Nostalgia de tí

España · José María Gutiérrez Montero
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26 septiembre 2013
No soy experto en esta música, y que me perdonen los de Big Bombo Punk si me meto en alguna inconveniencia, pero hay canciones que definitivamente, te tocan. Te hablan a ti.

No soy experto en esta música, y que me perdonen los de Big Bombo Punk si me meto en alguna inconveniencia, pero hay canciones que definitivamente, te tocan. Te hablan a ti. Y esta es una de ellas. Te hablan a ti, porque hablan de ti. Hablan de la insatisfacción de un amigo que quiere cambiar su vida porque lo que tiene le ha cansado, o de tus propias ganas de poder ver el mundo con tus propios ojos. Hablan del deseo de despertar cada mañana, por si el mundo tiene algo para ti que no habías imaginado. ´Siempre quise ir a L. A., dejar un día ésta ciudad´.

Junto a este mundo nuevo por explorar no se puede olvidar que hay alguien con quien lo explorarías. No solo por lo cansado que puede llegar a ser explorar sólo. Junto a eso, siempre hay alguien con quien querrías explorar el mundo. Alguien que ocupa tus pensamientos, tus días y tus noches. Alguien que querrías que estuviese contigo en los momentos bellos, o en los de gran sufrimiento. Alguien con quien no tendrías miedo de ir al fin del mundo, con quien querrías ir hasta el extremo límite del universo. ´Cruzar el mar en tu compañía´. ´No sé qué aventuras correré sin ti´.

Lo demás habla de nosotros, de nuestra propia nostalgia, y lo hace desde Barcelona, que no es cualquier sitio. Pero en ningún momento de la canción hay que olvidar los tres primeros versos, es lo que hace que la canción no sea una nostalgia difusa, sentimental, como si se estuviera echando de menos al humo. Es una nostalgia de un rostro. En la canción no se pronuncia su nombre, pero es un rostro con nombre, con sonrisa, y con mayor presencia que la última rubia que vino a probar el asiento de atrás, incluso habiendo estado dentro de aquel Cadillac. Es un rostro tan potente que ningún sucedáneo es capaz de llenar el vacío que deja. Ese poso de amargura que queda porque el sucedáneo es incapaz de cumplir lo que promete. ´Y al irse la rubia me he sentido extraño´.

Una nostalgia que ni siquiera se puede eliminar, que reaparece constantemente, aún cuando parecía superada. ´Creí que podría olvidarte sin más, y aún a ratos ya ves´. Solo eliminándose uno mismo podría desaparecer esta nostalgia, que borra de un plumazo los mundos imaginarios, los sucedáneos, haciendo sencillo el retorno al mundo real.

Esta nostalgia, esta soledad, que habla de cada uno de nosotros, del rostro amado que echamos de menos, y que raramente identificamos como positiva, es nuestra tabla de salvación. Porque habla de lo que existe, de alguien que existe. Es la nostalgia de uno que no está loco, de uno que no vive en un país imaginario, sino en el mundo real. Todo le recuerda a ella. Desde esta curva donde estoy parado me he sorprendido mirando a tu barrio.

Y en este sentido, la nostalgia es positiva, porque de algo que no existe no se tiene nostalgia. Se tiene nostalgia de algo real. De alguien real.

LETRA:

Siempre quise ir a L.A.

dejar un día esta ciudad.

Cruzar el mar en tu compañía.

Pero ya hace tiempo que me has dejado,

y probablemente me habrás olvidado.

No sé que aventuras correré sin ti.

Y ahora estoy aquí sentado

en un viejo Cadillac de segunda mano

junto al Mervellé, a mis pies mi ciudad

y hace un momento que me ha dejado,

aquí en la ladera del Tibidabo,

la última rubia que vino a probar

el asiento de atrás.

Quizás el ´martini´ me ha hecho recordar

nena, ¿por qué no volviste a llamar?

Creí que podía olvidarte sin más

y aún a ratos, ya ves.

Y al irse la rubia me he sentido extraño,

me he quedado solo, fumando un cigarro,

quizás he pensado, nostalgia de ti

y desde esta curva donde estoy parado

me he sorprendido mirando a tu barrio,

y me han atrapado luces de ciudad.

El amanecer me sorprenderá

dormido, borracho en el Cadillac,

junto a las palmeras luce solitario

y dice la gente que ahora eres formal

y yo aquí borracho en el Cadillac

bajo las palmeras luce solitario.

Y no estás tú, nena.

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