´No se sirve a las ideologías sino a los hombres´

Mundo · Andrea Tornielli
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21 septiembre 2015
Bajo la mirada escrutadora de la gigantografía del Ché Guevara y una enorme bandera cubana, el Papa Francisco celebró la misa en la Plaza de la Revolución y recordó que “el servicio nunca es ideológico, ya que no se sirve a ideas, sino a personas”, invitando al mismo tiempo a los cubanos a no dejarse atraer por “proyectos que puedan resultar seductores, pero que se desentienden del rostro del que está a su lado”.

Bajo la mirada escrutadora de la gigantografía del Ché Guevara y una enorme bandera cubana, el Papa Francisco celebró la misa en la Plaza de la Revolución y recordó que “el servicio nunca es ideológico, ya que no se sirve a ideas, sino a personas”, invitando al mismo tiempo a los cubanos a no dejarse atraer por “proyectos que puedan resultar seductores, pero que se desentienden del rostro del que está a su lado”.

El de Bergoglio no fue un discurso político sino una homilía sobre el pasaje evangélico en el que Jesús dice a sus discípulos: “Quien quiera ser el primero que sea el último de todos y el servidor de todos”. Frente al altar, al otro lado de la plaza había una gran imagen de Jesús cubriendo la fachada de un palacio. Servía de fondo a las palabras del primer Papa latinoamericano, repitiendo a los cubanos la verdadera gran revolución del mensaje cristiano: para ser grandes hay que hacerse pequeños, “hacerse cargo de la fragilidad”. Una propuesta sencilla y concreta: mirar “siempre el rostro del hermano” que sufre, tocar “su carne”, sentir “su proximidad hasta en algunos casos padecerla”, y buscar “su promoción”. Porque “quien no vive para servir, no sirve para vivir”. Algo que hace falta también en Cuba: la atención a los últimos no puede convertirse por tanto en un eslogan, transformarse en ideología o retórica. Se sirve a hombres y mujeres de carne y hueso, no a ideas ni ideologías.

Francisco puso en guardia frente a la tentación “servicio que se sirve” de los otros, que “tiene como interés beneficiar a los míos”. También invitó a los cubanos a no ceder a adulaciones de otro tipo. “El santo Pueblo fiel de Dios que camina en Cuba es un pueblo que tiene gusto por la fiesta, por la amistad, por las cosas bellas. Es un pueblo que camina, que canta y alaba. Es un pueblo que tiene heridas, como todo pueblo, pero que sabe estar con los brazos abiertos, que marcha con esperanza, porque su vocación es de grandeza. Así la sembraron sus próceres. Hoy los invito a que cuiden esa vocación, a que cuiden estos dones que Dios les ha regalado, pero especialmente quiero invitarlos a que cuiden y sirvan, de modo especial, la fragilidad de sus hermanos. No los descuiden por proyectos que puedan resultar seductores, pero que se desentienden del rostro del que está a su lado”. Posiblemente, una referencia al consumismo.

Sentados en primera fila estaban Raúl Castro y Cristina Fernández de Kirchner, presidenta argentina que sigue al Papa en muchos de sus viajes. El calor y la humedad eran asfixiantes, pero Bergoglio parecía soportarlo bastante bien. En el altar, junto a los cardenales y obispos, quiso concelebrar también un sacerdote argentino al que conocía y con el que se encontró casualmente durante el recorrido del papamóvil. Antes de empezar la misa, cuatro disidentes, tres hombres y una mujer, intentaron repartir folletos, pero las fuerzas del orden lo evitaron. Uno de ellos llegó a acercarse al auto papal e incluso consiguió intercambiar algunas palabras con Francisco.

De la necesidad de una reconciliación para todo el pueblo cubano habló en su saludo el cardenal de La Habana, Jaime Ortega Alamino. Refiriéndose al deshielo entre Cuba y EE.UU, manifestó su deseo de que esto no quede “al nivel de la alta política”, sino que llegue “a los pueblos de ambas naciones y especialmente a nuestro pueblo cubano que vive aquí y en Estados Unidos”. Una invitación a la reconciliación y al perdón recíproco “entre cubanos, los que vivimos en Cuba o fuera de ella”.

En el Angelus, Francisco hizo un llamamiento a la solución pacífica del conflicto entre las FARC y el gobierno colombiano. Las negociaciones siguen su curso precisamente en La Habana. El Papa deseó que “la sangre vertida por miles de inocentes durante tantas décadas de conflicto armado” sirve para sostener “todos los esfuerzos” necesarios para el diálogo.

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