Nuevo presidente en EE.UU, nueva oportunidad para relanzar el proyecto europeo

Mundo · Carlos Uriarte
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18 enero 2017
La Unión Europea debe adelantarse a los nuevos posibles cambios en positivo y con una política reactiva de propuestas. Ante el nuevo escenario habrá que ser más creativos que nunca y relanzar el proceso de construcción europeo que el 25 de marzo de 2017 cumplirá 60 años después de la firma del Tratado de Roma. En este proceso de relanzamiento del proyecto europeo la redifinición de las relaciones entre la Unión Europea y los EE.UU. deben ocupar un papel central.

La Unión Europea debe adelantarse a los nuevos posibles cambios en positivo y con una política reactiva de propuestas. Ante el nuevo escenario habrá que ser más creativos que nunca y relanzar el proceso de construcción europeo que el 25 de marzo de 2017 cumplirá 60 años después de la firma del Tratado de Roma. En este proceso de relanzamiento del proyecto europeo la redifinición de las relaciones entre la Unión Europea y los EE.UU. deben ocupar un papel central.

El 8 de noviembre todo el mundo quedó sorprendido por la clara victoria de Trump en las elecciones presidenciales de los EE.UU. en las que todas las encuestas daban vencedora a Hillary Clinton. Nos acabamos de enterar por un informe de la CIA de que un ciberataque ruso pudo muy probablemente tener como objetivo interferir en el resultado de las elecciones celebradas en EE.UU.

El nuevo periodo que puede abrirse respecto a las relaciones transatlánticas entre los EE.UU y Europa, que debe de ser visto en clave de oportunidad podría resumirse en:

– Una nueva política comercial con Europa: ¿qué ocurrirá con el TTIP? Todo indica que permanecerá congelado hasta que se celebren las elecciones en Francia, Países Bajos y Alemania. Los expertos indican que muy probablemente este tiempo sea utilizado por la administración Trump para seguir negociando con la Unión Europea, pues ésta tiene interés en proseguir con este diálogo. No obstante, parece ser que el nuevo presidente electo prefiere una relación comercial con la Unión Europea basada en la negociación de acuerdos sectoriales y no en la firma de un gran acuerdo global de comercio e inversiones. Además, Trump preferirá la negociación bilateral y en cierta medida defenderá el aislacionismo frente al intervencionismo en un campo más amplio de las relaciones internacionales.

– Una nueva política exterior de los EE.UU que puede afectar a la seguridad europea: frente a esto la Unión Europea mantiene su coherencia con nuevas sanciones respecto a Rusia dejando claro cuál es su posición respecto a la agresión rusa sobre Ucrania. En este sentido, produce cierta contrariedad la nueva relación que podría entablarse entre EE.UU y Rusia provocada por la buena sintonía entre Trump y el presidente Putin. Esto preocupa sobremanera a los europeos que en Ucrania ven un problema no resuelto que enturbia las relaciones de la Unión Europea con Rusia. Estos confían además en el sólido sistema de contrapesos de la democracia norteamericana.

– Una nueva política de seguridad y defensa de EE.UU que solicita a los europeos que sean responsables de su propia seguridad: esto no es nuevo y ya había sido requerido por anteriores administraciones. Y se había manifestado de manera patente en el requerimiento de la OTAN en la cumbre de Cardiff en el que se solicitaba a los Estados miembros de la Alianza Atlántica que incrementaran sus presupuestos hasta alcanzar la cifra del 3%. En este sentido, la Unión Europea se ha propuesto desarrollar un “Paquete de Defensa y Seguridad de la Unión Europea”, que implemente la Estrategia Global de la Unión Europea.

Todos estos nuevos ajustes y redefiniciones en la relación transatlántica han de verse en clave de oportunidad, pues los estrechos vínculos que nos unen entre norteamericanos y europeos en cuanto a principios y valores, retos, amenazas e intereses compartidos están fuera de cualquier duda. El TTIP se aplazará y de esta manera se mejorará y se acelerará el proceso de creación de una industria de defensa y ejército europeo propios. Esto nos ayudará a los europeos a poder contribuir en un mundo multipolar a una globalización con un rostro más humano y solidario, y a ser artífices de paz con un acento e impronta europeos. Para muchos el 20 de enero de 2017 supondrá un antes y un después para las relaciones entre los EE.UU. y la Unión Europea. No soy tan pesimista: una cosa son las declaraciones en el calor de una campaña más o menos acertadas y otra la realidad política y el día a día de la gestión. Lo que sí es claro es que se ha abierto una oportunidad que, al igual que el Brexit, nos obliga a los europeos a afianzar el proyecto europeo en lo esencial, que son los principios y valores europeos, y en lo necesario, a saber, aquellas políticas que produzcan un valor añadido a la acción de la Unión Europea sobre la acción de los Estados miembros.

Si por Trump fuese, atendiendo a las declaraciones contradictorias que ha ido realizando, sustituiría dentro de su agenda de países con relación hostil a Rusia por China. Esta opinión puede sustentarse en sus declaraciones de apoyo a Taiwán que han provocado el enfado chino, pero a la vez a las continuas críticas que ha realizado respecto a China en su manera de entender las relaciones comerciales. No obstante, todo esto es contradictorio si atendemos a sus afirmaciones de cancelación de su compromiso con el acuerdo comercial transpacífico, que ha provocado gran perplejidad de otros países aliados como son los de Japón y el ASEAN. El TPA ante todo buscaba una posición de fuerza comercial en Asia de EE.UU, Japón y los países ASEAN frente a China. Todas estas incoherencias y posibles cambios en la geopolítica generan más inquietud si cabe a sus socios europeos.

Como conclusión, podríamos afirmar que sí se abre una nueva etapa en las relaciones transatlánticas que son consecuencia también de la configuración de un nuevo orden multipolar, que exige el compromiso decisivo de nuevos actores como son la Unión Europea. De esta manera, la Unión tiene la posibilidad en 2017, 60 años después de la firma del Tratado de Roma, de dar un paso más en su mayoría de edad con un verdadero proyecto político, independiente y soberano, donde para lograrlo los europeos nos dotemos de una verdadera política exterior y de seguridad común dotada de medios y capacidades en el que concurran el triple compromiso de las instituciones europeas, los Estados miembros y los ciudadanos. Una nueva oportunidad para seguir haciendo entre todos más Europa.

Carlos Uriarte Sánchez es presidente de Paneuropa Juventud

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