Nosotros y la política

Cultura · Luigi Giussani
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19 febrero 2015
Páginas Digital publica, por su actualidad, el extracto de una intervención realizada por Luigi Giussani, fundador de Comunión y Liberación, en agosto de 1978. El texto está tomado del libro “Vita di Don Giussani” de Alberto Savorana que dentro de unos meses aparecerá publicado en español.

Páginas Digital publica, por su actualidad, el extracto de una intervención realizada por Luigi Giussani, fundador de Comunión y Liberación, en agosto de 1978. El texto está tomado del libro “Vita di Don Giussani” de Alberto Savorana que dentro de unos meses aparecerá publicado en español.

La relación entre fe y política se produce en tres niveles. En primer lugar la realidad de la fe afecta al hombre en todas las expresiones de su realidad personal. No en el sentido de que la fe le dicte lo que deba hacer en lo contingente ante un determinado problema, sino en el sentido de que afecta a la totalidad de la persona, y por tanto muta al sujeto, por lo que no puede dejar de influir en la acción que luego el sujeto realice.

En segundo lugar, la fe vivida, y por tanto la comunionalidad eclesial (…) vivida en el propio ambiente, realiza una presencia que si es real no puede dejar de percibirse, sentirse y quererse inmersa en los problemas que constituyen el tejido de la vida en ese ambiente. Hay una inevitable incidencia política realizada por la pura presencia de un hecho cristiano, o también de una persona cristiana. La comunionalidad es una dimensión de la persona, no necesariamente una agregación hic et nunc de individuos. Por ello, si la comunionalidad es una dimensión de la persona, es esencial para la presencia cristiana allí donde la persona esté. Si esta persona está sola vivirá esta conciencia como aspecto y contexto del modo en que se percibe ya su propia responsabilidad, si hay otros explicitará esta comunionalidad en la unidad fraterna con ellos.

Por último, hay un tercer nivel de la relación fe-política. En la acepción más estricta, política, es el intento de imaginar, de realizar, estructuras sociales, estructuras de convivencia, más justas, que expresen mejor lo humano, que den más libertad o más fraternidad. Toda la operatividad de imaginar estas cosas y realizarlas (…) no es tarea nuestra: nuestra tarea es la de formar la fe de las personas, mediante una vida de comunión vivida que por tanto (…) se compromete: si es una vida de comunión no puede dejar de comprometerse con los problemas de su ambiente.

Allí donde esto adquiera un nivel político en sentido estricto, es decir estructural, entonces nosotros concebimos que sea el individuo, formado según nuestro método, quien con responsabilidad personal se implique con otros, junto a otros, y que con su responsabilidad arriesgue nuevas propuestas. Los dos primeros niveles son inmanentes a nuestro movimiento como intento de pedagogía. El tercero en cambio no, porque, al crecer, la persona asume con su responsabilidad personal el riesgo de intentar con otros, los que quieran, el juego político, es decir la lucha por estructuras distintas.

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