Entrevista a Francisco Abad, creador de la Fundación Empresa y Sociedad

´No todo es política y empresa´

Mundo · Juan Carlos Hernández
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13 mayo 2015
´No tenemos duda alguna de que las instituciones no bastan para construir una sociedad mejor. La vida es mucho más apasionante si la vivimos en clave humana que en clave institucional y si cada uno tomamos las riendas de nuestro camino, que recorremos de la mano de muchos y diversos compañeros de viaje. Viajar implica explorar escenarios incluso improbables al principio, y las instituciones nos aburren con discursos razonados sobre todo lo previsible´.

¿Podría describirnos en qué consiste la Fundación Empresa y Sociedad de la cual usted fue uno de sus fundadores?

Fundación Empresa y Sociedad es un foro abierto de ideas, conversaciones y debate sobre las grandes tendencias sociales, en torno a la persona, que más influirán en el futuro de las empresas. Trabajamos en tres líneas:

− Divulgando casos singulares de compromiso social de empresarios.

− Apoyando a emprendedores B2B para que consigan sus primeros clientes en el mundo empresarial y, como segunda cara de la moneda, a empresas para que enriquezcan su innovación en colaboración con el mundo enmprendedor.

− Generando ideas en equipo, bien a través del Foro Empresa y Sociedad, donde más de 1.200 personas participan en una encuesta semestral, o a través de colaboraciones con expertos que participan en nuestros desayunos de ideas, coloquios y publicaciones a través de la Biblioteca Empresa y Sociedad.

Crecemos gracias a personas y empresas con inquietudes sociales que se hacen Amigos de Empresa y Sociedad y se comprometen a generar cambios relevantes para que mejore la realidad social. Todo ello de manera activa y estrictamente privada, independiente de los llamados sector público, grandes empresas y tercer sector. Hay mucha vida más allá del “sistema”.

La sociedad civil es, en muchas ocasiones, indiferente hacia la política que también se expresa en cosas cotidianas. ¿Cuántos de nosotros no somos indiferentes a implicarnos en la junta de la facultad, o en el Consejo Escolar del colegio de nuestros hijos…? Por otra parte en España tenemos una larga tradición de gobiernos paternalistas. ¿Cómo superar esta indiferencia? ¿De dónde nace el deseo en usted de vivir esta corresponsabilidad para buscar el compromiso social?

En mi caso es una especie de vocación de impulsor de cambios considerando megatendencias sociales. Creo que todo puede cambiar si tenemos en cuenta que depende de lo que hagamos o dejemos de hacer en cada momento, especialmente si lo hacemos con perspectiva de futuro en un mundo que cambia muy deprisa. No todo depende, ni mucho menos, del mundo político y las empresas que se relacionan con él. Hay vida además de la que nos propone el sistema, y es mucho más rica en cuanto nos damos cuenta de que es mucho más inspirador escribir en el cuaderno de nuestra vida que leer nuestra vida en el periódico que otros pretenden escribir por nosotros. Todo cambia cuando empezamos a hacer un hueco en nuestra vida para imaginar un futuro mejor y nos ponemos manos a la obra para construirlo. Es una sensación parecida a las que genera un viaje. Lo disfrutamos mucho más si tenemos ocasión de soñar, investigar, diseñar y organizar sus detalles que si vamos como una maleta en manos de otro. A veces es incluso mejor la fase previa, que a mí me resulta muy atractiva.

¿Qué hemos aprendido de la crisis?

Para la Fundación ha sido una oportunidad de reinvención, diría que de innovación disruptiva. Se ha venido abajo la farsa del mundo de la responsabilidad social de las grandes empresas, construido por empresas que no dudan en operar en paraísos fiscales, en corromper a las Administraciones Públicas o en aprovecharse del ciudadano de a pie. Y ahora empezamos a poner las bases de la auténtica innovación social. Se trata de crear futuro teniendo especialmente en cuenta las grandes tendencias sociales colocando en el centro a las personas. Entre ellas están la creciente importancia de la gestión intergeneracional consecuencia del envejecimiento de la población, las nuevas formas de comunicación hipermedia o los cambios que generan la tecnología y el mundo emprendedor.

En la encíclica Caritas in Veritate, Benedicto XVI afirmaba: “El hombre no se desarrolla únicamente con sus propias fuerzas, así como no se le puede dar sin más el desarrollo desde fuera […] se ha creído con frecuencia que la creación de instituciones bastaba para garantizar a la humanidad el ejercicio del derecho al desarrollo […] En realidad, las instituciones por sí solas no bastan, porque el desarrollo humano integral es ante todo vocación y, por tanto, comporta que se asuman libre y solidariamente responsabilidades por parte de todos. Este desarrollo exige, además, una visión transcendente de la persona”. Desde su experiencia, ¿encuentra alguna correspondencia con las palabras de Joseph Ratzinger?

Absolutamente. No tenemos duda alguna de que las instituciones no bastan para construir una sociedad mejor. La vida es mucho más apasionante si la vivimos en clave humana que en clave institucional y si cada uno tomamos las riendas de nuestro camino, que recorremos de la mano de muchos y diversos compañeros de viaje. Viajar implica explorar escenarios incluso improbables al principio, y las instituciones nos aburren con discursos razonados sobre todo lo previsible. Un viaje no se hace solo en clave racional. Y el Viaje con mayúsculas, el de la vida, es sobre todo emocional y sentimental.

La sociedad civil y el Estado no deben ser enemigos sino que están llamados a colaborar mutuamente, ¿dónde debe estar el límite de cada uno?

Quizá en vivir y dejar vivir, teniendo en cuenta que el centro de cualquier sociedad, de cualquier comunidad, es la persona. Estado y sociedad civil, incluso esta incipiente sociedad civil colaborativa y no estructurada, tienen su función, sus tareas y su camino. A veces se encuentran y a veces no. Es más, están más en su papel si no se interrumpen cruzándose cada dos por tres, sino que avanzan en paralelo para encontrarse en el infinito, que es el destino de todos a largo plazo.

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