Neandertales: conocer nos hace más humanos

Mundo · César Nombela
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11 mayo 2010
La complejidad biológica se nos hace más asequible cuando penetramos en sus claves genéticas. Datos de estos días sobre el genoma de los homínidos, cuyos restos aparecieron en la cueva de Neander, cerca de Dusseldorf, nos acercan a algunas respuestas, al tiempo que plantean nuevos interrogantes. En su espléndido libro Explorando los genes, el profesor Nicolás Jouve glosaba hace dos años estos interrogantes acerca de la relación entre el Homo sapiens neandertalensis y el H. sapiens sapiens, especie en la que nos reconocemos. ¿Se trata de dos especies diferentes, con el mismo ancestro, de que la primera fuera antecesora de la segunda, o de si constituyen dos subsespecies capaces de reproducirse en común?

Estudios recientes apuntan a esta última posibilidad; contrariamente a lo que se había postulado por análisis del genoma mitocondrial. Hay un resto de genes muy parecidos a los neandertales en los cromosomas del núcleo de algunos hombres actuales. En concreto en hombres con antepasados europeos y asiáticos, pero no africanos. Los datos que se acaban de comunicar plantean, como suele ocurrir, nuevos y más profundos interrogantes. De acuerdo con el registro fósil, la coexistencia de hombres modernos y neandertales se mantuvo 10.000 años en Europa, hasta la extinción de los primeros, ocurrida hace unos 25.000 años. Ahí estuvieron las oportunidades de cruce entre ambos, si ese cruce era posible. Sin embargo, el hipotético flujo genético entre hombres modernos y neandertales parece haber tenido lugar mucho antes. Los descendientes comunes debieron surgir hace unos 80.000 años, probablemente en Oriente Medio, en donde las excavaciones documentan la coincidencia de ambos.       

La ciencia seguirá analizando la significación de estas observaciones. Ningún miedo hay que tener a conocer más y mejor, una facultad para la que estamos dotados. Sabemos que el hombre es parte de una biosfera que responde a una estructura evolutiva. Nuestra realidad biológica además sustenta el que seamos la única especie capaz de conocer y de actuar con libertad, anticipando las consecuencias de nuestras acciones. Hermanados en la naturaleza con el resto de los vivientes, podemos seguir abiertos a la pregunta fundamental sobre el sentido de nuestras propias vidas. Entra dentro de nuestra racionalidad. La vida humana, la de cada persona que habita en este planeta, es el resultado de una serie de fenómenos altamente improbables, pero que, no obstante, han ocurrido. Como sabemos mucho más de las leyes físicas que gobiernan el ambiente en el que hemos surgido, podemos ser más libres para bucear en los misterios que persisten detrás de unas leyes de la naturaleza en las que nuestra propia existencia se enmarca.

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