No se recordará

España · Fernando de Haro
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8 enero 2012
Febrero de 2012 no será recordado. En un otoño de 1994 un Blair joven, para los usos de la política británica, le daba la vuelta a un laborismo que llevaba décadas anclado en el pasado y demasiado tiempo en la oposición. La izquierda del Reino Unido dejó atrás su discurso a favor de las nacionalizaciones, se distanció de los sindicatos y empezó a cambiar la idea de un sistema del Bienestar demasiado estatalista. El vuelco propició la vuelta de la izquierda al poder y un mayor protagonismo de la sociedad civil en la vida del país. En una primavera del 79, Felipe González renunció a la secretaría general del PSOE porque sus compañeros de partido se negaron a renunciar al marxismo. No volvió a aceptar el cargo hasta que no impuso su criterio. Sus amigos y financiadores de la socialdemocracia europea y de la secretaría de Estados Unidos le habían enseñado mucho.

Han sido quizás los cambios más radicales y más refrescantes que ha vivido la izquierda europea desde mayo del 68. El PSOE tenía su segunda oportunidad. Para olvidar su anticuado laicismo, para superar su modo estrecho de concebir lo público, para no desconfiar siempre de la iniciativa social. La pérdida de cinco millones de votos son cinco millones de poderosas razones. Pero llevan razón los 200 líderes que han pedido un aplazamiento del Congreso. La izquierda española necesita darse tiempo. La ponencia marco presentada en el Comité Federal de este domingo, y las intervenciones de Chacón y Rubalcaba el sábado, certifican que 2012 no es 1994 ni 1979. La ponencia dice que va a hacer autocrítica y acaba echando la culpa de la derrota a la política conservadora impuesta desde Europa. Chacón, al presentarse en Almería como candidata de la renovación, ha reivindicado la herencia social de Zapatero. Rubalcaba dice ahora que el PSOE tiene que hablar con una sola voz. Él ya estaba allí -Rubalcaba siempre estaba allí- cuando su partido se convertía en un partido confederal. Sin cambios. Sólo se va hablar en los próximos días de avales, un aburrimiento.

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