Elecciones en el Cono Sur

Mujica y Morales no son lo mismo

Mundo · Horacio Morel (Buenos Aires)
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15 diciembre 2009
Tiempo de elecciones presidenciales en el Cono Sur. Victoria de Pepe Mujica en segunda vuelta en Uruguay, y triunfo categórico de Evo Morales en Bolivia. Dos resultados favorables a la izquierda, si es que aún cabe continuar con las anacrónicas categorías políticas de la Revolución Francesa. Acaso ya es tiempo de abandonarlas definitivamente.

El aval electoral a Mujica supone la aprobación de la sociedad uruguaya del gobierno del Frente Amplio. Este espacio político supo abandonar posturas radicales para agiornarse y romper con la hegemonía blanca y colorada que se alternó en el poder cuando la clásica injerencia militar latinoamericana del siglo XX lo permitió. El presidente saliente, Tabaré Vázquez, hombre de enorme prestigio profesional y político, completó un mandato eficaz y honesto como prolongación de su atildada intendencia de la capital, Montevideo. 

Sorprendió a propios y extraños cuando vetó la ley de aborto, impulsada por su propio partido y aprobada por el Congreso, alegando razones no confesionales sino científicas en su condición de médico, sosteniendo que no podía promulgar una ley que desconocía el hecho incontrastable de que la vida uterina es vida, y que el aborto no es más que una forma de homicidio. Su sucesor, un ex guerrillero tupamaro que fue ministro de Tabaré y que se integró a la vida democrática como otros líderes de la izquierda uruguaya, también goza de un amplio respeto entre sus connacionales como un hombre de principios. Su discurso es de unidad nacional, de reencuentro y de unidad.

Lo de Evo es distinto. En el país más postergado del Cono Sur, basa su poder en un estilo confrontativo y polémico, más emparentado a los Kirchner y a Chávez. Buscó el cierre del congreso, apela a la lucha de clases como argumento recurrente, afirma el indigenismo renegando del carácter mestizo de la cultura boliviana y culpa a la herencia española y católica de los males de su pueblo. Un indigenismo que se revela enemigo, al final, de los propios indígenas al confinarlos por vía ideológica a la exclusión cultural. La fuerte presencia del Estado en materia de ayuda social, que contrasta con todo lo conocido hasta ahora por el pueblo boliviano, refuerza el apoyo popular. Es una especie de versión local del "método Chávez": lo que hubo antes era tan malo, tan funcional a las clases acomodadas, que explica el amplio apoyo popular aunque se trate de un proyecto político despótico que con el tiempo se vuelve contra el pueblo.

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