios.

Es ahí donde muchos de nuestros compatriotas han perdido el margen decisivo de tiempo que les podía haber salvado de la muerte por una enfermedad que, por nueva y mortal que sea, tiene cura durante sus fases iniciales.

Tal vez esta amarga experiencia nos sirva para corregir algunos aspectos viciosos de nuestra cultura sanitaria y para mejorar nuestros sistemas de detección, diagnóstico, información y alerta temprana de enfermedades, que la próxima vez nos permita reaccionar en forma más mesurada y precisa.

Por lo pronto, las rigurosas medidas de higiene y limpieza que el tremendo susto nos ha inducido a aplicar -a autoridades y ciudadanos- en escuelas, medios de transporte, restaurantes y lugares públicos en general, representan un gran avance en nuestro sistema de salud y, más importante, en nuestra mentalidad y cultura sanitaria. Esto sin duda salvará a cientos de miles de mexicanos de morir por ésta y por muchas otras enfermedades en el futuro.

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