Editorial

Mosul es nombre de libertad seducida

Editorial · Fernando de Haro
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30 octubre 2016
En arameo. Los dos curas se hablan entre ellos en la lengua de Jesús. Acuerdan cómo trepar al segundo piso de la parroquia de la Inmaculada Concepción de Qaraqosh, a 30 kilómetros de Mosul. La iglesia, que antes de la llegada del Daesh albergaba a 3.000 fieles, está ahora ennegrecida. El altar profanado, los libros de canto por el suelo, el órgano destrozado. Los yihadistas utilizaban el templo como arsenal porque sabían que la coalición no lo bombardearía. Los dos curas sirio católicos llegan al tejado e improvisan una cruz con dos trozos de madera. La plantan junto a la torre semiderruida. Son unos segundos. Pero la cruz vuelve a estar sobre el cielo de Qaraqosh, sujeta por los dos curas que cantan, en arameo, la lengua de Jesús. Cantan un Aleluya. 

En arameo. Los dos curas se hablan entre ellos en la lengua de Jesús. Acuerdan cómo trepar al segundo piso de la parroquia de la Inmaculada Concepción de Qaraqosh, a 30 kilómetros de Mosul. La iglesia, que antes de la llegada del Daesh albergaba a 3.000 fieles, está ahora ennegrecida. El altar profanado, los libros de canto por el suelo, el órgano destrozado. Los yihadistas utilizaban el templo como arsenal porque sabían que la coalición no lo bombardearía. Los dos curas sirio católicos llegan al tejado e improvisan una cruz con dos trozos de madera. La plantan junto a la torre semiderruida. Son unos segundos. Pero la cruz vuelve a estar sobre el cielo de Qaraqosh, sujeta por los dos curas que cantan, en arameo, la lengua de Jesús. Cantan un Aleluya. Las campanas, las campanas cristianas de la llanura de Nínive han vuelto a sonar. Las crónicas que nos llegan invitan a viajar hasta el que ahora es el lugar más santo del mundo. Para ponerse de rodillas y besar de forma discreta, mientras el fragor de la batalla suena muy cerca, esa cruz de los curas sirio católicos que hablan en Arameo. Por los que ya no están, por los que se han mantenido fieles en medio de la gran persecución, por los musulmanes que han visto ultrajado el nombre del Corán con la barbarie de los yihadistas (“¿qué sentirías si unos terroristas estuvieran matando en nombre de tu religión?”, preguntan los piadosos seguidores de Mahoma). Qaraqosh, pueblo de 50.000 habitantes, fue un pueblo-refugio hasta agosto de 2014. Hacia Qaraqosh huyeron los cristianos de Mosul cuando las cosas se pusieron mal, de Qaraqosh huyeron hacia el Kurdistán.

Obama, antes de salir de la Casa Blanca, quiere conseguir una victoria. Y dejar así atrás los errores de Bush y sus propios errores. La intervención de Bush en 2003 y el desmantelamiento del ejército y de la policía convirtieron a Iraq en un estado casi fallido. El radicalismo democrático de Obama, hace cinco años, y sus idas y venidas impidieron una victoria más rápida sobre el Daesh. Nadie sabe ni cómo ni cuándo va a ser liberado Mosul. La toma de los pueblos circundantes está siendo relativamente rápida. La ambigüedad de hace dos años ha desaparecido. Haber acabado con las fuentes de financiación, sobre todo con la venta de petróleo a través de Turquía, y con el doble juego de Erdogan ha sido de gran ayuda. En las localidades pequeñas, rodeadas de campo, se puede utilizar armamento pesado y técnicas de guerra tradicional. Otra cosa bien distinta es conquistar y limpiar una ciudad grande como Mosul si los yihadistas resisten y no huyen a Raqa, la capital de su califato de horror, en el norte de Siria. Entonces habría que pelear casa por casa. La moral de los combatientes es un factor esencial. Hasta no hace mucho el nihilismo violento, la nada destructiva, ejercía una gran fascinación.

No sabemos tampoco cómo quedará repartida la ciudad entre los pesmergas kurdos del PKK, el ejército iraquí y las milicias chiíes. Turquía quiere, a toda costa, intervenir en el avance. Y hacerlo a pesar de la reticencia del Gobierno chií de Iraq. El objetivo fundamental de Ankara es equilibrar el protagonismo de los kurdos. Arabia Saudí, patrocinador de los suníes, ve con muy malos ojos el peso de los milicianos cercanos a Irán. Es una incógnita saber cuál será la reacción de la población suní, que en su momento percibió al Daesh como una fuerza de liberación frente a los excesos chiíes.

No sabemos tampoco si los cristianos de Mosul podrán volver a sus casas. El patriarca caldeo Louis Sako les ha invitado a ello en una visita al Bartella, un pueblo recién liberado, donde se ha estado combatiendo hasta hace unas horas. La presencia de la minoría cristiana podría ser un factor esencial para la reconstrucción del Iraq del futuro. Un Iraq que debiera rechazar las fórmulas de partición por etnias y confesiones (suníes, chiíes, cristianos y otras minorías reasentadas en territorios de una sola religión) propugnada por Kissinger con el modelo de Israel. La ordenación del Mosul liberado se parecerá al tratado Skyes-Picot de hace un siglo en el que se diseñaron las actuales fronteras de Oriente Próximo. Esta vez esperemos que no sea secreto y que no apliquen fórmulas demasiado abstractas.

Sea cual sea la solución, Mosul será para el siglo XXI el nombre de un genocidio, pero también el apellido de la libertad. La noche del 18 al 19 de julio de 2014 está marcada en la memoria de los cristianos de la ciudad como la noche del gran éxodo. El Daesh había llegado unas semanas antes con la promesa de que les dejaría tranquilos. Luego marcó sus casas, con la nun, con la N de Nazarenos. Y más tarde les obligó a abandonarlo todo si no se convertían. En unas horas. Fue un gesto más que demuestra que el Estado Islámico ni es Estado ni es Islámico. La expulsión fue contraria a lo establecido por Mahoma en la llamada Constitución de Medina (622), que prescribe cierta tolerancia para judíos y cristianos. Se marcharon por cientos sin renunciar a su fe.

Ese gravísimo atentado contra la libertad del verano de 2014 ha sido ocasión de un testimonio imponente en el que ha brillado la naturaleza de la verdad. El yihadismo, expresión del fundamentalismo, afirma la verdad sin libertad. Los fieles de Mosul, libremente fieles a pesar de la presión, nos han mostrado que no hay más camino hacia la verdad que una libertad seducida.

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