Nunca me abandones

Cultura · Víctor Alvarado
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28 marzo 2011
El cineasta Mark Romanev, conocido por Retrato de una obsesión (2002), adapta una novela homónima del japonés Kazuo Ishiguro, que recuerda, en algunos aspectos, al mítico texto de Aldous Huxley (Un mundo feliz). El largometraje plantea fundamentalmente el dilema moral de la clonación terapéutica, que se ha bautizado popularmente con el nombre de bebés medicamento.

El argumento gira en torno a un triángulo amistoso-amoroso de un chico y dos chicas que viven en un especie de orfanato de élite de niños clonados que, cuando crezcan, deberán donar sus órganos, que serán transplantados para curar a sus originales. Ellos vivirán felices hasta que conozcan lo que les deparará el futuro y descubran para qué han sido creados.

Las interpretaciones son muy buenas, destacando la actuación de Carey Mulligan, que ya nos maravilló en An education (2009), en la que se hablaba del poderoso influjo del mundo adulto que no atiende a principios. Keira Knightley, que para lo que nos tiene acostumbrados, está muy bien y el personaje  de Andrew Garfield (el nuevo Spiderman) está muy logrado.

El director ha apostado fuerte por el trabajo de actores. El tono trata de ser poético y romántico, pero no llega a emocionar. El espectador puede tener la sensación de estar viendo una película detrás de un cristal y si a lo dicho le añadimos un ritmo pausado, la película puede defraudar.

De todas formas, podemos decir que lo más interesante se encuentra en el contenido, pues el realizador dignifica el valor del ser humano como ser único e irrepetible a pesar de tratarse de un ser creado para otros fines. Su actitud es crítica frente al problema y lo expresa de modo elegante, aunque no busca soluciones factibles u otros métodos que no supongan un conflicto ético.

Por otra parte, podemos decir que el realizador al "vender" su película, se sirve de ella y la utiliza como declaración de principios. Dijo lo siguiente a Fotogramas: "Vamos a vivir más de 85 años. La amistad, el amor, tratar bien a los demás y comportarse de forma ética pueden ser soluciones al problema. La gente que piensa que el dinero, el poder y la fama son lo que cuentan de verdad está equivocada".

Sorprende que a los personajes les preocupe su situación y se agarren a una serie de rumores para mantener la esperanza. Sin embargo, extraña que no traten de huir o luchar, resignándose a su triste destino.

Finalmente, resaltamos el interés del director por cuidar el detalle, regalándonos una excelente fotografía, que es uno de los fuertes de esta  producción británica.

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