Polanski: crimen y castigo

Mundo · Jorge E. Traslosheros
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12 octubre 2009
Polanski cometió un crimen terrible hace treinta años. A la edad de 47 abusó sexualmente de una niña de 13. Fue sometido a proceso, confesó el crimen y huyó a Francia. Hace días fue aprehendido en Suiza, donde espera ser extraditado a Estados Unidos. Hasta la fecha, argumenta que la niña parecía mayor y que no era novata en las prácticas sexuales.

Los defensores del cineasta se acumulan y van desde divas del espectáculo, pasando por los gobiernos de Francia y Polonia, hasta periodistas de gran solvencia. Dividen sus argumentos en tres líneas; los que dicen que, por ser un genio de la cinematografía, no debe pisar la cárcel; los que aducen que se trata de un ciudadano ejemplar que ha demostrado no ser un peligro para la sociedad; y quienes le transforman en víctima de un sistema judicial perverso que reprime la libertad sexual, que no tolera el sexo "pactado" entre un adulto y una menor de edad. 

Los primeros se olvidan de que un crimen no es menos grave porque lo cometa un personaje ilustre. Parecen no darse cuenta de que promueven la impunidad de una secta de ilustrados, la creación de un estatuto de privilegio para quienes pertenezcan a las burocracias culturales y políticas pasándose por el arco del triunfo toda justicia, empezando con la que se debe en primer lugar a la víctima.

A los segundos hay que recordarles que un "genio" que viola a una niña, acepta haberlo hecho, se niega a enfrentar al tribunal y permanece prófugo no puede ser un buen ciudadano. El crimen sigue impune y no se trata de que el pasado lo condene, sino de que aquí y ahora es un abusador sexual que se burla de la justicia.

Los terceros son quienes se vuelan la barda. ¿Víctima de la represión sexual un hombre de casi cincuenta que droga y viola a una niña de trece? Se olvidan de algo muy básico. El abuso sexual no tiene que ver con el sexo. Es un asunto de poder, en este caso del que ejerce un hombre experimentado sobre una niña, la que sea. En un caso como éste no hay acuerdo posible, como no lo puede haber entre alguien que se entrega en esclavitud para pagar sus deudas. Aunque exista el acuerdo, de todos modos se comete un crimen, pues se abusó de una situación de poder, porque se aplastó a otro ser humano -en este caso por motivos sexuales- reduciéndole a una simple cosa.

Estoy con Dostoievski. Quien comete un crimen debe sufrir las consecuencias de sus actos. Como católico he sufrido indignación por aquellos sacerdotes que, faltando a su ministerio, han abusado de menores. Como católico estoy con el Papa cuando afirma que se trata de criminales cuyas faltas nadie debe justificar. Por ende, sólo existe un camino para Polanski: enfrentar al tribunal que lo requiere, confesar sus crímenes, expiar su culpa, pedir perdón a sus víctimas y sólo entonces podrá alcanzar la reconciliación con su conciencia, con aquella niña y con la sociedad. Después de ser purificado por la verdad, y sólo entonces, podrá ser considerado un buen ciudadano. 

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