Amenazas a la Iglesia de Honduras

Ni somos únicos, ni estamos solos

Mundo · Luis Enrique Marius
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14 julio 2009
Éste es el cuarto artículo que escribimos sobre la crisis del hermano pueblo de Honduras. Reclamamos el indispensable "respeto a la verdad" que debe existir en toda sociedad civilizada, y denunciamos lo que consideramos (y seguimos considerando) una actitud apresurada e injusta de gobiernos y organismos internacionales, que finalmente los descalifica a la hora de promover el diálogo y la resolución de conflictos, llamando a superar esquemas de análisis de la "guerra fría" para comprender en profundidad los graves desafíos de nuestros pueblos, cansados de discursos, de promesas y de mesianismos.

Expresamos nuestro reconocimiento y plena solidaridad con la valentía del Cardenal Óscar Rodríguez y los obispos hondureños por ser fieles a la verdad. Recordamos con profunda tristeza la masacre de Santa Clara y la Hacienda Los Horcones (Juticalpa) sucedida el 25 de junio de 1975, donde el padre de Manuel Zelaya fue condenado como uno de los asesinos de dos sacerdotes y 12 dirigentes campesinos. Agradecemos la gran cantidad de mensajes compartiendo nuestro análisis, como también los de dos amigos que nos expresaron sus diferencias. A todos, y especialmente a estos últimos, nuestro agradecimiento. Estamos seguros de que cuando se disipe la bruma y todos los elementos sean visibles, compartiremos no sólo el análisis, sino también redoblaremos el compromiso para evitar que estos sucesos tan lamentables se repitan.

Acabamos de recibir un artículo por de más interesante que deseamos compartir. Su autor es Joaquin Villalobos, ex comandante guerrillero y dirigente del FMLN de El Salvador, de quien nadie puede presumir que esté sometido al "imperio" o que responda a alguna tendencia de la derecha política:

"Hay ilegalidades y arbitrariedades indiscutibles en el derrocamiento del presidente Zelaya, pero Honduras no es Bélgica, y ha cambiado, pero no tanto. No se trata de estar a favor o en contra de un golpe por simpatías ideológicas, un golpe de Estado es negativo por sí mismo, pero es necesario entender la realidad para evitar agravar un problema en vez de resolverlo. Fue irresponsable que la comunidad internacional no actuara antes de un golpe que se veía venir claramente. Previo a éste, las noticias hacían comparaciones entre el número de efectivos de la policía y del ejército y suponían que la policía apoyaría al presidente.

La cultura democrática en Latinoamérica está todavía lejos de estar arraigada. En Venezuela, después de 40 años de democracia, apareció Chávez, y en los últimos 17 años han caído gobiernos en cinco países del continente. Hay todavía grandes debilidades sociales, procesos de inclusión incompletos y el aprendizaje democrático de los ciudadanos y de los políticos ocurre sólo de forma gradual y casi siempre con retrocesos. Basta ver el caso de Putin como 'hombre fuerte' de la ‘democracia' rusa, sin embargo a nadie se le ocurre aislar a Rusia por sus debilidades democráticas. Este golpe no es igual que los del pasado, ahora los militares no fueron el actor central sino el instrumento de un conflicto entre los tres poderes del Estado, no hay que confundir la forma con el contenido; segundo, no está planteada una interrupción democrática, en Honduras seguirá habiendo elecciones libres; tercero, hay una correlación de fuerzas interna en la que es obvio que el presidente es el eslabón más débil, es decir que Zelaya es fuerte fuera y los golpistas, dentro.

Esto último hace que la acción internacional se esté convirtiendo en imposición sobre una mayoría.

Los anuncios de gobernantes de ir a Honduras a restablecer a Zelaya en el Gobierno se vuelven así provocaciones que incentivan la lucha callejera de ambos bandos y ése no es el papel de la comu­nidad internacional. Aislar a Honduras polariza más a hondureños y centroamericanos. Las derechas económicas y políticas de la región se han alineado con el nuevo Gobierno y esto se puede extender a todo el continente, porque no sólo se trata de definir posiciones frente al golpe, sino también frente a Chávez. El factor causal es la polarización, el golpe fue la consecuencia. Las reacciones de reti­rar embajadores, cerrar fronteras y otras similares, por atacar la consecuencia, agravan la causa. Con imágenes de tanques y soldados reviviendo memorias y pasiones, es costoso decir que lo que en realidad ocurrió en Honduras es que le pusieron un alto a la intromisión de Chávez. La ilegalidad con la que actuaron los políticos y los militares hondureños responde a la realidad de una transición democrática incompleta en ese país, pero no hay que equivocarse, Honduras es la víctima, Chávez el victimario y Zelaya, un pobre ingenuo que fue utilizado para crear este conflicto. Cuando los militares colombianos cruzaron la frontera con Ecuador fue un escenario similar, Colombia era la víctima, el campamento más estratégico de las FARC estaba en territorio ecuatoriano, pero el pecado formal fue meterse en otro país.

Recientemente Perú tuvo más de 20 muertos en un conflicto indígena, la mayoría policías; en este hecho también había intromisión chavista y a esto se puede agregar la maleta con dinero en Argentina, el apoyo a Ollanta Humala en Perú, a las FARC colombianas y al FMLN de El Salvador. Sin el dinero de Chávez, Daniel Ortega no hubiera podido realizar un fraude electoral en Nicaragua. En los años 60, 70 y 80 Cuba tuvo una política de apoyar insurgencias que peleaban contra dictaduras, esto fue parte de su defensa estratégica frente a los ataques de EEUU. Sin embargo, Chávez desestabiliza democracias sin que nadie esté atacando a Venezuela, no hay bloqueo, no hay contra, no hay atentados y EEUU sigue siendo su principal comprador de petróleo.

La participación de Chávez, Ortega y Correa en el intento de retorno de Zelaya a Honduras es parte de una política de gobernar hacia afuera, creando o acrecentando los conflictos de otros en vez de resolver problemas en sus países. El uso de la cadena venezolana Telesur para coordinar ‘diplomacia' con lucha callejera, la involucración de aviones y pilotos venezolanos y los llamados a la rebelión hablan por sí mismos; Chávez necesita hondureños muertos. El problema es que, guste o no, el aislamiento internacional abona el riesgo de violencia.

Lo que se necesita es una política de mediación que ayude a la reconciliación entre los hondureños y no acciones supuestamente diplomáticas que contribuyan a la confrontación. Es necesario persuadir, no imponer; y lo más importante, hay que ver todo el problema y no sólo este golpe. Quizás lo de Honduras se resuelva negociando, pero sólo es cuestión de tiempo para que Chávez provoque otro conflicto en otro lugar y quizás otro Gobierno se decida a pararlo rompiendo normas como ya lo hizo Colombia y ahora Honduras. No puede la comunidad internacional exigirle a Honduras resti­tuir a Zelaya, sin hacer nada con el fraude que hizo Ortega en Nicaragua y sin hacer nada para poner­le alto al intervencionismo de Chávez".

Pero el compromiso con la verdad conlleva lamentablemente un precio. En los últimos días grupos vandálicos atacaron la Catedral de Tegucigalpa. Ayer domingo no pudieron celebrarse misas en tres templos de la capital hondureña. El arzobispo cardenal Óscar Rodríguez continúa recibiendo amenazas de muerte y proliferan rastreros y condenables campañas por internet. Al transmitirle nuestra solidaridad nos respondió: "No tenemos miedo y seguiremos adelante con el esplendor de la verdad… Dios bendiga a los queridos amigos y rueguen por nosotros. Un abrazo".

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