No habría que celebrar la Pascua

Editorial · Fernando de Haro
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9 abril 2023
Esta Pascua va de personas que perdonan, de personas en las que incomprensiblemente el mal no rebota, de un modo de mirar el mundo, de un modo de estar satisfecho y de estar inquieto. De una extraña energía para volver a empezar.

Este año no habría que celebrar la Pascua. Casi 200.000 muertos en suelo ucraniano en poco más de doce meses. En la guerra de siempre, la violencia vuelve a desatarse. Israel necesita atacar a los palestinos. Hamas necesita atacar a Israel. China inicia maniobras militares en torno a Taiwan.

Este año no habría que celebrar la Pascua, o si acaso, celebrar una Pascua muy espiritual que sirviera de consuelo o de distracción. Una distracción como el almuerzo del guardián del cementerio de Montparnasse en el poema de Carver. Cuando le preguntan dónde quiere ser enterrado, “he salutes and walks away. / Heading for a table at an outdoor cafe / (…) It´s clear his thoughts had been elsewhere/ It’s clear his thoughts have been elsewhere. / Something to eat and the glass of wine/ (saluda y se aleja. Directo a por una mesa en la terraza de un café. Está claro que está pensando en otra cosa: qué comer, el vaso de vino).

Hay Pascuas y oraciones que son como el café de Montparnasse. Ayudan a pensar en otra cosa, quizás las más santas, ayudan a pensar en la vida eterna. Todo eso sin que cambie nada. Después de felicitarnos volvemos a “little rooms on earth / light finds hard to penetrate. // Rooms where people yell and hurt each other. / And afterwards feel pain, and loneliness. / Uncertainty. The need to comfort. (habitaciones pequeñas de la tierra/ en las que la luz tiene dificultad para entrar.// Habitaciones en las que a gente se grita y se hiere. Y luego siente pena y soledad. Incertidumbre y la necesidad de consuelo).

Otra Pascua para seguir viviendo como si la vida y la muerte fueran las dos caras de la misma moneda. Anverso y reverso como se lee en los poemas de Carver. Como si el misterio de la vida, en el mejor de los casos, fuera “Rain. Laughter. History./ Art. The hegemony of death ( “Lluvia, Risas. La historia/. El arte. El poder de la muerte”). Como si fuese una travesía en góndola por Venecia, escuchando “the man’s breath coming and going / behind my ear. The drip of the oar. / Who would blame me if I fall / to thinking about death? / A shutter opened above our heads. / A little light showed through / before the shutter was closed once / more. There is that, and the rose / in your hand. (la respiración del gondolero por detrás de la oreja. Las gotas del remo. ¿Alguien podría culparme por pensar en la muerte? Una ventana se abre a nuestro paso. Vemos una luz antes de que se cierre de nuevo. Es lo que hay, y una rosa en tu mano”. Un momento efímero de luz pasajera.

All of us, all of us, all of us / trying to save / our inmortal souls (“todos nosotros, todos nosotros, intentando salvar nuestras almas inmortales”).

Esta Pascua -la otra ya llegará- no va de muerte o de inmortalidad, va de tiempo y eternidad, va de presente y de vida. Esta Pascua va de mujeres que se convierten en testigos, de judíos que dejan de celebrar el sábado, de pescadores sin miedo que hablan a todo el pueblo como si hubieran estudiado, de perseguidores que se transforman en perseguidos, de personas que perdonan (el perdón es una forma imposible de vida), de personas en las que incomprensiblemente el mal, no rebota sino que es absorbido, de un modo  de mirar el mundo en el que las cosas son cosas y más que cosas, son cosas y misterio, de un modo de sufrir no necesariamente desesperado, de un modo de estar satisfecho y de estar inquieto que no necesita del poder, del poder eclesiástico y del poder civil, de un extraña energía para volver a empezar cuando no había posibilidad alguna, de un modo de amar y  de respetar la libertad de cualquiera, los tiempos de cualquiera, que no se encuentra en ningún sitio, de un modo de criar, de cuidar a los enfermos, de un modo de alegría, de caridad, de estar seguro que el futuro será mejor, de ser jefe sin tiranizar, de ser subordinado, un modo que te deja tocado, que no te lo puedes quitar de encima. Esta Pascua sí merece le pena celebrarla.

 

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