¿Nos representan los partidos?

Cultura · Eduardo Salinas Venegas
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20 mayo 2013
Estimados amigos de Páginas Digital: les escribo desde Chile. No es primera vez que me impactan los análisis que hacen sus columnistas, ni tampoco la primera vez que, refiriéndose a situaciones de España o Italia, percibo que el análisis es plenamente aplicable a Chile. Pero esta vez, la columna de Álvaro Delgado Gal me ha dejado sin palabras.

Como sabrán, Chile se encuentra en una situación muy similar de desafección entre ciudadanía y partidos políticos. Las elecciones municipales del año pasado (las primeras con voto voluntario en nuestra historia republicana) con un altísimo porcentaje de abstención, sólo lo hicieron evidente. Y tal situación en un año de elecciones presidenciales y parlamentarias genera un marco de incertidumbre no menor.

El 30 de junio habrán primarias en Chile: los dos principales conglomerados políticos tienen que elegir quiénes irán a la "papeleta" en noviembre. 

Dos candidatos en el oficialismo y 4 candidatos (entre ellos, nuestra ex presidenta) en la Concertación de Partidos por la Democracia (que tuvo 4 Presidentes de la República tras la recuperación de la democracia) esperan ser los representantes de sus respectivos sectores. Pero todo parece un verdadero reality show: se supone que compiten, pero como después de las primarias, deben volver a estar juntos, hacen como que pelean y no se sabe quién les cree que los golpes que -aparentemente- se dan se los estén propinando de verdad- Más que un match de tenis honesto, aquí todos esperan el error no forzado del adversario.

Ese escenario que ya es síntoma claro de la rotura del nexo con la realidad que (también) padecen nuestros políticos, ve adicionado al menos 4 pre candidatos (Enríquez Ominami, Claude, Parisi y Jocelyn Holt), que prometen ser distintos de los demás, jugando al outsider, como el Beppe Grillo italiano.

Frente a tal problema, el pueblo se encuentra entre Escila y Caribdis. 
Escila: la ignorancia (querida) del problema por parte de la derecha, que cree que no hay crisis política y sólo hay que seguir administrando el "modelo" para solucionar los problemas sociales (efectivamente existentes).

Caribdis: la tergiversación del problema por parte de la izquierda, que quiere hacer creer que la única solución es la reforma al sistema electoral y una nueva Constitución, soñando con "sistemas tan perfectos, donde nadie necesite ser bueno", pues no pudieron, durante 20 años, solucionar los problemas sociales (únicamente) por culpa del ordenamiento jurídico heredado de la dictadura y la mezquindad del bando contrario.

El protagonista de la historia -nos enseñó Don Giussani y hoy Carrón- no es el titular del poder público, pero es cierto que lo que resta del año político va a ser muy interesante.

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