Nación y matrimonio de conveniencia

España · Angel Satué
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9 noviembre 2015
De vuelta a la Historia, quiero acordarme cómo se forjaban antaño las naciones europeas. Había diversas formas. Sin duda, la principal, por el paso del tiempo y la acumulación de un sustrato cultural, religioso y de tradiciones, donde la geografía, la lengua vulgar (del vulgo, el pueblo), el folclore, el comercio eran factores muy relevantes. También, o sobre todo, tras alguna significativa batalla todo un reino pasaba a pertenecer a otro rey, o un territorio, pasaba a depender de otro señor en cualquiera de sus grados nobiliarios.  Pero hay uno que parece haber quedado relegado en nuestra moderna interpretación de la Historia: los matrimonios de conveniencia.

De vuelta a la Historia, quiero acordarme cómo se forjaban antaño las naciones europeas. Había diversas formas. Sin duda, la principal, por el paso del tiempo y la acumulación de un sustrato cultural, religioso y de tradiciones, donde la geografía, la lengua vulgar (del vulgo, el pueblo), el folclore, el comercio eran factores muy relevantes. También, o sobre todo, tras alguna significativa batalla todo un reino pasaba a pertenecer a otro rey, o un territorio, pasaba a depender de otro señor en cualquiera de sus grados nobiliarios.  Pero hay uno que parece haber quedado relegado en nuestra moderna interpretación de la Historia: los matrimonios de conveniencia.

Los “problemas vasco y catalán”, sobre su acomodo en la realidad milenaria de España, de las que son parte fundacional, se solucionarían, en aquellas épocas pasadas, casando al hijo de Rajoy con la hija de Mas, o al revés, y a un hijo de Urkullu con la hija del sucesor del Partido de turno en el Gobierno de España (o al revés). Suena heterodoxo, pero en España ha funcionado nada más y nada menos que 500 años.

Es posible que esta historia-ficción nos haga sonreír, añorar viejos tiempos, o mandarme a paseo o al médico psiquiatra, pero sirva para apuntar con el dedo que en aquel tiempo las cosas venían dadas desde arriba (no me refiero al Creador, que también), mientras que ahora, no. Esto hace las cosas mucho más complejas, y entra en juego nuestra capacidad de empatía y de comunicación, junto con toda nuestra capacidad oratoria, de razocinio e intelectual. Civismo.

El debate, no debería darse entre los ejes de coordenadas que inventan los localistas telúricos, sino en los propios del siglo XXI, es decir, en cómo acomodar la realidad nacional de España a una Europa cada vez más federal y a un mundo que clama a gritos instituciones de gobierno mundial, sobre la base del principio de solidaridad y subsidiariedad, esto es, de la participación de empresas, personas y estados y resto de actores de la sociedad civil en las “cosas del mundo” (“rei mundi”).

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